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Fue la noche cuando Afrocubismo se presentó por primera vez en América

En el teatro Metropolis de Montreal, el 5 de noviembre de 2010, notas musicales nacidas de diferentes culturas — Mali y Cuba — separadas por un océano, se reunieron para fusionarse como si hubieran nacido para ello. Y en las butacas, los espectadores logramos saborear aquella magia de comunión y armonía que en cualquier circunstancia, país y piel es posible; magia que artistas como Eliades Ochoa, Bassekou Kouyate, Kasse Mady y Toumani Diabaté nos transmitieron aquella noche que yo, por lo menos nunca olvidaré.

Escucha aquí El vaivén de mi carreta

Kasse Mady Diabate, el gozo por cantar

En el corazón de África

En el 2000, año en que Oumou Sangare inauguró el Festival Cervantino, pedimos que incluyera en su compañía a un gran cantante, nativo de Mali igual que ella: Kasse Mady Diabate. De esta manera, además del canto femenino de la diva de Wassoulou, pudimos ofrecer al público mexicano la voz cristalina de un legendario yeli (o griot), que heredó el destino de contar la historia pasada y presente de su país y los personajes que lo formaron.  Kasse Mady  más que un gran cantante, es una biblioteca ambulante; la memoria viva de su pueblo.

Además de ser tan dotado, Kasse es una persona muy accesible y, desde el día en que llegó a México, me empezó a mencionar la posibilidad de grabarle a él y a su grupo, la Super Mandé. Después de escucharle cantar en vivo, al lado de la gran canora Oumou Sangare, estaba convencido de su propuesta, a pesar de las dificultades del proyecto.

Primero hablé con una amiga, la renombrada musicóloga europea, Lucy Durán, experta en la música de Mali y amiga de Kasse. Le propuse que produjéramos un disco entre los dos, para así asegurar la calidad de grabación que buscaba, la cual podía escapar a un productor sin la experiencia previa de trabajar en África. De hecho, en ese momento, ninguna disquera mexicana había grabado en ningún país africano.

Los productores: Llerenas y Lucy Durán, con Kasse Mady

Los productores: Llerenas y Lucy Durán, con Kasse Mady

Efectivamente, la impresión más fuerte al llegar a Mali fue una de humildad frente a una cultura oral tan profunda y compleja. Había hecho múltiples grabaciones en comunidades afroamericanas del Caribe y Latinoamérica, pero las referencias en la madre tierra son distintas.

En un primer viaje de exploración con Lucy, decidimos realizar la grabación en Kela, el pueblo de Kasse Mady y demás familias del clan Diabate, todos herederos del arte de cantar, trovar y bailar. Suena bien, solo que Kela no tiene electricidad —mucho menos una posada o fonda— y en las fechas previstas para la grabación la temperatura subiría arriba de los 40 grados.

La voz de los ancianos

La voz de los ancianos

Lo más importante del primer viaje había sido la reunión con el consejo de los ancianos de Kela. Los 12 integrantes escuchaban con mucha paciencia nuestra propuesta de grabar en el pueblo y luego, uno por uno, ofrecieron su opinión personal. Estábamos sentados todos en una de las casas de adobe con su techo de palma y, aunque no había sillas ni decoraciones, sentí el peso de la sabiduría de los portadores de la historia de este pueblo. Después de varias horas de discusión, decidieron colectivamente permitir la primera grabación de su  música en Kela, a los extranjeros.

Cuando regresamos a la capital, Bamako, por segunda vez, llevamos  equipo de grabación diseñado especialmente para este proyecto. La falta de electricidad en Kela fue todo un problema. Un  generador crearía mucho ruido, inaceptable para la grabación. Escogimos un sistema de alimentación a través de un ‘no-breaker’ de 1000 watts de capacidad, acoplado a dos baterías de coche conectadas en serie que proporcionaban 25 voltios. Mientras que trabajábamos con una batería, Mary llevaba el coche por los caminos lejanos y regresaba con la batería recargada y lista para su siguiente turno.

El estudio fue una casa rectangular de adobe en las afueras de Kela; que daba a un bosque en donde los músicos decían que habitaban los yins. Estos espíritus podrían decidir el destino del trabajo y así el primer día de grabación fue un poco tenso, pero salió muy bien y esto nos dio confianza a todos.

Estudio Kambejeremá. Kela, Mali

Estudio Kambejeremá. Kela, Mali

Grabamos temas muy tradicionales, con cantos en dialectos medievales que cuentan de las aventuras del gran emperador Sundiata Keita; otros temas menos profundos que Kasse solía cantar con su banda en los salones de baile de Bamako y dos números en que revivía sus tiempos en la legendaria ‘Maravillas de Mali’, interpretando sus versiones locales del son cubano. Grabamos en directo, como debe de ser cuando los músicos son buenos y tocan bien juntos, separando voces, percusiones y cuerdas para la edición posterior.

En la música de Kasse Mady uno encuentra toda la filosofía y la sabiduría de los yeli: es una música que va más allá de la moda, que anda libremente entre lo rústico y lo urbano; es muy local y al mismo tiempo universal. Por encima de todo esto, la voz de Kasse Mady es una de las más bellas del África Occidental.

Bassekou Kouyate, rey del ngoni

Bassekou Kouyate, rey del ngoni

De regreso a la capital, grabamos un tema más para poder cerrar el disco. Habilitamos un salón del Hotel Mande como estudio e invitamos a dos de los máximos instrumentalistas de Mali: Toumani Diabate en la kora y Bassekou Kouyate en el ngoni, pariente distante del laúd. Los dos maestros acompañaron la voz de Kasse interpretando ‘Fununke Saya’ en que la muerte de una joven simboliza el momento en el que la novia abandona la casa familiar para vivir con su marido en la casa de los suegros.

Con el equipo electrónico guardado de nuevo en múltiples cajas, regresamos a México para revisar todo lo grabado y empezar la edición y masterización. Aunque los resultados me gustaron mucho, sentí  que faltaba fuerza en la línea del bajo así que, después de hablar con Nick Gold, el gran productor de Buena Vista, decidí ir a La Habana a pedir la colaboración de Orlando ‘Cachaito’ López. Escuchamos la grabación juntos, luego llevó una copia de las grabaciones consigo y al día siguiente llegó a los estudios, pentagrama en una mano y su instrumento en la otra, y grabamos una línea del bajo de Cachaito para reforzar el disco en algunos temas.

Un poco nervioso, le invite a Kasse Mady a escuchar la versión editada para que aprobara el bajo. Se sentó en el jardín de la oficina y escuchaba la grabación con mucha atención.  Me dijo: “me cuesta mucho trabajo creer que ese señor Cachaito no haya nacido en Mali”.

El disco terminado fue nominado a los premios Grammy en la extraña categoría de ‘Mejor disco de música del mundo’ y tuvo muy buena aceptación en México, Europa y los Estados Unidos. Nos asegura Kasse que fue ampliamente pirateado en África, lo cual quiere decir que fue bien recibido en su propia tierra.

  • Por si requieren fotos de buena calidad o el video realizado por Cosima Spender, favor de solicitarlo a la siguiente dirección: discos@corason.com

Kora: un instrumento de ángeles africanos

Una calabaza grande cortada a la mitad, una cubierta de cuero para eso de la resonancia, un puente –como el de las guitarras, sí, con todo y muescas— y cuerdas sujetas a un mástil. Es todo lo que se refiere a uno de los instrumentos más extraños que de no hace mucho para acá África ha dejado entrever para presumirlo en Occidente. En cuanto al sonido, se trata de belleza virginal, las armonías celestiales que produce el arpa, sólo que el kora posee aún ese toque que recuerda a las aves volando a ras de la sabana africana. Irónicamente, el kora es un instrumento creado por los djinns, es decir, diablos y ángeles, respetados y temidos, aunque la palabra “djinn” para los árabes significa simplemente “ángel”. Pero volviendo a lo nuestro, instrumento y sonido ya están, la tercera parte, la más importante, la constituye el korista, y qué mejor que sea uno de los músicos fundamentales del continente africano, Toumani Diabaté, quien, por cierto, también, ha trabajado tiempo extra para colocar el kora en el gusto del público mundial. Y cómo no había de ser de esta manera, si a Toumani lo cobija la sombra de un árbol genealógico de 71 generaciones en las que el estudio y digitación del kora pasó de padre a hijo. En la obra “Variaciones Mandinga”, un álbum absolutamente acústico que se lanzó en febrero de 2008, Toumani aplica simplemente lo que sabe hacer y el resultado es de una pureza de sonidos que se suceden en una arcadia de luminosidad excepcional. Como acotación al margen: “Variaciones Mandinga” es un trabajo de Toumani como solista, una idea que el korista esperó pacientemente 20 años para retomar, ya que su álbum-debut lo interpretó él y su kora, nadie ni nada más. ¿Quieres escuchar a Toumani Diabaté en todo su despliegue de habilidades, en toda su fidelidad de sonido? Búscalo en SoundCloud (https://soundcloud.com/world-circuit-records/toumani-diabate-cantelowes).

Oumou Sangare, por Ery Camara

 

Es imposible ignorar la majestuosidad del ave fénix, sobre todo cuando en su canto reconocemos a Oumou Sangare. Discos Cora Son y el festival Cervantino atinaron en invitar a la cantante maliense, la defensora de las causas femeninas, el ruiseñor del Wassoulou, la sirena de Madina Dyassa.

Aquí está Oumou, nos lo manda el Wassoulou; su voz recorre alegremente aldeas y ciudades, atraviesa cielos y océanos. Destaca por ser la que mejor comunica la intensidad de las pasiones y los sentimientos sofocados. Ella le canta a la luz y a la vida y no a quien abuse de ellas, no a quien abuse de autoridad o de poder para aplastar a su prójimo; tampoco al despreciable macho mujeriego ni al tirano. Este don de parir verdades en su canto, nada ni nadie se lo puede arrebatar porque ella lo esculpe tal una princesa en satinados vestidos.

El Wassoulou, provincia sureña de la República del Malí se encuentra a casi 300 kilómetros de la capital Bamako, es el hogar de los Bamana, los Foula y de los Mandinka o Mandingos en castellano. Cuna de grandes sabios y cazadores, siempre fue deleitada en sus hogares y sus celebraciones por las más bellas voces femeninas. Los Bamana se designan a sí mismos como »el refugio de la sabiduría» ba mana en bamanakan, es decir la lengua en que canta el grupo étnico de Oumou Sangare y que los colonizadores redujeron a bambara. Lo que queda del imperio mandingo que floreció del siglo IX al XVI es una nación pluriétnica que reúne malinke, bamana, bozo, songhaï, dogon, senufo, además de otros migrantes.

Creyentes y decididos a combatir la pobreza y el subdesarrollo, artistas como Oumou Sangare son considerados como la frescura más espontánea de las tradiciones ancestrales. Para los bamana, ser detentor de la palabra »kuma» es resguardar y transmitir la fuerza divina. Maa n’gala, el ser supremo al sentirse solo, creó a Fan, el huevo del mundo con sus nueve divisiones en las que introdujo nueve estados fundamentales de la existencia. De ahí, surgieron los veinte primeros seres que constituyeron las fuerzas del universo. Al darse cuenta que ninguno de ellos podía convertirse en su »kumanyon», es decir su interlocutor, de cada uno de estos veinte seres extrajo una porción para hacer la mezcla a la que sopló para crear al hombre »Maa-o Mo»; es decir la primera palabra que compone su propio nombre divino, pero convertido en el guardián de la armonía del universo. Los juglares son entre las castas, los maestros de la palabra en el sentido de acción, desencadenan en sus cantos, energías potentes de esta fuerza vibratoria y latente que es el ritmo subyacente en la palabra. Ascendente se carga de sacralidad y bajando de los cielos conserva su origen divino. ¿Cuántos jóvenes se iniciaron en estos secretos que hacen que la palabra tenga su aspecto diurno y su aspecto nocturno?

El canto femenino bamana conocido como Tyéwodo y el Bari es un movimiento que aceleró la liberación de las mujeres malienses en todos los periodos. No se contenta con denunciar, sino que siembra una contestación que a menudo surte efectos concientizadores. Pero es obvio que tomará tiempo para borrar las costumbres fosilizadas que frenan la emancipación que requieren las sociedades desestabilizadas por las injusticias y las arbitrariedades acumuladas.

En el Wassoulou, el canto popular es más abierto a valores democráticos que a las alabanzas a la opulencia. Sangare, Sidibé, Diakhité y tantos otros apellidos foulas son las huellas de intercambios milenarios y mestizajes entre las etnias que filtran la experiencia cultural que transgrede las fronteras. Por eso Oumou Sangare trae un mensaje del Wassoulou: unirse para luchar por la libertad, por un mundo más justo, más solidario y con tradiciones sujetas a las más rigurosas críticas que aspiran a una mayor conciencia. Un despertar y una liberación del potencial creativo que duerme en cada miembro de la comunidad cuando las reglas que la rigen son reencauzadas, proyectan círculos concéntricos de ondas expansivas en la escala de cada familia. El río Níger, el Dyoliba es la serpiente de oro que las abreva, las limpia, las transporta y las alimenta desde milenios. Las familias bamana conciben sus canciones como una luz viva sobre el estado de la sociedad y de la cultura en un momento dado de su historia. Las notas musicales desgranadas del »n’goni», arpa predilecta de los cazadores, ejecutan una cabalgata a cuyo paso se desparraman coros que entonan los gestos hasta su paroxismo. Virtuosa de la moderación y de la modulación, la prodigiosa voz de Oumou atraviesa esta arquitectura musical con una cualidad inigualable. Ella es la pluma del espíritu, la miel de la unión y la sangre que irriga los lazos comunitarios. Vínculo entre los diferentes estratos sociales, los ancestros y las divinidades, los juglares bamana pueden frenar los abusos y educar la sociedad, su labor no es la vida parasitaria de los aduladores sin principios.

En el »Koteba», manifestación artística contra los abusos de autoridad, la impunidad y la violencia, ocurre esta fusión original que los bamana llaman »Foli», la raíz fo significa decir. Es la revelación en la que la modulación del canto, el ritmo de la música y la danza convergen para dar a la expresión su pleno sentido de »decir el decir». Bailando, hablan, hablando hacen música y sus pasos inscriben en el piso los signos que dibujan el sentido de su palabra. El canto refleja los símbolos, cuenta los hechos y sigue las transformaciones profundas advirtiendo de los peligros que acechan las nuevas generaciones. Canciones que expresan todas las esperanzas y todas las heridas, todas las irritaciones, todos los temores, todas las necesidades y todas las aspiraciones. »Donkilila» significa cantante, viene de don kili, la llamada del baile y del conocimiento. Las tradiciones que llegan despojadas de su significado original profundo, se convierten en manos de los no iniciados, en formalismos o representaciones convencionales sin chispa de vida y así congelan los valores humanos.

Decía el poeta Léopold Sécar Senghor, »la mujer está en el principio y el fin de todo en el Mande» (imperio del Mali). En efecto, Sogolon Diata, más conocido como Soundiata Keita, el león hijo de la mujer búfalo, lleva como apellido el nombre de su madre quien fue la burla de sus coesposas cuando lo parió casi discapacitado. Soundiata Keita, el heredero, emperador del Mali es el hijo de esta mujer que mostró resistencia a ser esposada con precipitaciones. Sogolon Kedyou es una mujer venerada porque siempre vigiló la educación de sus hijos y cultivó la concordia en su familia.

Soundiata Keita, Manding Diara, el león del Mande, Hijo de Sogolon, Nare Maghan Diata, el león de Nare Maghan, Sogo sogo símbon salaba, héroe de nombres múltiples, es el emperador que venció a Soumangourou Kante, emperador de Ghana (otro imperio muy importante en el Africa occidental) en el siglo XII y con él, el imperio conoce su mayor expansión territorial y su influencia política, económica y cultural llega a distancias tan lejanas de sus fronteras como Nubia. El imperio del Malí era próspero y su territorio abarcaba lo que son Senegal, Guinea, Gambia, Malí, Guinea-Bissau, parte de Mauritania, y más al sur, sus manifestaciones culturales fueron llevadas por sus comerciantes hasta Liberia, Níger, Sierra Leona y en los reinos vecinos. Su prosperidad fue tal que cuando Kankou Moussa, uno de los herederos de Soundiata, viajó a la Meca, con la cantidad de oro que transportaba su caravana, desestabilizó el mercado bursátil local y tuvo repercusiones en la economía del Mediterráneo.

Los cantos de Oumou traen en mi memoria, el poema »Mujer negra», de Senghor, creo que es un homenaje inigualable para todas las mujeres que como ella, nutren la comunidad con la alegría que siembra su sensibilidad.

»Tam-tam esculpido, tenso tam-tam

que retumba en manos

Del vencedor

Tu voz grave, de contralto, es el canto

de la Amada

¡Mujer desnuda, mujer oscura!

Aceite que ningún soplo agita, aceite

tranquilo en los

Flancos del atleta

En los flancos de los príncipes del Malí

Gacela de ataduras celestes, las perlas

son estrellas en

La noche de tu piel

Destellos de los juegos del espíritu, los

reflejos de oro rojo sobre tu

Piel que tornasolea

Bajo la sombra de tu cabellera, se

ilumina mi angustia con los soles

Próximos de tus ojos

¡Mujer desnuda, mujer negra!

Yo canto tu belleza fugaz, forma que

fijo en lo eterno

Antes que el destino celoso te reduzca

a cenizas para

Nutrir las raíces de la vida.

Muy pocos hombres africanos, sean maridos, hijos o compañeros, han abordado en el contenido de sus canciones, el sufrimiento de las mujeres o las revisiones de la conducta masculina para reparar las injusticias acumuladas en el seno de las familias. Había que esperar a Oumou Sangare, la extraordinaria voz que cimbra con vehemencia el Wassoulou y lo recrea por medio de una música irresistible y contagiosa. Hija pródiga de la tradición, es su expresión más innovadora y más transgresiva. Nountélé Diakhité y Aminata Diakhité, juglares muy solicitadas en las ceremonias y los rituales bamana, son respectivamente la abuela y la madre de Oumou Sangare. Ellas entregaron a Oumou sus herramientas desde temprana edad. Agradecida, ella les canta: »No todas las mujeres alumbran una estrella, Aminata madre de Oumou, tú si lo lograste. Gracias a Dios, la esperanza y los deseos han sido cumplidos». Su experiencia formativa en el Ensamble folclórico del Malí consolidó su vocación musical. Oumou penetra con hondura la realidad de la condición femenina y alumbra canciones que despiertan el espíritu. Quien aprecia su música, se dará cuenta que ella no está en contra de sus tradiciones, más bien lanza sus dardos en contra de las alteraciones que no se corrigen. Se ha dado como misión depurar y purificar lo valioso de las tradiciones para que se despeje de lo obsoleto y se renueva con júbilo. Cuando reinan las armonías de Oumou, ninguna frontera puede resistir la buena música. El toque que sacude, el »llegue» como dicen algunos mexicanos, es este reconocimiento que nos familiariza de manera sorpresiva cuando comulgamos con sus canciones. Sus cadencias voluptuosas y sus inflexiones moduladas atenúan las tensiones, ensanchan el campo de nuestras visiones y no permiten indiferencias. La siguiente reflexión que madura Souadou Diabate, activista social a favor de la emancipación de la mujer maliense nos acerca a los conflictos que revela y combate nuestra cantante.

»¿Me pregunto si la poligamia no es un sinónimo de la infidelidad del hombre? Es una caja que una vez abierta, no cesan de surgir problemas».

Oumou canta el amor, dedica sus reverencias a tradiciones ancestrales con una sonrisa sonora que llena nuestro cuerpo de estremecimientos y latidos contagiosos. Sentir y bailar la música de Oumou va más allá de nuestros pasos, es responder a un llamado que libera tanto al hombre como a la mujer. Hay que reconocer que los tiempos han cambiado, cualquier tradición que no se ajuste ante los reclamos y las desaprobaciones, es una dictadura que lacera las posibilidades de bienestar. Hoy en Oumou se escucha la voz de las mujeres africanas y la de todas las mujeres del mundo, decididas y unidas para defender sus libertades. El éxito de la cantante y su conjunto en el ámbito local y global se incrementa más porque motiva y anima una emancipación y una solidaridad. Este mutuo respeto al que aspira Oumou, revela el amor y las contradicciones que obstruyen su realización.

Esta participación plena que reclaman sus canciones, poco a poco se percibe en los cambios de actitudes que suscita el arte de Oumou Sangare en la conciencia de jóvenes y adultos. Inmersa en sus tradiciones, ella es la manifestación más clara de las mismas cuya contemporaneidad siempre trasciende. Ella misma las reconoce como la fuente de lo más puro porque en ellas nadie es esclavo de nadie. Ronca, dulce, firme e imponente, la riqueza de sus matices y melodías denuncia lo que muchas temerosas del »qué dirán», ocultan o callan dolorosamente. Construyamos un mundo mejor que todos podamos disfrutar, sólo así Maa n’gala, nuestro interlocutor nos ofrecerá nuevas correspondencias.

Esta artista a sus 32 años se desliza en cadencias iluminadas por una sonrisa y el centelleo de una mirada que inspira la libertad y la confianza. Su repertorio de proverbios, adagios, moralejas y parábolas, su crítica social y sus exhortaciones a la perseverancia, hacen que su música sea enraizada en el corazón de los verdaderos melómanos animistas. Aquí está el pájaro del Wassoulou con la palabra fecunda, al igual que los escultores de Tyi wara, se abreva en el pozo que satisface la sed del caminante.

Worotan (diez nueces de kola) título de este disco, es símbolo de paz, concordia y reconciliación pero, lo es también de alianzas, pactos y compromisos en la mayoría de las etnias del Africa subsahariana. Repartidas en ofrendas, o como cortesía, estas nueces permiten comulgar y bendecir los lazos matrimoniales, los bautizos y las despedidas. La mayoría de las consultas a alguna autoridad, se hacen ofreciendo primero, nueces de kola. Sirven las diez nueces para aplacar las consecuencias del divorcio y reafirmar la confianza y la amistad. La kola es símbolo de esperanza y de fe para el hombre de principios. La nuez es la figura de una pareja armoniosa hecha fruta para excitar la mente. Diez nueces de kola entonces, son la recreación de los veinte seres primigenios que recuerdan la obra divina. De estos seres de los que provenimos, se origina la palabra creativa, la palabra empeñada que cantan los juglares como Oumou Sangare. El mundo nació del amor, sólo el amor perfeccionará el bosquejo del mundo que Dios encargó al hombre para perfeccionar su obra. La kola celebra este compromiso del ser fustigando el estancamiento y los fanatismos estériles, las tentaciones y las trampas que acechan la verdadera educación.

Al lado de artistas legendarios como Salif Keita, Ami Koita, Ali, Farka Toure, Nahawa Doumbouya, Toumani Diabate y Sali Sidibe, Oumou Sangare nos trae a México la cultura de los pueblos que algunos cronistas, historiadores y antropólogos consideran los herederos de Bakari II, emperador maliense que atravesó el océano Atlántico en el 1312 de nuestra era y pudo llegar a costas americanas. Se supone que son ellos los que se mezclaron con los primeros habitantes de América asegurando así, el florecimiento de las culturas Incas y Olmecas. En esta gira, Oumou Sangare tiene como invitados a dos miembros de la legendaria familia Diabaté detentores junto con los Kouyaté, de la epopeya mandinga. Kassé Mady Diabaté y Lafia Diabaté, cantantes renombrados de Kela, el centro para la enseñanza del arte de hablar y contar la historia del Mande, son dos de los mejores cronistas de nuestra historia. Así que tenemos la gran oportunidad de descubrir entre las pulsaciones del n’goni, del kamalengoni o del dozongoni, los ritmos de los dyembe, las guitarras, las flautas, los violines, la kora y los guajes, las voces más ricas de la lengua Mandinga. Bienvenida a Oumou Sangare y sus huéspedes. Que el regocijo de su talento llene nuestros corazones.

Texto de Ery Camara, publicado en el periódico La Jornada el 4 de octubre de 2000