Archivo de la etiqueta: Malí

Oumou Sangaré

Oumou Sangaré

“Sangare kono” Oumou Sangaré, el ave canora de Wassoulou

Oumou Sangaré, la diva más grande de Malí, la adalid de los derechos de las mujeres, una de las voces femeninas más sorprendentes del mundo, se describe así misma como “Sangare kono” —“Sangare el ave canora”— cuando interpreta sus poderosas canciones que van a lo profundo del corazón. En Malí, llamarse uno mismo “ave canora” es un privilegio especial de los músicos provenientes de la región sur conocida como Wasulu. Oumou Sangaré abreva en la profunda riqueza de las tradiciones musicales del sur de Malí. Sus cantos comentan todos los aspectos de la vida en su país, especialmente los problemas que enfrentan las mujeres a causa de la poligamia, pero también la sensualidad del amor joven, el dolor del exilio, la necesidad de cultivar la tierra, y la fragilidad de la vida humana. Algunas de sus canciones hacen uso de metáforas e ironía; otras son más directas. Expresiones fogosas de su propia filosofía y sabiduría, nacieron de haber crecido en una familia pobre de Bamako y ser lanzada al estrellato a los veintiún años. Su idioma es la hermosa e inquietante música de su tierra, que ha llegado a ser su sello personal: el wassoulou. A partir de su independencia en 1960, Malí es la vanguardia de las tendencias musicales más dinámicas en África. En Malí, las orquestas de baile abrieron brecha al mezclar los cantos locales de los griots con estilos cubanos, congoleños y de otras latitudes. A fines de los ochenta una nueva música vino a desafiar estos estilos: el wassoulou. La música wassoulou se basa en las fabulosas tradiciones de música y canto de Wasulu, una región remota y densamente arbolada en el sur de Malí. En los cincuenta, en los poblados, los jóvenes crearon este estilo a partir de los cantos de las sociedades de antiguos cazadores y lo hicieron propio. Al principio, los viejos, furiosos, se opusieron y calificaron este estilo como música de “burdel”, comparando el instrumento principal, el arpa de seis cuerdas, con la chinche, por su ritmos nerviosos que hacían que la gente joven bailara frenéticamente, cual si la hubiera mordido uno de estos bichos. Para finales de los setenta, el wassoulou había emergido como el nuevo estilo popular en Bamako, entre las comunidades migrantes de la región. El wassoulou recibió un amplio reconocimiento cuando el Ensemble National Instrumental, con apoyo gubernamental, reclutó a dos cantantes de la región —Coumba Sidibe y Sali Sidibe. El wassoulou era muy diferente de la música de las orquestas de baile, basada en los cantos de los griots. Tenía ritmos de baile fuertes e hipnóticos y las letras hablaban de aspectos generales de la vida en el Malí contemporáneo. Pero Sangaré, el ave canora, llevó esto mucho más allá que nadie antes al irrumpir en la escena en 1990, con su primer álbum, Moussolou (Mujeres). En este álbum no sólo había ritmos audaces y nuevos, color musical que tomaba los salones de baile por asalto, sino que lanzaba la voz de una joven dotada con un inmenso carisma. Y en su música ella asumía la misión de mejorar la posición subordinada de las mujeres malienses. Al darse cuenta que no podría cambiar la manera de pensar de los ancianos, Sangare apeló a la juventud soltera de Mali. En un país donde tradicionalmente los jóvenes no pueden opinar, sus canciones fueron radicales, apasionadas y electrizantes. Nacida y criada en Bamako, Sangaré tuvo el don natural del canto. La inspiración musical le venía de su madre, cantante originaria de Wasulu, muy compenetrada con los estilos regionales antiguos tales como la profunda y sagrada música de los cazadores, y con los frenéticos ritmos del djembé, propios de las mascaradas acrobáticas, como el sigi (el búfalo) y el sogoninkun (la cabeza de pequeños antílopes).

“La lucha por mantener la familia a flote fue el reto de su niñez”.

Pero cuando Oumou tenía dos años de edad, su padre tomó una segunda esposa y emigró a Costa de Marfil, abandonó a la madre de Oumou, embarazada en ese momento, y a sus tres hijos pequeños. Los recuerdos más tempranos de Oumou incluyen el de su mamá llorando. La lucha por mantener la familia a flote fue el reto de su niñez. Siendo cantante, los ingresos principales de su madre provenían del sumu (celebraciones de boda y bautizo organizadas por mujeres y que ocurrían en los patios y en las calles), pero estaba tan exhausta y deprimida que con frecuencia no aceptaba los compromisos que le solicitaban. Oumou acompañaba a su madre a los sumus desde los cinco años, y muy pronto la gente le pidió su participación, por cuenta propia. Se maravilló en la atmósfera de estas fiestas. Según cuenta, “cantar en las calles” le emocionaba por su pasión por la música wassoulou y por el deseo de ayudar a su madre ganando un poco de dinero extra. Muy pronto fue Oumou quien sostenía la familia. En una de esas fiestas, a la temprana edad de 16 años, la escucharon y la reclutaron en un importante grupo —Djoliba Percussions— con el cual se fue de gira por Europa a su primer viaje fuera de Malí. Después de ser aclamada ampliamente por su voz solista, decidió formar su propio grupo y durante dos años ensayó bajo la tutela del bajista Amadou Ba Guindo (líder de la legendaria orquesta maliense de baile National Badema). En 1989, después de convencerse —se hallaba insegura de los riesgos que le aguardaban si su álbum no tenía éxito— grabó su primer álbum: Moussolou (Mujeres). Tenía 21 años. La grabación se realizó en Abidjan y se lanzó el 4 de enero de 1990, tomando África Occidental por asalto. Sus canciones hablaban abiertamente de asuntos que nunca antes se habían expresado en público, en esta sociedad fundamentalmente conservadora —es el caso de la sensualidad femenina, que aborda en su sorprendente canción “Diaraby Nene” (los estremecimientos del amor). Por cientos de años, hasta principios del siglo XX bajo el régimen colonial francés, fueron los cazadores malienses los protectores de los poblados, quienes proveían la comida y curaban a la gente. Todavía hoy ocupan un lugar especial muy profundo en la psique maliense. Pasan largos periodos en la espesura y conocen las propiedades curativas de plantas y árboles. Son sanadores y filósofos. Se dice que su música, interpretada en un arpa especial, de seis cuerdas, tiene poderes mágicos que protegen a los cazadores y suavizan incluso al más peligroso de los animales. Desde el principio la visión de Oumou fue atraer el poder y el encanto de esta música hacia sus propias canciones. El kamelngoni —la versión juvenil del arpa de los cazadores— es el instrumento que ella eligió como sonido central para su agrupación. Sus inquietos y nerviosos ritmos y su cadencia, entreverados con el raspador de hierro de los cazadores, resuena en todos los estilos populares, tales como el funk, el rythm and blues y el afrobeat. Además utilizó el violín, que emulaba el sonido doliente del violín unicorde de Wasulu. Lo más importante es que sus canciones hablaban desde la perspectiva de una joven mujer soltera, en formas en que ningún otro artista maliense se había atrevido antes. El álbum Moussolou tuvo un éxito sin precedentes en toda África Occidental y catapultó a Sangare al estrellato. Atrajo también la atención de Nick Gold, de World Circuit, que la contrató para su sello. Siguieron dos álbumes internacionales: Ko Sira y Worotan, y una extensa gira por todo el mundo, lo que le ganó la reputación de ser una de las voces femeninas más originales e impactantes de África, fiel a su tradición pero con perspectiva moderna. Alta, hermosa, audaz, con estilo, juguetona en el escenario, carismática, compasiva, con alma y una sonrisa que ilumina los corazones, una voz penetrante y de mucho alcance, Oumou se convirtió en un icono en Malí y en el resto del mundo. Durante los últimos cinco años, a partir de su disco Worotan, Oumou se ha concentrado en su familia, en construir un hotel en Bamako (el Hotel Wasulu), en presentarse en conciertos por toda África, y en producir música para el mercado local, incluyendo un buen número de cassettes, muy vendidos, que continúan explorando las diversas tradiciones de Mali, especialmente su propia versión del wassoulou. Oumou dice: “Para qué tocar la música de otros pueblos si la nuestra es tan rica”.

Texto de Lucy Durán

Kasse Mady Diabaté

Kasse Mady Diabaté

Kasse Mady es una de las más grandes voces de África y uno de los más buscados cantantes de Malí, conocido por su intenso conocimiento de las más profundas tradiciones orales y musicales de su país, por su habilidad para adaptar estas tradiciones a un contexto moderno y por último, por la belleza y cualidad etérea de su voz de tenor. En el año 2000, como invitado especial de la cantante maliense Oumou Sangare, Kasse interpretó algunas de sus canciones en la Inauguración del Festival Cervantino y en el Zócalo del D.F., y el impacto que su voz tuvo sobre el público mexicano se convirtió en la semilla de los planes para invitarle a México a presentarse con su propio grupo de 10 músicos malienses. Kasse Mady Diabate nació en 1949 en Kela, el centro de la renombrada tradición de los jeli o griots mande, en Malí occidental, cerca de Kangaba, uno de los centros del gran imperio de Malí (1235-1469). La familia de Kasse Mady, los Diabates de Kela —todos ellos jeli— fueron los trovadores de los emperadores y sus descendientes, los linajes reales de Keita. Todavía hoy están consideradas como las familias jeli más importantes y de más autoridad a lo ancho de siete países de África Occidental donde predomina la cultura mande. Kasse Mady es la segunda persona a la que se le ha dado ese nombre, que significa ‘Mady que mueve al llanto’ (Mady es la variante regional de Mohammed o Mahoma-Mohammadu-Mamadu-Madu-Mady). Mady, el abuelo, tenía una voz tan hermosa que cuando cantaba la gente lloraba; de ahí el apodo ‘Kasse’ de kassi (llorar). Kasse Mady, el joven, recibió el nombre en honor de su abuelo. Pero nadie en la familia imaginó que tendría el mismo poder y habilidad para mover a la gente a tales estados extremos de emoción. Siendo aún un niño pequeño, Kasse Mady comenzó a cantar en las bodas y otras ceremonias locales, y alrededor de 1970 fue invitado a ser el cantante principal de la orquesta de baile del vecino poblado de Kangaba. Esta orquesta se llamaba Super Mande, nombre que ahora da su hermano Lafia Diabate -cantante muy conocido también- a su propia banda de músicos de Kela, con asiento en Bamako. Este fue un periodo importante en Malí debido a las nuevas políticas de autenticidad cultural que entraron en voga en las nuevas naciones-Estados independientes de África Occidental. En Malí, como en otras partes, se animó a los músicos a retornar a su propia tradición en vez de imitar el rock and roll o la música cubana. En este contexto, la mezcla especial que Kasse Mady logró del folklore mande y los instrumentos modernos habría de jugar un papel muy importante en este movimiento. Cada dos años, el gobierno de Malí patrocinaba un festival importante, conocido como la Biennale en el que los conjuntos regionales y las orquestas de baile competían unos con otros. En 1973, fue el grupo Super Mande, de Kangaba, el que ganó, gracias a las sorprendentes interpretaciones de Kasse Mady. Poco antes, un grupo de ocho músicos que había estado estudiando en Cuba regresó a al país y formó Las Maravillas de Malí, famoso por sus interpretaciones en charanga de los clásicos cubanos. De acuerdo con los dictados de la autenticidad cultural debían abordar de nuevo el repertorio de Malí. Después de escuchar a Kasse Mady en la Biennale, decidieron que él era quien lograría esto. Se envió al director de la orquesta a Kela, 104 kilómetros al oeste de Bamako, por una brecha de terracería, a encontrar al cantante. Después de algunas consultas rituales con la familia, que era (y aún es) muy protectora con sus tradiciones, le permitieron a Kasse Mady unirse a la banda en Bamako. Poco después Las Maravillas comenzaron a gozar de un éxito enorme por toda África Occidental con canciones como “Balomina Mwanga” y “Maimouna” todas interpretadas de manera memorable por el joven Kasse Mady, en estilo cubano pero con un nuevo toque mande. Para su visita a México, Kasse Mady y su grupo interpretaron estas canciones afrocuabanas como parte de un amplio repertorio de música tradicional y moderna maliense. Alrededor de 1976 Las Maravillas se rebautizó como “National Badema du Malí“ (la familia nacional de Malí) y Kasse Mady lanzó su nueva formación gracias a varias profundas canciones mande que se convirtieron en hits —tales como “Sindiya” (que tiempo después grabara Ali Farka Touré como “Singya” en su primer álbum para World Circuit), “Fode” que es también el título del primer álbum de Kasse Mady como solista (1988), y “Guede”, que después se re-grabó con Taj Mahal. Para mediados de los ochenta no había mucho interés entre los públicos de Mali hacia las viejas orquestas de baile de los setenta. La Rail Band tocaba ante públicos cada vez más pequeños, y los Ambassadeurs, dirigidos previamente por el cantante Salif Keita, se habían separado. La tendencia era que los cantantes probaran suerte en París, el nuevo centro de la “música mundial” o world music. Así, cuando Kasse Mady fue invitado a París para grabar su primer álbum solista, para el productor senegalés Ibrahima Sylla (de fama africana) Kasse se dio la oportunidad. Dejó al National Badema y se mudó a París donde pasó los siguientes diez años. Durante este periodo grabó dos álbumes como solista —Fode, un álbum eléctrico y bailable que intentaba ser la respuesta al álbum Soro de Salif Keita, pero que no tuvo la misma promoción, y Kela Tradition, un álbum acústico con canciones jeli de Kela, ambos para el sello parisino Syllart. Durante este periodo colaboró también en el álbum Songhai 2 con Ketama y con Toumani Diabaté, contribuyendo con algunas versiones sorprendentes de clásicos como “Malí Siajo” así como la hermosa balada “Pozo del Deseo” que cantó junto con el cantante de Ketama, Antonio Carmona. Pero en París las cosas no resultaron como esperaba. El carácter apacible y poco confrontativo de Kasse Mady no le ayudaron a hallar su sendero por el laberinto de pagos de regalías y contratos propio del endurecido y pedante ambiente musical parisino. Explotado y desencantado, regresó a Bamako en 1998, donde las cosas comenzaron a mejorar. La escena musical de Bamako había repuntado después de diez años. Para empezar, había ahora un nuevo gobierno democrático y un renovado interés de la juventud por la música tradicional. El tañedor de kora, Toumani Diabaté, se presentó de inmediato ante Kasse Mady para que volviera a colaborar con él después de los éxitos que habían cosechado con Songhai 2. Kasse Mady fue invitado a participar en el aclamado proyecto Kulanjan junto con Taj Mahal. Taj se emocionó tanto con la forma de cantar de Kasse que le regaló su propia guitarra de acero, ‘Nacional’. En este nuevo contexto, tocaba a Kasse Mady hacer su propio trabajo. En México ya había dejado huella cuando en el 2000 vino como invitado de Oumou Sangare. Ese fue el destello que impulsó a Discos Corasón a grabar y producir un disco suyo. Así que en abril de 2001 se lanzó un equipo a grabar directamente a Kela, para luego producir y editar el CD titulado Kassi Kasse. En diciembre del 2001, Kasse Mady Diabate vino a México para presentar su disco a los medios mexicanos y a participar en algunos programas de televisión como ‘Conversando con Cristina Pacheco’. En abril del 2002 participó en el Festival del Centro Histórico, y en el Festival de la Ciudad de San Luis Potosí, entre otros importantes eventos culturales de la República Mexicana. En 2003, Kassi Kasse la primera producción discográfica mexicana grabada en África, fue nominada al Grammy en la categoría de Best Tradicional World Music. En 2004, Kasse Mady Diabate fue el invitado especial en los conciertos internacionales de Toumani Diabaté y su Symmetric Orchestra. En 2009 apareció su más reciente álbum como solista, Manden Djeli Kan, bajo el sello Universal. Y en 2010 participó junto con Eliades Ochoa, Toumani Diabaté y otros en la realización de un proyecto largamente deseado: la grabación del disco Afrocubismo.

Ali Farka Touré (1939-2006)

Ali Farka Touré (1939-2006)

Ali nació en 1939, en el poblado de Kanau, aledaño a los bancos del río Níger en el noroeste de Malí. Fue el décimo hijo de su madre pero el primero en sobrevivir la infancia. “Perdí nueve hermanos, hijos todos de mi padre y mi madre. Me pusieron por nombre Ali Ibrahim, pero es costumbre en África darle un apodo extraño a un niño si tuvo otros hermanos que murieron.” El apodo que escogieron para Ali fue Farka, que significa burro, animal admirado por su fuerza y tenacidad. “Pero aclaremos”, decía, “soy el burro que nadie puede montar”.

Cuando Ali era apenas un infante murió su padre, mientras servía en el ejército francés, y entonces la familia se mudó al sur, por el río, a Niafunké, el poblado que Ali consideró su hogar por el resto de su vida. Niafunké cuenta con una población de más de veinte mil personas, y es uno de los más grandes poblados dispersos en esta árida y semi-desértica región. La falta de electricidad y el hecho de que apenas hace poco instalaron postes de telefonía contribuyen a la atmósfera tranquila;  siempre hay una brisa refrescante que sube desde el río. La gente vive del cultivo, la ganadería y la pesca. Ali era el ciudadano más famoso de Niafunké. Pese a ser conocido internacionalmente, él siempre se consideró campesino.

En Mali la música es en gran medida el monopolio de castas hereditarias de músicos, pero Ali provenía de un linaje noble. No hay tradición musical en su familia, pero muy pronto en la vida tuvo su llamado, lo que lo metió en la música “mediante su poder”. Ali era hijo del río. En Niafunké, como en casi todo Malí, la religión dominante es el Islam y Ali era musulmán devoto. Pero en esta parte del mundo el Islam coexiste con un sistema de creencias nativas mucho más antiguas, conectadas al misterioso poder del Níger. Se cree que bajo el agua hay todo un mundo de espíritus conocido como Ghimbala —djinns masculinos y femeninos con carácter propio, e historia, colores y objetos rituales simbólicos, cuyo vívido retrato conforma la mitología local. Estos djinns controlan el mundo material y el espiritual. Aquellos que tienen el don de comunicarse con los espíritus son llamados “hijos del río”.

Ali no recibió educación formal y el cultivo de la tierra absorbió su niñez. Después fue aprendiz de sastre. Pero lo hipnotizaba la música tocada en las ceremonias espirituales de los poblados de los bancos del Níger. Podía sentarse a escuchar con gran admiración mientras los músicos cantaban y tocaban los instrumentos favoritos de los espíritus: la guitarra de una sola cuerda conocida como djerkel, el violín de una cuerda o njarka y el n’goni, laúd tradicional de cuatro cuerdas.

Su familia no consideró que la música fuera una ocupación meritoria y no alimentaron el interés del niño. No obstante, se tornó un joven que con fiereza buscó su independencia y su propia determinación, y a los doce años ya tocaba su primer instrumento, una djerkel. Para Ali fue muy fácil y natural aprender a tocar. Pero antes sufrió algunos ataques ocasionados por su contacto con el mundo espiritual. Lo enviaron a un poblado vecino para curarse y cuando regresó fue reconocido muy pronto por su poder de comunicación con los espíritus.

Su abuela, Kounandi Samba, famosa en la zona como sacerdotisa de Ghimbala, tuvo mucha influencia sobre Ali. Pero después de la muerte de la abuela, lo disuadieron de volverse sacerdote. “Por el Islam, no quiero practicar mucho este tipo de asuntos … estos espíritus pueden ser buenos o muy malos para uno, así que sólo les canto, es nuestra cultura, no puedes evitarla.”

Muchas de sus canciones hablan de los espíritus, y siempre viajaba con su violín njarka y con grabaciones de esa música espiritual que escuchó antes. De adolescente, Ali fue taxista y mecánico de autos, además de ser, durante algún tiempo, piloto de la ambulancia ribereña. Estos trabajos lo hicieron viajar ampliamente pero continuó tocando música en las ceremonias y por placer, con grupos pequeños y como acompañante de algunos cantantes.

Cuando cumplió poco más de veinte años ya manejaba con fluidez siete lenguajes malienses y dominaba el ngoni (el laúd tradicional de cuatro cuerdas), el njarka y la flauta de bambú propia del pueblo peul. Iba en camino de absorber un vasto repertorio de música y leyendas de los varios maestros que conoció en sus viajes. “Necesitaba conocer la música y amarla a través de los muchos héroes fallecidos y de los que siguen vivos,  porque la historia permanece. Así que esto me dio la oportunidad de conocer la cultura de esta música, su saga, su leyenda y su historia.”

Ali era sonrai, un pueblo que forma la mayoría de la población de Niafunké, pero existen muchos otros pueblos en la región que hablan numerosos lenguajes —el peul (lengua de los pastores fulani nómadas), el bambara, el dogon, el songoy, el zarma y el tamascheq, propio de los touareg. Touré cantaba en todos estos idiomas pero la mayor parte de su repertorio estaba en sonrai y en peul.

En 1956, durante uno de sus viajes, Ali asistió a un espectáculo del Ballet Nacional de Guinea, que presentaba entre sus ejecutantes al gran guitarrista maliense Keita Fodeba. “Ahí fue que juré hacerme guitarrista. No conocía la guitarra pero me gustaba mucho. Sentí que tenía tanta música en mí como él y que podía expresarla”. Comenzó a tocar en guitarras prestadas y encontró que era fácil traducir la técnica de su “guitarra” tradicional a la guitarra occidental. Decía que su único problema era lograr que las seis cuerdas estuvieran felices, y eso hacía tocándolas de la forma en que tocaba la única cuerda de su instrumento tradicional.

Más o menos por esas fechas añadió a sus habilidades musicales las percusiones, la batería (hizo la suya propia con címbalos y un tambor bajo) y el acordeón (incluso hizo algunas apariciones ejecutando el repertorio de ¡Charles Aznavour!). Cuando Malí obtuvo su independencia de Francia en 1960, el nuevo gobierno del presidente Mobido Keita inició la política de promover el arte y los grupos culturales que se formaron para representar a cada una de las seis regiones administrativas de Malí. A partir de 1962, Ali trabajó con el conjunto del distrito de Niafunké. Componía, cantaba, tocaba la guitarra y ensayaba con cantantes y bailarines en un grupo que contaba con ciento diecisiete personas. Se enorgulleció mucho del grupo, que fue muy aclamado en las competencias bianuales celebradas en Mopti durante toda la década de los sesenta.

Ali ganó también numerosos premios atléticos. “Lo hice para que mi pueblo no se quedara en ceros. ¡Soy muy patriota!” En los sesenta acompañó también a varios cantantes y tenía su propio grupo. Una grabación de este grupo, que data de 1963, incluye una pieza cantada en sonrai con ritmo de son cubano. En 1968 (el año en que Mobido Keita fue derrocado por Moussa Traore), Ali hizo su primer viaje fuera de África al ser seleccionado (junto con reverenciados guitarristas como Kelitigui Diabaté y Djelimadi Tounkara) para representar a Malí en un festival internacional de las artes en Sofía, Bulgaria. Interpretaron arreglos de música tradicional con Ali en la guitarra, la flauta, el njarka y la djerkel.

El 21 de abril de 1968, estando en Sofía, compró su primera guitarra. También en 1968, un estudiante amigo suyo le puso a oír en Bamako discos de James Brown, Otis Redding, Wilson Pickett, Jimmy Smith y Albert King. Ali siguió siendo admirador de todos ellos, sobre todo porque en ellos escuchaba mucho de sus propias tradiciones. De toda esta música, la que más le impactó por su similitud con la suya propia fue el blues como lo interpretaba John Lee Hooker. Lo asaltó de inmediato el pensamiento de que “esta música fue tomada de aquí”, y la sorpresa era escucharla cantada en inglés.

En 1970 su trabajo lo llevó de Niafunké a Mopti y después, el mismo año, a la capital: Bamako. Aquí comenzó una década trabajando como ingeniero de sonido para la National Radio Mali. Tocó también como parte de la orquesta de Radio Malí hasta su desintegración en 1973. Durante los setenta, atrajo la atención del país mediante la radio, con su particular estilo de tocar la guitarra. Por consejo de un periodista amigo suyo envió algunas de las grabaciones de estos programas a la compañía disquera Son Afric, en París. En pocos meses salió a la venta el primer álbum de Ali Farka Touré (uno de los primeros discos comerciales de música maliense) con Ali en el canto y la guitarra y Nassourou Sarre en el ngoni.

Continuó grabando en Bamako y enviando cintas a París hasta completar siete álbumes. Una colección de las piezas de estos álbumes fue publicada en el cd Radio Mali. Durante toda la década de los setenta, Ali obtuvo una formidable reputación en Malí como solista. Fue pionero en la adaptación de los estilos sonrai, peul y tamascheq a la guitarra, que perfeccionó con los años. Se mantuvo casado con su música tradicional, sin comprometerla ni “hacerse comercial”. Sus canciones celebran el amor, la amistad, la paz, la tierra, los espíritus, el río y Malí. Todos ellos están expresados en densas metáforas.

En 1986, uno de los álbumes que grabara para Radio Malí (reeditado por World Circuit como parte de Rojo y Verde en 2004), comenzó a generar interés entre las leyendas de la radio de Londres, incluidos Andy Kershaw y Charlie Gillet. También atrajo la atención de la revista Folk Roots. Dado que no había información en la funda del disco, la revista inquiría quién era ese músico africano que tocaba el blues de manera tan particular. Ann Hunt, de World Circuit, viajó a Bamako a investigar quién era este misterioso hombre. Con la ayuda de Toumani Diabaté se hizo una transmisión en Radio Malí pidiéndole a Ali que se presentara.

Ali se había mudado cuatro años antes a Niafunké, pero al momento de la transmisión se hallaba de visita en la capital. Se le invitó entonces a tocar en el Reino Unido y en 1987, por vez primera desde el Festival de Sofía en 1968, Touré viajó solo desde Malí para tocar en sus primeros conciertos fuera de África. Sin signos de nerviosismo o extrañeza, y con una suprema y absoluta confianza en su música, hizo una serie de magníficas presentaciones y se ganó al público en todas partes.

Ese mismo año grabó su primer disco fuera de África que fue un éxito instantáneo para el sello World Circuit. A partir de entonces emprendió extensas giras por Europa, Estados Unidos, Canadá y Japón y grabó otros cinco álbumes para el sello, incluidos The River, The Source, y el ganador del Grammy Talking Timbuktu, en colaboración con Ry Cooder, que sirvió para confirmar el estatus de Ali como artista de reputación internacional. Pese a su asombroso éxito comercial, Ali se volvió muy renuente a abandonar su rancho en Niafunké.

Nick Gold, de World Circuit, se dio cuenta de que la única forma de hacerlo grabar de nuevo era llevar el estudio allá. El estudio se instaló en una escuela agrícola abandonada, y la grabación tuvo que ajustarse a los periodos de cultivo, pues la cosecha siempre estuvo en primer lugar. El álbum resultante fue Niafunké, lanzado en 1999. Desde entonces, Ali retornó a lo que él consideraba su principal papel en la vida: cuidar de sus tierras y estar con su familia. Ali estaba tan involucrado en proyectos encaminados a mejorar la situación agrícola en la región de Niafunké que la gente lo eligió alcalde en 2004.

Aunque por decisión propia se retiró de una carrera de tiempo completo en la música, y casi nunca volvió a tocar en vivo, dijo que si se sintiera inspirado, o si tuviera algún aspecto que debiera ser abordado, grabaría de nuevo. En 2003, participó en el documental Feel Like Going Home, dirigido por Martin Scorsese. El film traza la historia del blues, desde los bancos del Níger al delta del Mississippi, y podría poner a Ali en contacto con públicos más vastos. Ali investigó también la música y la cultura locales, con el fin de conservarla para las futuras generaciones, lo que lo impulsó a grabar de nuevo.

En 2004, después de rechazar ofertas lucrativas de presentaciones, Ali aceptó tocar (sin cobrar) en el diminuto festival Privas en Francia. En 2005, su espectáculo en el Bozar de Bruselas —su primer concierto importante en Europa después de cinco años, y donde presentó como invitado especial a Toumani Diabaté—, fue recibido y aclamado con excitación por la prensa y por sus admiradores.

En 2005, se lanzó al mercado el primero de los álbumes grabados en el Hotel Mandé de Bamako. En el corazón de la luna, su álbum a dueto con Toumani Diabaté que obtuvo un Grammy, lo que hizo de Ali el único africano que ha recibido dos de estos prestigiados premios. Poco después de la publicación de dicho álbum, Ali tocó en una serie de brillantes conciertos europeos con su singular grupo local de ngoni, que se presenta en su nuevo álbum, Savane, tercera grabación de la serie del Hotel Mandé.

Tristemente, Ali no pudo estar para el lanzamiento de Savane. Justo unas semanas después de ganar su segundo Grammy y de aprobar la mezcla final del álbum, Ali sucumbió a un cáncer óseo que sufrió por dos años. Murió el 7 de marzo de 2006. En Malí se le confirió una medalla de honor póstuma y se le hizo un funeral de Estado al que asistió el presidente, los ministros del gobierno, los principales músicos de Malí y miles de personas más. La cobertura mundial de los medios a raíz de su muerte no tiene precedentes para músico africano alguno y sus admiradores por todo el mundo siguen enviando mensajes.

Ali Farka Touré fue verdaderamente original. Un músico excepcional que tradujo la música tradicional del norte de Malí, su tierra natal, y por cuenta propia logró que el estilo conocido como blues del desierto llegara a los públicos internacionales. Fue un gigante de la música africana y sus admiradores de todo el mundo lo seguirán extrañando.

Texto original de Lucy Durán (actualizado por Nick Gold y Dave McGuire)
Traducción de Ramón Vera Herrera
Toumani Diabaté

Toumani Diabaté

Toumani Diabaté es uno de los más importantes músicos del continente africano. Toumani toca la kora, un arpa de 21 cuerdas que proviene del África occidental, y más que ningún otro músico, ha sido responsable de dar a conocer este instrumento al público del mundo. Toumani es un intérprete cuya creatividad y virtuosismo son excepcionales; es alguien que ha podido establecer que la kora tiene un lugar al lado de los mejores instrumentos del mundo. Nacido en Bamako, la capital de Malí, en 1965, en el seno de una familia de reconocidos griots (casta de músicos/cronistas); sus investigaciones muestran una ascendencia de 71 generaciones en las que el estudio de la kora pasó de padre a hijo. Notable entre ellos fue el padre de Toumani, Sidiki Diabaté (c.1922-96), instrumentalista de fama legendaria, nombrado Rey de la Kora en el prestigioso Festival Negro de Artes, Festac, en 1977, y hasta el día de hoy una figura referencial para todo conocedor del instrumento. Sidiki nació en Gambia, de padres malienses. Después de la Segunda Guerra Mundial se mudó a Malí, donde adquirió fama por su destreza y su estilo candente e idiosincrático de tocar su instrumento (ecos de este estilo pueden escucharse en la música de Toumani). Después de la independencia de Malí en 1960, Sidiki fue invitado a participar, junto con su esposa, la cantante Nene Koita, en el Ensamble Nacional Instrumental, un grupo patrocinado por el estado para celebrar la riqueza de la cultura del país. Sidiki y Nene disfrutaron del favor del primer presidente, Modibo Keita, quien les cedió el terreno en que ahora se encuentra la casa familiar, cerca del palacio presidencial en Bamako. De este ambiente musical se nutrió Toumani, que aprendió la kora por su cuenta, sin recibir nunca otra instrucción de su padre que escucharlo tocar. En la década de 1960, y más aún en la de 1970, la escena musical en Bamako se estaba transformando bajo la influencia de sonidos que llegaban de lejos, especialmente de la música negra de los Estados Unidos: el soul, Jimi Hendrix, Jimmy Smith, así como algunos rockeros británicos, como Led Zeppelin, eran muy escuchados. Esta música y la que producían los ensambles modernos en Bamako fueron importantes para el desarrollo musical de Toumani. Toumani fue un niño prodigio que empezó a tocar la kora a los cinco años. En aquel entonces, el gobierno del país estaba promoviendo activamente la formación de grupos regionales que representaran las tradiciones locales. Toumani entró al ensamble de Koulikoro (a unos 60 km al este de Bamako) con el cual debutó a los trece años para la admiración del público local. En 1984, con sólo 19 años, Toumani se sumó al grupo de brillantes músicos que acompañaron a la gran diva Kandia Kouyate, la mejor y más poderosa voz femenina griot de Malí, en una extensa gira por el continente. Toumani tomó de su padre la idea de convertir a la kora en un instrumento solista, objetivo que llevó a nuevos niveles. Descubrió una forma de tocar el bajo, el rítmo y el solo simultáneamente en la kora, descubrimiento que lo llevaría a los escenarios mundiales. En su primer viaje a Europa, en 1986, iba acompañando a otro cantante maliense, Ousmane Sacko, y acabó quedándose en Londres siete meses. Durante ese período, a la edad de 21 años, grabó su primer álbum como solista: Kaira. Esta grabación abrió brecha: era el primer disco de kora como instrumento solista, y hoy sigue siendo uno de los mejores y más vendidos discos de kora. En 1986, Toumani también hizo su primera aparición en el festival WOMAD, en el cual tuvo un impacto significativo. Durante este período en Inglaterra, conoció y trabajó de manera informal con profesionales de distintos campos musicales, y se encontró con tradiciones que hasta entonces no conocía, como la música clásica de la India, de la que después derivó la idea del jugalbandi (díálogo musical entre dos instrumentos) por la que ahora es bien conocido. Su primera grabación importante en colaboración fue con el grupo español de flamenco, Ketama. En la ocasión en que se conocieron, los españoles se habían puesto a hacer palmas flamencas a la música de Toumani, y este se había sorprendido de que tuvieran tal nivel de comprensión de las complejidades rítmicas de su música. Era como si llevaran años escuchando mutuamente las tradiciones de ambas culturas. Songhai, el álbum resultante, con piezas como “Jarabi”, fue una síntesis perfecta de la kora y el flamenco. Para Toumani, la experimentación es simplemente parte del trabajo de un griot moderno. “El papel del griot es crear comunicación entre la gente, pero no solamente comunicación histórica. En Malí puedo trabajar de forma tradicional, en otros lugares puedo trabajar de otras formas. ¿Por qué no?” En 1990, Toumani formó la Symmetric Orchestra. El nombre evoca un equilibrio perfecto, una simetría, entre la tradición y la modernidad, y entre las contribuciones de músicos de una serie de países íntimamente relacionados. Senegal, Guinea, Burkina Faso, Costa de Marfil, y Malí fueron parte durante el medioevo del Imperio Mandinga. Toumani tuvo la idea de recrear el equilibrio cultural del Imperio Mandinga en un contexto musical moderno, destacando las guitarras tradicionales y eléctricas con los duros tambores sabar, los elogios cantados, laudes que requintean y un pulso de tambores kit, y a través de todo, las frases de la kora de Toumani, que estremecen al conjunto entero. El nombre de la orquesta se usó por primera vez en el CD del elaborado proyecto Shake the Whole World (Sacude al mundo entero), que salió a la venta únicamente en Japón y en Malí. El grupo ha tocado semanalmente en Bamako a lo largo de la carrera de Toumani, y ha seguido creciendo y evolucionando con los años. En 2005, este proceso culminó con el álbum Boulevard de l’Independance y la larga gira subsecuente. A principios de la década de 1990, Toumani empezó a agrupar a su alrededor una serie de músicos excepcionales, como el brillante Bassekou Kouyate en el ngoni, Keletigui Diabaté en el balafón, y a cultivar un cierto sonido y acercamiento a su música, con una especie de ensamble instrumental de jazz-jugalbandi-griot que puede apreciarse en su álbum Djelika (por ejemplo, en la pieza ‘Kandjoura’), de 1995. En el mismo año Toumani viajó a Madrid para grabar Songhai 2. En 1998 grabó un dueto de koras con Ballake Sissoko; los padres de ambos sacaron en 1970 el clásico Cordes Anciennes (Cuerdas antiguas), así que el nuevo álbum llevó el nombre de Nuevas cuerdas antiguas. Era su tributo al disco original, y un esfuerzo para promover estos materiales con un público moderno. Las conexiones entre el blues y la música del África Occidental son bien conocidas. Taj Mahal había escuchado y tocado con muchos intérpretes de kora, y lo que más lo impresionaba era la similitud entre las técnicas de punteo del blues con las de la kora y otros instrumentos de cuerda de Malí. “Dicen que el blues y el jazz vienen de África”, dice Toumani, “la kora y el ngoni son muy antiguos, vienen de siglos atrás. Tal vez el blues se tocó en estos instrumentos. El álbum que hice con Taj fue como unir estas viejas tradiciones con las más recientes”. El álbum salió en 1999. MALIcool, el siguiente álbum de Toumani, con el trombonista estadounidense de jazz libre Roswell Rudd, representa un paso más en su constante evolución y búsqueda de nuevas fronteras. Los arreglos parcos abren espacio para la improvisación, y hay varias piezas inesperadas, como las originales interpretaciones de ‘Hank’, de Thelonious Monk; una versión movida de una canción tradicional galesa, y una muy particular interpretación de la ‘Oda a la Alegría’ de Beethoven. Toumani ha participado en muchas otras grabaciones, en Malí y en el extranjero: aparece en el debut de Ali Farka Touré para World Circuit (Ali Farka Touré), estuvo en la gira de Salif Keita y participó en su álbum Papa y en el su penúltima producción, M’Bemba; fue parte del proyecto Mali Music de Damon Albarn; aparece en el álbum Kassi Kasse de Kasse Mady Diabaté, nominado para un GRAMMY en el 2004, y en 2007 participó en la pieza ‘Hope” del álbum Volta de Björk, lo cual resultó en una memorable aparición como artista invitado en el festival de Glastonbury. En años recientes, Toumani ha disfrutado del reconocimiento por su contribución al desarrollo de la kora y por el lugar que ocupa en la escena musical africana. En 2004, recibió el premio de la UNESCO Zyriab des Virtuoses, entregado durante el festival Mawazine, organizado por el rey Mohamed VI de Marruecos. Es el primer africano que ha recibido este premio. Toumani es un miembro activo y dinámico de la comunidad musical de Malí, y ha sido una influencia importante para las nuevas generaciones. Ha sido clave en el esfuerzo por preservar el legado de la música tradicional de kora en Malí y por educar a los jóvenes en la riqueza del patrimonio musical de su país, animándolos a la vez a que exploren las posibilidades creativas de la música. Es presidente/director de Maninka Kora Productions, organización que promueve activamente la kora a través de talleres, festivales y otros eventos culturales. Toumani es también instructor de kora y de música moderna y tradicional en el Conservatorio Balla Fasseke de Artes, Cultura y Multimedia de que se inauguró en Bamako a finales del 2004. El 2004 también vio a Toumani iniciar una trilogía de álbumes con World Circuit, grabados durante las sesiones en el Hotel Mandé, en Bamako. Las primeras grabaciones que surgieron de este trabajo fueron los duetos en el álbum In the Heart of the Moon (En el corazón de la luna), grabado con el gran Ali Farka Touré, que ganó el GRAMMY para el mejor álbum de música tradicional del mundo. El segundo álbum en la trilogía fue Boulevard de l’Independance, con la Symmetric Orchestra de Toumani Diabaté, en el que empacó diez años de experimentación para producir la música más densa y rica en texturas que ha salido jamás del continente africano. La tercera parte de esta trilogía es Savane, el último álbum como solista de Ali Farka Touré. La Symmetric Orchestra ha resultado una revelación en los escenarios internacionales. Con un descanso de su residencia en el Club Hogon en Bamako, el grupo ha trabajado para forjarse una reputación sólida con conciertos en auditorios como el Carnegie Hall de Nueva York, y en festivales como el de Glastonbury, el Nice Jazz Festival y el festival de Jazz de Montreal. Dentro de este mar de actividades, Toumani ha encontrado tiempo para trabajar en un nuevo álbum, Variaciones Mandinga, que vio la luz en febrero del 2008. Después de años de refinar y perfeccionar su técnica a niveles sin paralelo en el mundo, Toumani vuelve al principio: Variaciones Mandinga es un álbum completamente acústico, y el primero como solista con la kora después de su debut, hace veinte años, con Kaira. La discografía de Toumani demuestra su gran versatilidad como músico; a lo largo de su carrera, cada nuevo álbum ha mostrado una vertiente distintiva y singular. Esta es realmente la especialidad de Toumani: reunir lo viejo y lo nuevo en una hermosa música atemporal, lo mejor que tiene África.

Basado en un texto original de Lucy Durán;
adaptación y texto adicional por Dave McGuire
Fatoumata Diawara

Fatoumata Diawara

Mejor conocida a nivel mundial como Fatou, es ya una de las jóvenes promesas del continente africano fusionando el folk wassoulou con una propuesta contemporánea, mezcla de  jazz y soul, además de ser portavoz del mensaje de paz y en contra de la guerra en su país, para lo cual ha convocado a 40 músicos legendarios de Mali para esparcir este mensaje por el mundo entero.

Durante 2009 y 2010 acompañó a Oumou Sangaré en su gira internacional, hecho que marcó su estilo interpretativo con temas de gran intensidad. Poco después decide incursionar como cantante solista, siendo seleccionada para actuar en Womex, The World Music Expo en el Reino Unido, ofreciendo un espectáculo que a decir de la crítica, fue “emotivo y brillante”.

De entonces a la fecha ha tenido la oportunidad de cantar con grandes artistas como Herbie Hancock, con quién colaboró en la versión de Imagine, tema original de John Lennon y en el que colaboraron artistas como Pink y Seal.

Con tan sólo 30 años de edad, Fatou ha sido merecedora del Grammy y del reconocimiento de artistas consagrados como Damon Albarn, Toumani Diabaté, Herbie Hancock, y John Paul Jones de Led Zeppelin luego de compartir escenario con ella en festivales europeos como África Express, AfroCubism, Festival Mundial de Ámsterdam, Jazz de Haarlem y Jazz à Vienne.

Fatou sonriendo

La Razón tiene la razón

Para abrir el año nuevo PERIODICO LA RAZON nos manda las buenas noticias de haber seleccionado el CD de Fatoumata Diawara como el #4 en la lista de los mejores 20 discos del año 2013. Felicidades a Fatou, a su productor Nick Gold de World Circuit Records.

Escucha a esa tremenda voz y alma en: https://itunes.apple.com/mx/album/fatou/id631109735?ign-mpt=uo%3D4