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Cañambú

Cañambú

En la manigua oriental de Cuba sobresalen unos gruesos y  altos bambúes que no son la caña brava – más alta y delgada- ni la caña de azúcar, ni la cañafístola, sino la caña de bambú, o como se le conoce ahí, el cañambú.

Al principio de los 40 en el pueblo de San Luis, en la actual provincia de Santiago, muchos campesinos cortaban el cañambú, de repente un canuto de cañambú azotó sobre el suelo produciendo un sonido fuerte y seco como de bongó. Al cortador y a su familia les gustaba el son no solo para bailar sino también para interpretarlo, pero el problema es que había que invertir dinero, que no tenían, para comprar algunos instrumentos que tampoco tenían: bongoes y bajo.

De alguna suerte se habían conseguido ya un tres y una guitarra. Al momento de escuchar el golpe como de bongó, empezaron a buscar la forma de reproducir fielmente su sonido cortando diferentes tamaños del bambú, hasta lograrlo con un canuto y un tercio para el bongó agudo y algo así como un canuto y un medio para el grave. El cañambucero (por bongosero) cogía un canuto en cada mano, en posición vertical, y los golpeaba contra la superficie de un pequeño banco de madera consiguiendo, con habilidad rítmica, la  tonalidad muy cercana  a las de los bongoes.

Con este gran incentivo del ‘piquete’, o grupo, de sanluiseros, por hacer sonar su propio son, aún dentro de la penuria económica, rápidamente empezaron a batallar para sacarle la voz de un bajo a sus aliados cañambuses. Intentaron con uno largo de cinco canutos – casi dos metros- limpio de venas y manchas, cortado del centro mismo de la mata. Había un sonido grave y profundo al golpearlo sobre el suelo, matizando con golpes laterales dados con la otra mano. No fue suficiente, necesitaba cierta armonización. Finalmente lograron el sonido atando a la base mayor, dos tramos cortos de cañambú de diferente longitud.

Un cañambú más delgado que el del cañambumajo se empleó como pedestal de un cencerro y también como percusión adicional al ser golpeado en su pared con un palito, por el ejecutante mismo del bajo. Las maracas fue historia fácil con solo llenar de semillas dos pedacitos de cañambú y ponerles un mango. Con esta dotación el quinteto estuvo listo para empezar a invadir toda suerte de fiestas en San Luis y ganar algunos centavos.

Los primeros que así empezaron eran todos hermanos, los Ruiz Boza, hijos del cortador de caña que accidentalmente le descubrió su sonido musical. El grupo se lanzó a la popularidad precisamente con el son, Cañambú con los cinco hermanos. El quinteto tocaba, igual que el grupo ‘Cañambú’ actual, son montuno o campestre, como lo nombra uno de los integrantes, con el tumbao o sabor especial de su región.

El grupo desde entonces se volvió enormemente popular en su región y en algunas zonas más lejanas. En el año 1978 Andrés Cardona, un joven músico y maestro, se une al grupo como director técnico, interpretado él mismo la guitarra y parte del coro, y sobre todo haciendo participar al grupo en múltiples festivales en todo el territorio de la isla. Desde ese momento Cañambú se ha convertido en una especie de leyenda tanto por su particular instrumentación como por su calidad musical. En el 1993 Cardona decide agregar un contrabajo al grupo para aumentar su contenido armónico, sin su desplazar ninguno de los instrumentos originales.

El grupo Cañambú es, sin dudarlo, una agrupación única en Cuba por el uso de los bambúes y la peculiar sonoridad que esto produce. Pero también es única por contar entre sus integrantes a una voz de posibilidades increíbles tanto en el registro alto como en el estilo global de interpretar el son, el único sobreviviente de los cinco hermanos: Arístides Ruiz Boza. Arístides, flaco, alto y pulido como un cañambú, con más de 60 años encima, conserva un ‘pito’ – como llaman en San Luis a las buenas voces soneras- que tiene fuerte tradición entre los grandes cantantes de esta población.

Cañambú continua siendo para su gloria, el son, el bolero y el bolero-son. No solo recrean las composiciones de los clásicos del género, sino que el mismo Arístides es compositor importante. Este CD da cuenta de seis temas de su propia inspiración, así como de otro más de Andrés Cardona, el guitarrista y promotor del grupo. Los otros hermanos Ruiz Boza, al irse jubilando de Cañambú, han sido sustituidos por jóvenes y talentosos músicos como es el caso del tresero actual Walfrido Alarcón y el bongosero de cañambú, Juan Pruna. Todos los miembros del grupo nacieron y viven en San Luis, al lado de los campos de cañambú, o como Arístides los llama, ‘la fábrica de música’.

Juan de Marcos González

Juan de Marcos González

Juan de Marcos González es una de las figuras más importantes de la música cubana hoy en día. Él tiene la misión de mostrar al mundo la riqueza, diversidad y vitalidad de la música cubana. Su trabajo con Afro-Cuban All Stars, el Buena Vista Social Club, Rubén González, Ibrahim Ferrer, Sierra Maestra y otros ha hecho una contribución extraordinaria para elevar el perfil de la música cubana alrededor del mundo. Sin embargo, ni su nombre ni su contribución son bien conocidos por el público general y él ha permanecido un poco como el héroe olvidado de la música cubana.

González nació en La Habana en 1954 y creció rodeado de música (su padre era cantante y se presentaba con Arsenio Rodríguez, entre otros). En la universidad estudió ingeniería hidráulica y ruso antes de trabajar como consultor en el Instituto de Ciencia Agronómica, recibiendo su doctorado en 1989. Mientras estudiaba en la universidad, co-fundó el grupo Sierra Maestra en 1978. Al estilo de los tradicionales septetos cubanos (tres, trompeta, bajo, percusión y voces), la dinámica banda de jóvenes trajo consigo una apreciación del son cubano por la juventud de la isla. La banda alcanzó gran éxito, grabando catorce discos en Cuba, haciendo giras en África y Europa y recibiendo varios premios.

En 1994, González inició su asociación con el sello discográfico World Circuit, con sede en Londres, cuando la banda grabó el álbum ¡Dundunbanza! Para este disco, Nick Gold, director de World Circuit, animó al grupo a expandir su alineación para incluir piano, congas y una sección de trompetas en tributo a los estilos de los cuarentas y cincuentas de Arsenio Rodríguez. Habiendo encontrado el éxito y un terreno en común, González y Gold buscaron desarrollar este entendimiento más allá, grabando con una big band en La Habana y presentando a las estrellas abandonadas de la “época dorada” de la música cubana.

González había abrigado largamente el sueño de juntar a una banda que combinara a los “viejos maestros” y la nueva generación de músicos cubanos. “Quería mezclar generaciones para que estuviera la experiencia de los viejos y la energía de los jóvenes músicos”, dice González. Fue en busca de sus héroes y encontró a muchos “retirados” de la música, olvidadas figuras encantadas de que alguien mostrara fe en ellos. Reclutó a los cantantes Manuel ‘Puntillita’ Licea, Pío Leyva y Raúl Planas, todos en sus setentas.

A pesar de las dudas de otros acerca de su habilidad para alcanzar todavía las alturas, se acercó al legendario pianista Rubén González. Rubén no poseía un piano, así que González le encontró un lugar para practicar y lo animó a ensayar con su bajista de elección, Orlando ‘Cachaíto’ López. González continuó ensamblando su banda de sueños y así nació Afro Cuban All Stars. González y Gold planearon grabar dos álbumes en los estudios de Egrem en La Habana en 1997: el debut de los All Stars y una colaboración entre músicos de África occidental y Cuba oriental para la que Gold había invitado a Ry Cooder como productor.

Debido a complicaciones con los pasaportes, los músicos africanos no pudieron viajar para hacer la grabación. Sin embargo, las dos semanas de grabación arrojaron un extraordinario trío de álbumes: los álbumes debut de Afro-Cuban All Stars A toda Cuba el gusta, Presentando a Rubén González y el Buena Vista Social Club. El disco de All Stars fue el primero en ser grabado y la banda de González ofreció un trampolín y a muchos de los músicos del disco de Buena Vista que le siguió. Se mantuvo la sección rítmica de All Stars, junto con el trompetista solista de la banda ‘Guajiro’ Mirabal, el pianista Rubén González y varios cantantes.

El gran cantante y guitarrista de Santiago Eliades Ochoa y el intérprete de laúd Barbarito Torres ya habían sido reclutados por sugerencia de Gold. El día después de que el álbum de All Stars fuera completado, Ry Cooder arribó en La Habana para ser saludado por este ensamble en el comienzo de lo que se convertiría en el Buena Vista Social Club. Otros músicos fueron agregados durante las sesiones, incluyendo el cantante Ibrahim Ferrer (que también estaba ‘retirado’ en ese tiempo), a quien Gonzalez contactó y trajo al estudio al cabo de un par de horas de que Cooder hubiera solicitado “un cantante con una voz suave”.

González actuó como consultor, coordinador y conductor durante las sesiones, y cuando Gold le sugirió hacer un álbum con Rubén González en los dos días que quedaban, González fue reclutado como director musical de ese proyecto. En 2000 él colaboró con el álbum de debut de Ibrahim Ferrer. Siguiendo al lanzamiento de los álbumes, González guió al Afro-Cuban All Stars y a Rubén González en sus giras de debut en Europa y Estados Unidos, y dirigió los dos únicos conciertos de Buena Vista Social Club en Amsterdam y el Carnegie Hall de Nueva York. No obstante el recién encontrado éxito mundial de la música cubana, es la apreciación de la música dentro de Cuba mismo lo que más satisface a González. “Cuando vives en un país aislado, siempre piensas que las cosas son mejores en otra parte. Por eso la influencia de la música estadounidense ha sudo muy fuerte. La gente estaba tratando de tocar música norteamericana antes de aprender la música cubana. Tenemos que usar lo que es bueno del mundo, pero primero tenemos que estar conscientes de la importancia de nuestra propia música. Hace algunos años a los jóvenes músicos cubanos no les importaba la música cubana real. Ahora hay cientas de bandas tocando música tradicional. Desde luego la música va a cambiar, habrá nuevos bailes y estilos. Pero nosotros vamos a mantener las raíces. Estoy seguro de eso”.

El impacto de estos álbumes también afectaría a la industria musical de Cuba; no sólo resucitó la carrera de varias leyendas ‘olvidadas’ sino que también dejó al público mundial comprador de discos con un apetito por la música cubana, y una receptividad a nuevas grabaciones que no existía antes. En lo que se refiere a los Afro-Cuban All Stars, pasaron de ser un sueño musical, a uno sin grabaciones, a una formación en gira de tiempo completo y un grupo de grabación. Habiendo sido instrumental en la formación del proyecto, González se ubicó al centro del escenario con su nueva edición de Afro-Cuban All Stars y su ambicioso y vanguardista disco Distinto, diferente. “Tenemos que usar toda la herencia de la música cubana para crear el sonido del futuro”, dice González. “Es importante tener esa continuidad y luchar por la identidad de la música cubana”.

A la vez que retiene a las estrellas del álbum debut, el disco siguiente trajo adicionalmente a algunas figuras legendarias de la música cubana, como Omara Portuondo, Lino Borges, Polo Tamayo, Jesús ‘Aguaje’ Ramos, y Amadito Valdés. Algunos nombres prominentes de la actual generación de música cubana como Orlando ‘Maracas’ Valle, David Alfaro y Yaure Muñiz lucieron sus talentos en este álbum. El resultado es nuevamente multi-generacional pero con un sonido más cercano a la vanguardia de la música de baile cubana, con letras que tienen gran relevancia social ahora. González no es un hombre que se quede quieto y continuará su asociación con World Circuit.

González fundó su propia compañía de producción y sello discográfico DM Ahora para tratar con la riqueza del talento en Cuba. En adición a su continua colaboración con la música cubana, Juan de Marcos también ha mantenido a Afro-Cuban All Stars como una banda activa y en gira, presentándolos para extasiadas audiencias en el mundo entero. 2004 vio el lanzamiento del CD/DVD en vivo del grupo, y el tour que lo acompañó incluyó una serie de conciertos con las súper estrellas senegaleses de la Orquesta Baobab. El tercer y gran esperado disco del grupo Un paso adelante fue publicado por DM Ahora. Texto de World Circuit

Angá Díaz (1961-2006)

Angá Díaz (1961-2006)

  • Angá Díaz fue uno de los más importantes congueros del mundo. El estilo de tocar cinco tambores a la vez — que desarrolló como integrante del grupo cubano de latin jazz, Irakere, fue reconocido mundialmente.  Angá compartía su técnica con estudiantes de percusión por medio de talleres y cursos en Europa y Los Estados Unidos. Fue un músico de enorme creatividad que logró romper todas las barreras entre diferentes estilos musicales y así interpretar la rumba y el son — además de bolero, hip hop, funk, jazz, jungle y rap– siempre con su base indiscutible de la música cubana. Angá murió en Barcelona a los 45 años, el más joven de los miembros del Buena Vista Social Club.
  • 1961 Nace Miguel Aurelio Díaz Zayas en San Juan y Martínez en la provincia de Pinar del Río, Cuba, un área conocida por su tradición rumbera. Comparte el apodo Angá con su padre. Comienza pronto a tocar prodigiosamente.
  • 1971 Asiste a la Escuela Nacional de Arte de Pinar del Río. Comienza estudios formales de percusión.
  • 1975 Gana la beca para estudiar percusión clásica en la Escuela Nacional de Arte de La Habana. Se une al Treceto de la ENA en su primer día de escuela, y tocaría con ellos por el resto de su carrera académica. Mientras está en la escuela, es invitado a grabar algunas bandas sonoras de cine y televisión por el pianista José María Vitier, tocando junto con el maestro de conga Tata Güines y el baterista  Guillermo Barreto.
  • 1978 Treceto de la ENA se reforma como Bus Trece (Opus 13). Termina la escuela y comienza su carrera profesional con la Banda. Pasa nueve años grabando y haciendo giras internacionales con Opus 13.
  • 1987 Se une a Irakere, bajo la dirección del maestro del piano Chucho Valdés. Pioneros del jazz en Cuba, Irakere viaja ampliamente, presentandose en el Palacio de Bellas Artes en México, entre muchos otros conciertos que ofrecieron. Angá perfecciona su técnica de 5 congas.
  • 1994 Comienza su carrera como artista solista. Graba Pasaporte con Tata Güines, que gana un premio de Álbum del Año de EGREM, el equivalente de un Grammy cubano. Enseña clases magistrales, incluyendo talleres de verano de la Universidad de Stanford en California y la Universidad de Banff en Canadá. Establece una segunda sede en París; divide su tiempo entre Francia y Cuba. Comienza a trabajar con Steve Coleman, saxofonista experimental norteamericano.
  • 1996 Se une a Roy Hargrove – aclamado trompetista estadounidense – en el Festival Internacional de Jazz de La Habana. Graba Habana (ganador de un Grammy) con Roy Hargrove y Crisol. Se une a la banda de gira de Hargrove. Graba A toda Cuba le gusta con los Afro-Cuban All Stars de Juan de Marcos González, un álbum inter-generacional con los músicos más finos de Cuba; muy importante en la explosión de la música cubana a finales de los 90s.
  • 1997 Graba Genesis & The Opening of the Way con Steve Coleman.
  • 1998 De gira en Senegal e India con Coleman; graba y toca con músicos locales.
  • 1999 Graba Distinto, diferente con Afro-Cuban All Stars y The Sonic Records Language of Myth con Steve Coleman & Five Elements. Prodice el video tutorial “Anga Mania!” (que gana en 2000 el premio a Video de Percusión del Año de la revista Drum Magazine).
  • 2000 Graba Chanchullo con Rubén González (nominado al Grammy). Sale de gira con Rubén González. Graba A lo cubano con el grupo de hip hop cubano Orishas.
  • 2001 Figura clave en el álbum Cachaíto de Orlando ‘Cachaíto’ González, editado por World Circuit. Lidera la banda de Cachaíto en sus giras y es aclamado por la crítica. Visita México junto con Cachaito, para lanzar el disco a medios y en vivo.
  • 2003 Se muda a Barcelona. Graba Buenos hermanos con Ibrahim Ferrer (ganador de un Grammy y un Grammy Latino). Graba Mambo Sinuendo con Ry Cooder y Manuel Galbán (ganador de un Grammy).
  • 2004 Graba Flor de amor con Omara Portuondo (nominado al Grammy). Graba Buena Vista Social Club Presents con Manuel ‘Guajiro’ Mirabal. Gira internacionalmente con Omar Sosa – innovador pianista cubano.
  • 2005 Echu Mingua,  su primer disco como solista, es editado por World Circuit, con el elogio de la crítica.
  • 2006 Gira Echu Mingua en verano. En agosto del mismo año se muere de un infarto. Tenía solo 45 años.
 
Armando Garzón

Armando Garzón

Al igual que Benny Moré, su voz acaricia; similar a Barbarito Diez, es refinado, exquisito. Siguiendo a su gran amiga, Elena Burke, cree que la voz lo es todo. A diferencia de cualquier otro solista cubano, Armando Garzón es poseedor de una voz de contratenor perfectamente entrenada, que emplea para interpretar la indestructible lírica romántica latinoamericana; el bolero. Su carrera profesional se inicia como solista del renombrado coro El Orfeón en su natal Santiago de Cuba, donde desarrolló una fuerte pasión por la música religiosa europea, principalmente las obras de Scarlatti y de los compositores ingleses de los siglos 15 y 16. Es en los años 80 que deja la música clásica para realizar un disco junto con Pablo Milanés interpretando boleros y canciones cubanos. En su primer CD bajo el sello de Discos Corasón es acompañado por el Quinteto Oriente; una agrupación tradicional de Santiago de Cuba que lleva el bolero en sus venas y que nació en el seno de la trova tradicional. En su segundo CD Garzón se reunió con uno de los grupos más recios del son cubano, Los Guanches, para grabar un repertorio de boleros antiguos al ritmo del danzón pero con la instrumentación de la trova tradicional. Tras una larga gira en Francia y Holanda, a finales de 1999 lanzó su tercer CD; en el cual, acompañado por siete sobresalientes jóvenes, presenta un repertorio de música latinoamericana, desde la vieja trova, pasando por el ‘filin’ y la nueva canción. Bautizado por la prensa como ‘El Ángel Negro de la Voz de Terciopelo’, Garzón está considerado como el mejor cantante solista de Santiago, tanto en música clásica como en popular, por su excepcional voz de contratenor. Como resultado, se ha presentado en múltiples ocasiones en los festivales y teatros más importantes de México y Europa, entre ellos el Zócalo de la Ciudad de México, el Teatro Blanquita, el Festival Cumbre Tajín de Veracruz, el Teatro de la Ciudad de Aguascalientes y la Universidad de Guadalajara. En 2001, acompañado por el maestro Felipe Urbán y su Danzonera, Garzón sedujo profundamente a más de 50,000 personas en lo que fuera denominado como ‘el salón de baile más grande del país’: el Zócalo capitalino. Con un cautivador repertorio de danzones, Garzón regresó a Europa en 2002 para presentar una exitosa gira de más de dos meses que incluyó destacados foros y festivales europeos.

Orlando ‘Cachaíto’ López

Orlando ‘Cachaíto’ López

La familia López es sinónimo de contrabajo en Cuba. Su padre, Orestes, fue uno de los más extraordinarios contrabajistas, y hoy en día su tío Israel aún lo es; ambos aprendieron a tocar el contrabajo con su padre Pedro. En la década de los 30, los muchachos López re-escribieron la manera de tocar el contrabajo. Mientras Orestes al lado de Arsenio Rodríguez creaban el ritmo conocido como mambo; Israel, conocido desde siempre como ‘Cachao’, jugó un papel muy importante en el desarrollo de lo que hoy se conoce como descarga. En su infancia, ‘Cachaíto’ aprendió a tocar el violín, pero inevitablemente su pasión caería en el instrumento familiar. Su primer amor fue el danzón y a los doce años ya era parte de la Orquesta Riverside, una de las agrupaciones más importantes de esa época. Su tío le pidió entonces que se presentara ante la Orquesta de Arcaño y Sus Maravillas, una agrupación reconocida desde la década de los 30, el joven causó tal impresión que inmediatamente se unió a la orquesta. Este músico de tan asombrosa versatilidad, en los 60 comenzó a tocar música clásica con la Orquesta Sinfónica Nacional y era capaz de interpretar a Beethoven en las grandes salas de conciertos y en sus ratos libres tocar el contrabajo eléctrico en los grandes salones de baile. Sin embargo, su instrumento favorito es el contrabajo acústico, ya que una de sus grandes pasiones es el jazz, influenciado particularmente por Charlie Mingus. También perteneció a Irakere en los 60, contribuyendo a dar forma al jazz latino moderno. ‘Cachaito’ es siempre capaz de interpretar música cubana, música clásica o jazz con el mismo entusiasmo. Ha participado en innumerables grabaciones. En 2001, Cachaíto lanza su primer CD como solista, titulado simplemente Cachaíto. Cachaítoes un disco que rebasa toda expectativa. Si bien la base sobre la que se desarrolla toda la música es eminentemente cubana, la gama instrumental que la acompaña se entreteje de forma tal que el resultado arriba en nuevos territorios. El álbum es profundamente atmosférico, e incorpora una gran variedad de influencias que van del reggae, al jazz y a la cultura de los DJ’s, con una producción brillante que trastoca las formas tradicionales, reverberando a veces la sección de cuerdas, a veces la de los metales; aprovechando la libertad que la música cubana permite.

Rubén González

Rubén González

Rubén González pudo haber sido un pianista de música clásica o un doctor, pero se convirtió en una de las grandes figuras de la música popular cubana, con un estilo de interpretación que ha originado tendencias y establecido escuela durante más de medio siglo. Nacido en Santa Clara de Cuba en abril de 1919, Rubén creció en Encrucijada, un pequeño pueblo al norte de la Cienfuegos. Siempre quiso ser doctor, pero desde temprana edad fue evidente su extraordinario talento musical. Una vez al mes viajaba con su madre al Conservatorio de Cienfuegos para recibir lecciones de piano de Amparo Rizo, que rápidamente reconoció el talento del joven González y se propuso alentarlo. Rubén recuerda que le daba varias partituras y al mes siguiente volvía tocando todas las piezas. La maestra solía decir a sus otros alumnos: “todos ustedes viven a la vuelta de la esquina y no pueden aprender una sola pieza, y este niño que vive al fin del mundo aprende 25 piezas al mes”. Rubén demostró que su maestra estaba en lo correcto al graduarse a los quince años con las notas más altas. Por un tiempo siguió con su plan de ser doctor; estudiaba medicina de día y de noche tocaba en orquestas de charanga de Santa Clara. Su amor por la música popular cubana, en particular el son, lo persuadió en la música.

En 1941 abandonó sus estudios de medicina y se fue a vivir a La Habana para emprender una carrera musical de tiempo completo. Los años cuarenta en Cuba eran tiempos extraordinarios para la música. Rubén sostiene que todo lo que se oye en la música cubana actual viene de esa época. Más temprano que tarde Rubén empezó a tocar con las orquestas más importantes como La Paulina, el Conjunto Camayo, Los Hermanos, Raúl Planas y Mongo Santamaría. “En resumen he tocado con casi toda Cuba, desde Camagüey hasta Oriente, pero especialmente en Matanzas y La Habana”.

Por casualidad Rubén se mudó al barrio de La Habana donde vivía Arsenio Rodríguez, pionero director de orquesta y genio musical que revolucionó los ritmos cubanos en los treinta y cuarenta. Al escuchar a Rubén ensayar, le gustó su manera de acometer la improvisación e invitó al joven pianista a unirse a su conjunto. Arsenio se convirtió en una importante influencia para Rubén tanto en su manera de tocar como en su perspectiva frente a la vida, ya que le dio consejos invaluables. Le explicó que la clave para ser una gran pianista era dominar la síncopa cubana al tiempo que tocar desde el corazón. “No te preocupes por lo que hacen los demás. Trabaja tu estilo, cualquiera que sea; no imites a nadie, solo sigue así, para que la gente cuando oiga tu música diga: ese es Rubén”. Una recomendación que González ha seguido siempre.

En 1946 Rubén decidió que quería viajar; dejó el grupo de Arsenio para hacer una gira por Panamá y Sudamérica. Le presentó a Arsenio al gran pianista Luis ‘Lili’ Martínez para que lo reemplazara. Con ‘Lili’ Martínez y ‘Peruchín’, Rubén forma un trío de grandes pianistas que ayudaron a moldear el sonido de la música cubana.

A su regreso de Sudamérica tocó con diversos conjuntos, incluyendo al Kubavana de Alberto Ruíz y el de Senén Suárez, con quien actuó en El Tropicana. Rubén y ‘Peruchín’ formaron una especie de hermandad de pianistas negros que continuamente se pasaban trabajos el uno al otro.

Durante la primera parte de los sesenta Rubén se convirtió en el pianista de Enrique Jorrín (a quien se le ha atribuido la invención del chachachá), al que acompaño durante 25 años. Cuando murió Jorrín, a mediados de los ochenta, Rubén lo reemplazó brevemente como director de orquesta, pero no disfrutaba de las responsabilidades ligadas a este puesto y se retiró poco después.

Fue hasta 1996, con las ahora legendarias grabaciones con los Afro Cubans All Stars y el Buena Vista Social Club que Rubén volvió a tocar profesionalmente. Su piano había sucumbido ante la humedad y la polilla, y solía pasar de tiempo en tiempo por los estudios Egrem, para tocar ahí. Un memorable día de 1996, Rubén se encontró con el estudio en el que Juan de Marcos, Ry Cooder y Nick Gold de World Circuit graban los discos A toda Cuba le gusta y Buena Vista Social Club. Sentado al piano, Rubén se ganó la admiración de Nick Gold, quien se dio cuenta ahí mismo que se trataba de un intérprete especial que merecía un reconocimiento por méritos propios. Después de años sin piano propio, la emoción que le causó a Rubén re-descubrir su viejo toque y técnica era digna de verse. La música fluía de él como un torrente que impulsó a Ry Cooder a reconocerlo como “el mejor pianista que jamás haya escuchado en mi vida”.

En dos días se grabó el álbum de debut Presentando a Rubén González. (El tremendamente exitoso álbum Buena Vista Social Club, que ha vendido millones de ejemplares, se grabo también en esa notable semana.)

Lanzado en mayo de 1997 Presentando a Rubén González, situó a su autor como un virtuoso del piano y como un férreo guardián del son. La ejecución pianística de Rubén es un componente esencial de otros álbumes de la serie Buena Vista Social Club Presenta, como el de Ibrahim Ferrer (mayo de 1999) y el de Omara Portuondo (abril de 2000). Desde 1997 estas veteranas súper-estrellas, acompañadas de un grupo de músicos reconocidos mundialmente, han recorrido el mundo tocando para multitudes hechizadas en cada presentación.

En octubre del 2000 Rubén González regresó con un nuevo CD titulado Chanchullo, con un torrente más acelerado; música con un sentido singular: menos imponente y meticulosa, pero más poderosa, resuelta, vital y segura. Con su atmósfera de música en vivo (se trata de una grabación en estudio pero que refleja el sonido y propuesta de una actuación entre amigos), este álbum transmite la habilidad de su líder para abandonarse tan completamente al tocar que pierde cualquier sensación del tiempo, y la manera en la que Rubén transforma lo que a primera vista parece un paseo inocente por las melodías bailables cubanas en algo más extraño, profundo y personal.

Más que nunca estas canciones son la autobiografía de Rubén González. Su vida es fascinante, aún descrita en los términos más convencionales.

Rubén González se presentó cinco veces en México en los últimos años: dos veces como solista con su propia orquesta, una vez como invitado de Afro Cuban All Stars, una vez compartiendo el escenario con Omara Portuondo e Ibrahim Ferrer, y la última, sólo para hacer oficial su despedida del Buena Vista Social Club y de los escenarios.

Este es un homenaje al re-descubrimiento de Rubén, no sólo en términos de su éxito, sino en la capacidad interna de tocar con el vigor y la renovada inventiva a la que apuntaba su primer álbum. Aquí Rubén se mostró más poderoso, resuelto y vital, demostrando una seguridad que recobró en sus giras mundiales y en las grabaciones realizadas desde 1996. El triunfo de Buena Vista Social Club rejuveneció a Rubén, un pianista que no era de los que se quedaban quietos; feliz durante sus giras, él declaraba su deseo de presentarse ante el público hasta el último día de su vida…

Texto de World Circuit
Traducción de Ramón Vera Herrera

 

foto compay (Watermark World Circuit)

El armónico de Compay Segundo

“100 años de Compay” es una entrevista íntima con Máximo Francisco Repilado Muñoz, mejor conocido por el mundo como Compay Segundo. La conversación fue producida y musicalizada para radio por Eduardo Llerenas, para ser transmitida en el centenario del compositor de Siboney, quien nació el 18 de noviembre de 1907. Algo que queda claro durante la charla es que Compay no irrumpió a la fama a los 90 años con el fenómeno “Buena Vista Social Club”. Es exactamente al contrario: cuando convergen las coordenadas tiempo y espacio del disco ganador del Grammy en 1998, Compay ya era una leyenda que tuvo uno de sus auges (porque fueron varios) en los años 50 del siglo XX. Más aún: en los años 40 había tocado con potestades cubanas como Miguel Matamoros, Ñico Saquito y Benny Moré. Bueno, era tal el peso específico de Compay en la música de la isla, que cuando Ry Cooder lo conoce no dudó en llamarlo “El Jefe”. Pero estamos adelantando vísperas. La entrevista realizada por Eduardo Llerenas tuvo lugar en 1987, antes de que Compay siquiera imaginara que su talento quedaría registrado en el disco de “Buena Vista”. El escenario fue la casa del músico en la Calle Salud, en La Habana. En esa conversación fresca, Compay habla de cuando visitó México, en 1938, cuando Lázaro Cárdenas era presidente, “cuando la expropiación de los pozos petrolíferos”; recuerda que participó en dos películas: “Tierra brava”, dirigida por René Cardona, y “México lindo”, dirigida por Ramón Pereda. Además de que rememora con gusto, “Me comí ahí un mole de guajolote”, recuerda perfectamente que el platillo lo cocinó María Félix, además de que confiesa entusiasmado: “Tomé tequila y tomé pulque curado”.
Por su parte, Eduardo Llerenas enfatiza que en lo que duró la conversación, Compay abrazó su instrumento, ¿su guitarra? Es posible. Compay ofrece mayores datos del instrumento que siempre lo acompañó: “Soy creador de esta guitarra. Nadie toca esta guitarra más que yo. Tiene siete cuerdas. Tiene una pareja en sol, en octava, tiene dos cuerdas. No tiene cuerda sexta, tiene cuarta, porque va en octavo”. De hecho, la guitarra que Compay describe es el “armónico”, un instrumento inventado por él. En efecto, un híbrido de siete cuerdas entre la guitarra española y el tres cubano. Guitarra en su origen, o quizá sea mejor decir en su armazón, el instrumento aspira a imitar el timbre del tres adicionando una cuerda octavada en la tercera cuerda (sol). El resultado es el “armónico”, nunca un nombre tan apropiado para un instrumento, sobre todo cuando, al ser tocado por Compay Segundo, un mundo de eufonía inunda la atmósfera, con un sonido tan claro, “real”, que casi se podía cortar un pedazo de él y colgarlo en la pared dentro de un marco de hoja de oro.

Disfrútalo en:

https://itunes.apple.com/mx/album/buena-vista-social-club/id378188565?ign-mpt=uo%3D4

 

 

Omara Portuondo

Omara Portuondo

Omara Portuondo nació en La Habana, en octubre de 1930. Su madre provenía de una adinerada familia española y era de esperarse que casara con alguien de otra familia “de sociedad”. Ella, en cambio, huyó con el hombre que amaba: un beisbolista alto y apuesto del equipo nacional cubano. Para colmo era negro, y en la Cuba de entonces los matrimonios mezclados todavía fruncían ceños. “Mi madre ocultó siempre que se había casado con un hombre negro. Si se topaban en la calle tenían que ignorarse. Pero en casa recreaban lo que la sociedad les negaba —un refugio de paz y armonía. Se quisieron muchísimo”, recuerda Omara. Tuvieron tres hijos, y como en todos los hogares cubanos, estaba la música. No había gramófono pues no tenían dinero. Pero estaban las voces de los padres de Omara, que cantaban desde la cocina o al involucrarse en sus quehaceres cotidianos. Omara recuerda que sus canciones favoritas eran las de Ernesto Grenet y “La bayamesa”, de Sindo Garay. Ellos proveyeron sus primeras lecciones informales de canto y esas canciones siguen siendo parte de su repertorio hasta ahora. Cuando Haydeé, su hermana grande, se hizo bailarina del famoso cabaret Tropicana, Omara la siguió, tal vez por accidente. Un día de 1945, al elenco le renunció una bailarina dos días antes de un estreno importante. Tantas veces había visto Omara a su hermana mientras ensayaba, que se sabía los pasos, así que le pidieron entrar a la compañía. “Era un cabaret muy chic pero para mí era impensable”, recuerda Omara. “Era tan tímida que me daba pena enseñar las piernas”. Su madre insistió en que no podía defraudarlos y así comenzó su carrera de bailarina, formando incluso una famosa pareja de baile con Rolando Espinosa. De hecho, en 1961 Omara trabajó como maestra de danzas populares en la Escuela de Instructores de Arte. Hasta hace muy poco, todavía en 1998, Omara se presentó ocasionalmente en el Tropicana, aunque ahora como cantante, invitada especial.

La novia del sentimiento

Los fines de semana, Omara y Haydeé cantaban estándares de jazz con un grupo de amigos que incluían a César Portillo de la Luz, a José Antonio Méndez y al pianista ciego Frank Emilio Flynn. La gente los conocía como Los Loquibambia y el estilo que tocaban —una versión cubanizada de canciones de jazz con tintes ocasionales de bossa nova— empezó a ser conocido como feeling (sentimiento), o ‘filin’, como se escribía en castellano. En su debut radial, a Omara la presentaron como ‘Miss Omara Brown, la novia del filin’. Muchos cubanos todavía la conocen como “la novia del filin”. Omara recuerda que en ese entonces la música popular cubana tenía influencia de la música popular de una variedad de países, incluidos Argentina, Brasil y por supuesto Estados Unidos. Hacia 1952, Omara y Haydeé formaron un cuarteto vocal femenino con Elena Burke y Moraima Secada, dirigidas por la pianista Aída Diestro. Habrían de convertirse en uno de los grupos más importantes en la historia musical cubana y Omara permanecería en el Cuarteto Las D’Aída por quince años. La alineación original realizó tan sólo un sencillo para RCA Víctor en 1957. “Fuimos de gira por Estados Unidos y los arreglos vocales de Aída eran muy innovadores. Nos ovacionaron en todas partes y cuando Nat King Cole cantó en el Tropicana, cantamos con él”, dice Omara.

Su carrera de solista

En 1959 apareció su primer álbum como solista, Magia Negra. Fue toda una aventura pues la música cubana se imbricaba con el jazz e incluía versiones de “That Old Black Magic” y “Caravan”, de Duke Ellington. Aunque incursionó como solista, permaneció en Las D’Aída y dos años después cantaba con el grupo en un hotel de Miami cuando la crisis de misiles en Cuba ocasionó la ruptura de relaciones con Estados Unidos y comenzó el largo periodo de aislamiento cubano, por lo que retornaron a casa de inmediato. Continuó con Las D’Aída hasta 1967 cuando decidió proseguir su carrera como solista. “Tantas cantantes se habían ido al exilio que había un enorme hueco qué llenar”, cuenta Omara. La cultura cubana asumió mayor relevancia y se impulsaron activamente las artes mediante la creación de varias escuelas de música y arte. Muchos músicos talentosos emergieron de esas escuelas y tales artistas obtuvieron enorme respeto y un estatus dentro de la sociedad. Omara habría de representar a Cuba en los festivales internacionales de todo el mundo, al tiempo de mantener un alto perfil en su tierra natal. Los primeros años de la revolución fueron difíciles en la historia de Cuba, escindida de Occidente. En 1967, recuerda que casi toda la población cubana entró al sistema de conscripción en un intento por romper el récord de cosecha de caña de azúcar. “Todo mundo participaba en el corte de caña en los campos, y como artistas apoyamos a los trabajadores, cantándoles en los cañaverales”, recuerda ella. En la década de los setenta Omara cantaba con el principal conjunto de charanga, la Orquesta Aragón. Viajó mucho, apareciendo en varios países, incluidos Francia, Japón, Bélgica, Finlandia y Suecia. Durante los siguientes veinte años Omara hizo muchas grabaciones. Entre las mejores está un álbum grabado con Adalberto Álvarez en 1984, y dos álbumes, Palabras y Desafíos(con Chucho Valdés) para el sello español Nubenegra, a principios de los noventa.

Buena Vista Social Club

En 1996, durante las sesiones de grabación del álbum Buena Vista Social Club, para el sello World Circuit, Omara fue invitada a cantar un bolero y ella escogió “Veinte años”. Lo cantó con Compay Segundo y se convirtió en uno de los momentos más sorprendentes del álbum. Omara contó con muy pocas horas para grabar su pista, pues al otro día tenía que irse de gira a Vietnam. En la película Buena Vista Social Club, de Wim Wenders, hay un momento profundo cuando Omara Portuondo e Ibrahim Ferrer terminan de cantar la arrebatadora canción “Silencio”. La canción dice que si las flores en su jardín vieran su tristeza, seguramente se marchitarían y morirían. Al momento de sentir el aplauso del público, aflora una lágrima en los ojos de Omara. Ibrahim saca un pañuelo de su pantalón y gentilmente le seca la lágrima. Es una escena muy gustada por la forma en que Wenders captura el romance de la música cubana en una sola toma. Considerada frecuentemente como la Edith Piaf cubana, Omara Portuondo ha conmocionado a públicos diversos en los cabarets y centros nocturnos de La Habana. La apasionada y conmovedora modestia de su voz la tornan una querida figura en el ambiente musical de la isla. Y al igual que Ibrahim Ferrer, tuvo que venir el álbum Buena Vista para gozar de un mayor reconocimiento internacional. Omara continuó siendo parte de las legendarias presentaciones del Buena Vista en Amsterdam y en el Carnegie Hall de Nueva York. Apareció también en la secuela Buena Vista Social Club presenta… Ibrahim Ferrer.

Una nueva era

En 2000, salió a la venta Buena Vista Social Club presenta… Omara Portuondo,la tercera parte de la serie, un álbum que finalmente sitúa su expresiva voz en el centro del escenario, donde pertenece. Omara grabó con la orquesta soñada, que incluye a los músicos de Buena Vista Rubén González, Orlando ‘Cachaíto’ López, Manuel ‘Guajiro’ Mirabal y Jesús ‘Aguaje’ Ramos, más apariciones especiales de Eliades Ochoa, Compay Segundo, Manuel Galbán e Ibrahim Ferrer. El álbum fue recibido con gran aclamación y condujo a Omara a una gira mundial 2000-2001 con las estrellas de Buena Vista Rubén González e Ibrahim Ferrer, lo que dio oportunidad de que una nueva generación de fanáticos viera en concierto a este ilustre trío. En 2001 Omara recibió otro importante reconocimiento cuando fue la primera cantante cubana invitada a presentarse en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México. Con Casa llena, Omara deleitó al público mexicano, tanto a la gente que la conocía junto con Elena Burke, como a la que recientemente la había ‘descubierto’. En 2002 Omara realizó una extensa gira mundial, apareciendo por toda América del Norte y Europa. En el otoño se presentó en el Jazz Festival de Japón, y cantó acompañada por músicos como Michael Brecker, Herbie Hancock, John Patitucci, Wayne Shorter y Danilo Pérez. En 2003, su presentaciones europeas la llevaron a festivales, incluida su aparición en el legendario Festival de Glastonbury, Reino Unido, en la Sección One World. Después viajó a Canadá y Estados Unidos, en otoño, junto con su banda, que cuenta con músicos como Papi Oviedo en el tres, Rolando Baro en el piano y Fabián García en el bajo.

El futuro

En septiembre de 2003, Omara retornó a los estudios egrem para grabar su segundo álbum solista para World Circuit. En la producción, se unió a Nick Gold Alê Siqueira, un brasileño cuyo trabajo con Carlinhos Brown, Caetano Veloso y Tribalistas, ganadores del Grammy Latino, le han dado reputación de ser uno de los productores más buscados del país. El aclamado ingeniero Jerry Boys y el renombrado músico y productor cubano, Demetrio Muñíz, completan el equipo de producción. Flor de Amormarca un viraje para Omara Portuondo, pues revela un lado mucho más rico y sutil en la textura de su sonido. En este álbum, la dama de Buena Vista Social Club es acompañada por los más renombrados músicos cubanos de Buena Vista Social Club quienes, en combinación con un selecto grupo de músicos brasileños, le confieren al álbum su estilo distintivo. Omara suena ahora realmente majestuosa en estas nuevas pistas que muestran la riqueza y madurez de una ejecutante de soltura y talento sorprendentes. El álbum exhibe también un aspecto más introspectivo del carácter de Omara, y ofrece a quien lo escucha la posibilidad de descubrir un rango mayor en los materiales y estilo que Omara maneja. Las canciones son interpretaciones nuevas de un repertorio clásico, una colección de viñetas maravillosas, y cada selección es única y especial. Nunca hay que dormirse en sus laureles y Omara retornará a los escenarios europeos en mayo y junio de 2004. Sonando tan bien como siempre, se encuentra en su elemento cuando canta en vivo, lo que cautiva a los públicos internacionales con una presencia gloriosamente impactante. Es en verdad una embajadora de la cultura cubana en todos los continentes.

Texto de World Circuit
Entrevista por Francois-Xavier Gomez, editada y revisada por Dave McGuire
Traducción de Ramón Vera Herrera
Los Jubilados

Los Jubilados

Los nueve músicos que integran Los Jubilados cuentan que, en 1997 se formaron como grupo musical por dos razones: por un lado fue por la necesidad y por otro, su opinión de que los jóvenes a quienes habían dejado paso, no tocaban esta música tan bien como ellos. Así regresaron a las tablas, empezaron a tocar los viejos sones y boleros de su generación, e inmediatamente empezaron a ganarse públicos de edades e historias muy diferentes. No se trata tanto de la grata sorpresa de ver a nueve viejos — varios bisabuelos entre ellos — moviendo las caderas en el escenario y preguntando, con voces roncas de tanto bien vivir, “¿quién será la dueña de mi amor?”, sino se trata de un arsenal acumulado de talento y una gran capacidad para interpretar una música que, al final de cuentas, marcó el siglo 20 no una, sino dos veces. “Mi maestro es la calle,” dice el director de Los Jubilados, Mario Caracasés, “eso no se aprende con papeles, está en las venas, en la sangre.” De joven, cuando el son se tocaba en grupos de cuatro o cinco músicos, Mario andaba en la calle, escuchando a los buenos, “buscando la calidad.” “Es una gracia que uno tiene aquí en el cuerpo, en la mente.” Con la llegada de las orquestas de baile, se fijaba en Bienvenido Granda, en Chapottín, en la Orquesta Aragón, entre otros. Como los demás integrantes de Los Jubilados, Mario pertenecía a las orquestas más importantes de su natal Santiago de Cuba y fue fundador del Cubanero, donde hacía segunda voz a la primera de Juan Gualberto ‘Bebeto’ Ferrer, a quien sigue acompañando, medio siglo después. Cero Farandulero, el primer disco de Los Jubilados, grabado poco después de su formación, ganó el Premio Especial Cubadisco 1999 y ahora el grupo empieza a recorrer los mismos teatros y festivales que son las segundas casas de los miembros del Buena Vista Social Club. En su primera gira por México, en mayo de 1999 hicieron llorar a Oscar de León, y conquistaron al público mexicano en la calle, en los salones de baile y en los teatros neoclásicos del Bajío. En el 2000, Los Jubilados regresaron con un segundo CD, ¡Óyeme Cachita!; un disco con más potencia, con más swing, como dicen en Santiago. Aunque cuatro integrantes del grupo son compositores reconocidos, para este disco interpretan 13 temas de su juventud, que reinventan con un estilo muy propio y, por lo menos en Santiago de Cuba, claramente identificado con ellos. El concepto de tocar ‘covers’, no existe entre los buenos soneros de Cuba porque cambian los arreglos, las letras y el espíritu de cada son según su propia inspiración. Cuando Afro Cuban All Stars toca “Alto Songo” se puede escuchar toda la sofisticación de una gran orquesta habanera. El mismo son interpretado por Los Jubilados es otra cosa; las letras improvisadas, la descarga en trompeta y tres, los coros y la instrumentación están directamente conectadas a la energía y la espontaneidad del puerto de Santiago. El son original ofrece la estructura musical sobre la cual el cantante se lanza, espontáneamente, a contar historias reales e imaginadas del señor que fue lechero, carbonero, funerario y boticario hasta llegar a ser un cantante internacional. Del autor de “Alto Songo”, Luis ‘Lilí’ Martínez, Los Jubilados interpretan cuatro sones más: “Quimbombó”, “Camagüey”, “Busco a otra” y “Rompe saragüey”, este último un afro-son que está profundamente inspirado en la santería. Considerado como uno de los pianistas cubanos más importantes del siglo 20, Lilí nació en Guantánamo, donde se hizo músico sin clases ni pentagrama. Igual que Rubén González, Lilí fue, durante varios años, el pianista de la orquesta de Arsenio Rodríguez. En este disco hay dos pregón-sones, género muy favorecido entre los soneros santiagueros, quienes evocan, a veces con doble sentido, el espíritu de los vendedores callejeros de mangos, cacahuates, dulces y muchos más productos apreciados en la vida diaria. “El panquelero” es tal vez el mejor conocido de estos dos, aunque “Camaroncito seco” se interpreta mucho en la Casa de la Trova de Santiago de Cuba. Entre los bolero-sones (“un bolero al que ponemos un estribillo para hacerlo más guapachoso,” explica Mario) están dos clásicos: “Quien será” de Arsenio Rodríguez y “Murmullo” de Electo Rosell, ‘Chepín´. Los Jubilados tratan los dos temas con una irreverencia típica de ellos e, inconscientemente, los inyectan con sangre nueva. “Murmullo” abre con un tono casi cursi, su suave melodía apoyada en una trompeta con sabor a Hollywood de los años 50, para luego romper con un montuno escandaloso:

Ponla aquí ponla allá
ponla donde quieras
pero pónmela

La historia se repite en “¿Quién será?” Bebeto empieza preguntando, con mucha pasión y seriedad, quién será la dueña de su amor. Justo cuando las parejas han sido seducidas por esta pregunta universal, llegamos al estribillo que es prueba cabal de la gran imaginación santiaguera:

los reyes del cielo te van a traer,
un muñequito que te haga reír.

Los Jubilados de igual manera dejan su huella, en otro tema clásico, “Suavecito”, el son compuesto por Ignacio Piñeiro en 1930. Al principio respeta la letra y el espíritu del son original pero el montuno rompe de nuevo con lo que el público hubiera esperado y el coro canta un contagioso estribillo que lo distingue fuertemente de la versión habanera: suave nena, suave, suavecito… muy a lo santiaguero. El bolero “La virgen de Guadalupe” es una composición de un viejo trovador de Santiago, Gerbert Bordes, quien nunca ha visitado México. Conocido localmente por su gran imaginación, lo compuso a petición de su hijo quien trabaja en una ONG y quería dedicarlo a sus colegas mexicanos. Padre e hijo investigaron la historia de la Virgen y Gerbert compuso el bolero. Finalemente, la guaracha que da título a este CD, “Cachita”, conocida composición del borinqueño Rafael Hernández, no era parte del repertorio original de los veteranos sino que lo montaron hace poco, a petición de los múltiples extranjeros que visitan Santiago de Cuba para escuchar su música. Cada una de estas selecciones está marcada por las sobresalientes descargas en la trompeta y el tres, apoyados en la línea percusiva en la cual la participación de Mario en las maracas y Bebeto en los claves es también notable. Jerónimo Ibarra, ‘Alemán´, no descuida tampoco su participación en los bongoes y de nuevo nos da muestra de tremendas descargas en “La ruñidera” y “Cachita”. Para este disco Los Jubilados invitaron al trompetista más importante de Santiago, Carlos Thomas Brown, solista de la Banda Municipal de Santiago, donde Compay Segundo empezó su carrera musical. Tiene una capacidad notable de captar el sentimiento de cada selección: desde la energía frenética de Alto Songo a la entrada sentimental de Murmullo. Transmite con mucha claridad la pasión y el humor de los músicos que acompaña. Para el tresero, Rafael Lafarguez, mejor conocido como ‘Tangañica’, ésta resultó ser su última grabación. Falleció, inesperadamente, después de una embolia, dos meses después de dejar esta demostración de su gran talento. Su inteligencia y sensibilidad fueron claves para el grupo. Este disco está dedicado a la memoria de él. En 2001 aparece su tercer CD, No Tiene Telaraña,así titulado por el muy movido son que abre el disco. A pesar de ser una composición muy vieja del trovador santiaguero Rosendo Ruiz, habla muy claramente de Los Jubilados hoy en día: nueve músicos experimentados que presentan un repertorio añejo interpretado con gran frescura, energía y creatividad; limpio de polvo y telarañas que pudieran obstruir una música simplemente nostálgica. Con este su tercer CD, Los Jubilados encuentran una energía todavía mayor que en sus dos discos previos. Con la notable excepción de “Juramento’”, composición clásica de Miguel Matamoros, no hay boleros en esta producción; el énfasis está en esta música que invita a bailar, a olvidarse de los pormenores estresantes de la vida cotidiana, y adentrarse en el regocijo. Entre los números muy movidos se encuentra la guaracha “Pare cochero”, misma que incluye una improvisación sonera de Bebeto, y tres guaguancós, el género que sale de la rumba tradicional para tomar su lugar en la pista de baile sonera. Entre los temas más conocidos se encuentra el gran pregón son, himno a la vida callejera de Santiago de Cuba, “Harina de maíz”; y entre las composiciones del propio grupo está “Mi son santiaguero”, del fallecido tresero Rafael Lafarguez ‘Tangañica’, Actualmente el tresero es Fidel Lino Pérez Massó, músico muy conocido en la Casa de la Trova de Santiago de Cuba; el trompetista, quien se integró al grupo desde el segundo CD, es el virtuoso solista santiaguero Carlos Thomas Brown. Los percusionistas son ya bien conocidos, pues han estado en las dos giras anteriores: Gerónimo Ibarra en los bongoes y Jesús Estrada en la tumbadora. El guitarrista es otro veterano del grupo, Jorge Ribeaux, igual que el cantante que comparte las primeras voces con Mario y Bebeto: Hermelino Visset. El bajista Luis La Rosa, quien cuida su instrumento como a su vida, ha estado con Los Jubilados desde sus inicios, y son sus palabras, comentadas a un periodista mexicano durante la gira anterior, las que captan el espíritu de estos entrañables veteranos: “Los Jubilados lo único que ofrecemos es música buena que busca ser más buena cada día para que quien la escuche se sienta bien. Nuestra aspiración es sólo eso: ser cada día mejores y hacer cada vez mejor música.”

Ibrahim Ferrer (1927-2005)

Ibrahim Ferrer (1927-2005)

Ibrahim Ferrer fue el cantante del Buena Vista Social Club, el grupo de veteranos músicos cubanos que se vieron lanzados a la fama internacional a finales de la década de 1990, cuando el mundo re-descubrió la música de la isla. Ibrahim era un hombre afable y sencillo, y la fama que gozó en sus últimos años no alteró su carácter. Su vida es la historia de un hombre de gran sensibilidad y entereza. Nació el 20 de febrero de 1927 en San Luis, cerca de Santiago, en el oriente de Cuba, cuna también de una buena parte de los géneros musicales cubanos, como el son tradicional, que funde vertientes españolas y africanas, o el elegante danzón, de influencias europeas. Su madre estaba en un baile cuando sintió los primeros dolores de parto, e Ibrahim solía decir que había sentido el ritmo del son desde el vientre materno. Creció en el legendario barrio de Los Hoyos en Santiago, famoso por su conga en tiempos de carnaval y por haber dado muchos de los mejores músicos de rumba y son que la isla ha tenido; un barrio bravo donde la santería y la música son parte integral de la vida cotidiana de la comunidad. Ya huérfano a la edad de doce años, Ibrahim trabajó vendiendo dulces en la calle para sostenerse. Su carrera musical comenzó un par de años más tarde, cuando formó con un primo el grupo Los Jóvenes del Son para amenizar las fiestas del barrio. Los primeros pesos ganados de esta forma le dieron satisfacción. Trabajó como carpintero y cargador en el muelle, pero en Santiago lo importante era el son, y pronto empezó a tocar de forma regular en las fiestas y carnavales de la región. La gente comenzaba a notar a Ibrahim a finales de los años cuarenta, cuando estaba desarrollando su talento con varios grupos, como el Conjunto Sorpresa, el Conjunto Wilson y el grupo de Pacho Alonso. En 1955 tuvo un hit, “El Platanar de Bartolo”, con la Orquesta Choppín Chóven, el grupo más famoso de Santiago en aquel momento. Con ese impulso se fue a La Habana en 1957, donde trabajó con la famosa Orquesta Oriental y con el gran Benny Moré antes de reunirse con Pacho Alonso para formar el grupo Los Bocucos, cuyo nombre tomaron del tambor que se usa en Santiago durante el carnaval. En estas actuaciones, Ferrer cantaba sobre todo guarachas y sones con un gran talento para las improvisaciones rítmicas de estos estilos musicales, lo que por otro lado no le dejara espacio para satisfacer su ambición de cantar las melodías más íntimas y pausadas de los boleros. A principios de la década de 1960, los Bocucos visitaron Europa y tocaron en París, Praga, y Moscú, donde Ibrahim habló con Nikita Kruschev en vísperas de la crisis de los misiles de Cuba. “Me preguntó cuál era mi opinión sobre el conflicto, pero habíamos estado fuera de gira durante dos meses y yo no sabía de qué me estaba hablando”, recordaba Ibrahim. Aunque la imposición del bloqueo estadounidense recortaba severamente las posibilidades de tocar fuera de Cuba, Ferrer pensaba que la situación política había sido positiva para su desarrollo musical: “como no estábamos tocando para turistas, había una mayor identificación entre los músicos y el público”. Ibrahim Ferrer permaneció con los Bocucos hasta su jubilación en 1991. Después de retirarse de la música, complementaba su pensión vendiendo boletos de lotería y lustrando zapatos. De pronto, una tarde en 1996, durante las sesiones con los músicos del Buena Vista, Ry Cooder preguntó si habría algún cantante con una voz suave para cantar un bolero. Juan de Marcos González pensó inmediatamente en Ibrahim y lo fue a buscar a su casa. “Al principio no estaba interesado”, dijo Ferrer. “Había sufrido mucho en la música. Me sentía, no sé cómo decirlo… desilusionado de mi vida en la música. Pero Juan de Marcos insistió y yo consentí grabar una canción. Le dije que no podía ir a ningún lugar sin prepararme antes, pero me contestó: ‘¡No, no, están grabando ahora!’ Así que dejé los zapatos que estaba lustrando y me fui con él para los estudios Egrem”. ”Cuando llegamos al estudio de grabación, allí estaban Rubén González y Compay Segundo con Eliades Ochoa, Barbarito Torres, ‘Guajiro’ Mirabal, gente a la que yo había admirado toda la vida. Empecé a tararear mientras Rubén González improvisaba en el piano, y para mi sorpresa me di cuenta de que lo podía seguir. Eliades Ochoa me vio y empezó a tocar la melodía de Faustino Oramas que yo cantaba, ‘Ay Candela’. Ry Cooder y Nick Gold estaban en el cuarto de control. Yo no sabía quienes eran, pero parecía que mi voz les gustaba. Y cuando canté el bolero ‘Dos Gardenias’ de veras se fijaron en mí. Todavía no puedo creer que fui allí a grabar una canción y al final canté en casi todas. ¡Y me habían escogido como cantante de boleros!” A la vez que grababa el disco Buena Vista Social Club, que ganó un premio GRAMMY y vendió más de 8 millones de ejemplares, Ibrahim Ferrer cantó en el disco de Afro Cuban All Stars A toda Cuba le gusta. En 1997 Ibrahim fue uno de los cantantes en la gira europea de Afro Cuban, y después fue vocalista en las subsiguientes giras del pequeño grupo de Rubén González. Ibrahim regresó a Egrem a grabar su disco como solista, Buena Vista Social Club presenta a Ibrahim Ferrer, que vendió 1.7 millones de ejemplares. El disco, producido por Ry Cooder, demostraba la formidable destreza del cantante en las improvisaciones soneras, y establecía de forma definitiva su dominio del género del bolero con melodías como Silencio, el candente dúo con Omara Portuondo. El disco dio el material para la película de Wim Wenders, Buena Vista Social Club, cuyo retrato del cantante sorprendió y conquistó al público internacional. Ahora sí, Ibrahim Ferrer irrumpió en los escenarios del mundo: durante los siguientes siete años visitó Norteamérica, Europa, Asia, Sudamérica y Australia. El grupo que lo acompañaba era el de sus sueños, con músicos de la estatura del gran trompetista Manuel ‘Guajiro’ Mirabal o ‘Cachaíto’ López, reconocido como el mejor bajista de la Cuba actual. Cada vez más solicitado, Ibrahim grabó un dueto con Damon Albarn para un disco de Gorillaz, y cantó en español sobre las voces en wolof de un disco de la Orquesta Baobab. Su apertura hacia otros pueblos y su música, aunada a su increíble versatilidad, le permitían adaptar su estilo a otros tipos de música. Su reciente fama lo llevó a conocer a personalidades internacionales del cine y de la música, y a varias cabezas de estado. Al mismo tiempo que se establecía de forma definitiva en la historia musical y triunfaba como músico profesional, Ibrahim era, en palabras de Nick Gold, “el más espiritual de los Buena Vista”. Era devoto de San Lázaro, el santo que representa a Babalú Ayé en la santería cubana, y le tenía un altar en la sala de su casa. También llevaba siempre consigo un bastón tallado en ébano que había sido de su madre. Ibrahim no se preocupaba de lo que podría parecer superstición, y decía que la fe siempre lo había acompañado, en los tiempos buenos y en los malos. Que estos tiempos eran buenos lo indicaban los discos de oro que llenaban una pared entera de su casa. “Y pensar que antes no me habían dejado cantar boleros”, decía. “Les parecía que mi voz no servía para el bolero. Que no era varonil. Pero gracias al Buena Vista, se me abrió un camino adelante y pude llegar al lugar en el que tenía que estar”. En 2003 salió el disco Buenos hermanos, que ganó el GRAMMY Latino en la categoría de música tradicional tropical y el premio MOBO, otorgado en Gran Bretaña. En 2004, Ibrahim Ferrer recibió el premio de Radio 3 de World Music de la BBC, en la categoría de música de las Américas. El mismo año, Buenos hermanosganó el GRAMMY internacional en la misma categoría en que había ganado su GRAMMY latino un año antes. En un evento que provocó la crítica de medios de comunicación y personalidades de todo el mundo, los músicos cubanos no pudieron viajar a Los Ángeles a recibir su premio, pues el gobierno de los Estados Unidos les negó el visado de acuerdo a sus leyes seguridad nacional. En La Habana, un mural muestra a Ibrahim Ferrer y cita sus palabras “¡Y ahora dicen que somos terroristas!” Finalmente Ibrahim había llegado a un momento en su carrera en el que podía hacer lo que quisiera. Para su siguiente proyecto, quería dedicar un disco al bolero, el género que lo había aguardado tanto tiempo. Con un grupo muy íntimo, formado por el pianista Roberto Fonseca y con la participación de Manuel Galbán y Cachaíto López, empezaron a grabar en 2004 en los estudios EGREM en la Habana. Para prepararse para el lanzamiento del disco, el grupo que lo acompañaba en las giras empezó a incorporar más boleros a su repertorio de concierto. También empezaron a trabajar grabando ‘demos’ de las piezas que querían grabar para completar el disco. Antes de terminar las sesiones de grabación, Ibrahim y su grupo salieron hacia Europa para presentar los boleros en vivo. Fue su primera oportunidad para mostrarle al mundo algunas de las piezas que aparecerían en el nuevo disco. Al regresar a La Habana al final de la gira, en el verano de 2005, Ibrahim cayó enfermo e ingresó al hospital. Moriría el 6 de agosto, a la edad de 78 años. Consciente de que el tiempo se le acababa, Ibrahim pidió que las grabaciones de los boleros salieran en el disco para el que estaban destinadas.

Por Dave McGuire
World Circuit
Traducción de Ramón Vera Herrera