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Sierra Maestra

Sierra Maestra

Sierra Maestra es una de las bandas líderes del son de Cuba, y fue instrumental en el renovado interés por el género a finales de los 70s y 80s. También es muy bien conocido por ser el grupo que lanzó las carreras de Juan de Marcos González y Jesús Alemañy, dos de las figuras más importantes en el desarrollo de la música cubana en los años postreros del siglo veinte. Nombrado por una cadena montañosa del este de Cuba que es la cuna del son, el objetivo del grupo era revivir y re-introducir este estilo de música popular de la Cuba de los 20s y 30s para las audiencias contemporáneas. En 1976 Juan de Marcos se juntó con sus compañeros de la Universidad de La Habana para investigar y recrear el son clásico, que creían moriría si no llegaba a una audiencia nueva, más joven. Estudiante de música y sobrino de un trompetista del Tropicana, Jesús Alemañy se unió al grupo en 1978. El grupo se fue directo a la fuente y rastreó a varios músicos del periodo en cuestión, incluyendo a los miembros sobrevivientes del Septeto Nacional; de Marcos incluso estudió tres con el gran Isaac Oviedo (padre de Papi), en un tiempo en el que el instrumento estaba particularmente fuera de moda. Con la alineación a la antigua de tres, guitarra, trompeta, bongo, güiro, voces, pero con la adición de más percusiones y bajo eléctrico, el sonido de Sierra Maestra recibió un sello moderno y se convertiría en la sensación en los festivales anuales organizados por las universidades de Cuba. La fama nacional llegó pronto, con el grupo apareciendo en varios festivales televisados a finales de los 70s, y recibiendo el cuarto lugar en la competencia de música caribeña Carifesta, que se realizó en La Habana en 1979. Los peinados afro del grupo y los pantalones acampanados, combinados con el repertorio de canciones tradicionales principalmente acústicas, resultó dramáticamente diferente de la nueva trova y a la canción popular sudamericana que muchos de sus compañeros estudiantes estaban escuchando, y este factor de ‘novedad’ sólo sirvió para realzar su popularidad. Después de ganar el concurso de talentos televisivos Todo El Mundo Canta, grabarían su primer LP para Egrem en 1980. Sierra Maestra llegó con el guanjano lleno recibió un disco de plata al año siguiente y varios premios de la industria; 1981 también fue el año de su primera gira internacional, a Nicaragua. Sierra Maestra grabó su segundo álbum Y soy así en 1982, ganando el premio Girasol al grupo más popular; regresaron a Nicaragua y viajaron a Angola en ese mismo año. En 1983 comenzó a despegar la carrera internacional del grupo, ganaron el premio de danza Benny Moré otorgado por el festival del mismo nombre, después viajaron a Europa para dar conciertos en Suecia y Francia; se presentaron en el 4to Festival Helsinki de la Canción en Finlandia y el Festival Internacional de Cine de España, a donde retornarían varias veces a lo largo de los años. También en 1983 Sierra Maestra grabó el soundtrack para la serie cubana de televisión Las impuras; en los 90s una canción suya fue incluida en la película The Milagro Beanfield War de Robert Redford; y en 2000, otra en la película francesa Salsa. En los 80s y 90s Sierra Maestra continuó grabando y haciendo giras alrededor del mundo, tocando para audiencias de Europa, África, Asia y Norteamérica. En 1994 el grupo grabó su primer álbum para World Circuit y Discos Corasón, ¡Dundunbanza!, un tributo el legendario compositor cubano y líder de banda Arsenio Rodríguez, a quien la banda hace homenaje en un número de canciones con una alineación extendida que incluye piano, congas y una sección de trompetas. Ya con distribución internacional, el grupo fue expuesto a una audiencia aún más vasta, y se hizo merecedor del elogio de la crítica tanto por sus grabaciones como por sus presentaciones en vivo. 1996 devino un año crucial para Sierra Maestra, pues miembros clave del grupo se involucraron en otros proyectos. El virtuoso de la trompeta Jesús Alemañy dejó el grupo para fundar el exitos conjunto Cubanísimo, que continuó con el tema de recrear tonadas antiguas con una interpretación moderna. Aunque aún parte del grupo, Juan de Marcos González fundó el Afro-Cuban All Stars y fue una figura instrumental detrás del disco de Buena Vista Social Club, dos álbumes centrales en la explosión de la popularidad de la música cubana hacia el final de los 90s. Con Alejandro Suárez a cargo de la dirección musical del grupo, Sierra Maestra lanzó su segundo álbum para World Circuit, Tíbiri Tábara, que celebra los 20 años de la agrupación con una enardecida colección de canciones de un nuevo repertorio expandido. Este álbum fue la canción del cisne de Juan de Marcos, pues dejaría el grupo para volverse líder de tiempo completo de Afro Cuban All Stars. Con una nueva alineación, Sierra Maestra lanzó su último álbum Son: Alma de una Nación en 2005 y sigue adelante con una intensa agenda de giras y tan popular como siempre.

Texto de World Circuit
Traducción de Mariana Delgado
 
Septeto Habanero

Septeto Habanero

75 años después, el grupo que por primera vez llevó el son cubano alrededor del mundo sigue sonando y agitando en toda La Habana. El falsete con tremendo sentimiento de Manuel Furé -quien recibió la dirección del Septeto directamente del original vocalista Gerardo Martínez en 1958- asegura que el son cubano, en su expresión más apasionada, siga hoy en día como uno de los grandes estilos de la música popular de este siglo. El Septeto Habanero junto con el Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro, fueron los lanzadores originales del boom de la música cubana, que en los años 20s, 30s y 40s arrasó en las pistas de baile, desde Puerto Rico hasta Shanghai. Desde su nacimiento en 1920, el habanero ha producido más de 100 grabaciones. A pesar de que en la actualidad ninguno de los integrantes originales sobrevive, Manuel Furé retiene la sensualidad musical distintiva del Septeto ancestral, en particular con su voz de sonero de gran cepa, difícil de encontrar en la actualidad.

Manuel 'Guajiro' Mirabal

Manuel ‘Guajiro’ Mirabal

Nacido el 5 de mayo de 1933 y bautizado Luis Manuel Mirabal Vázquez, se le conoce profesionalmente como ‘Guajiro’ – un término retozón que se traduce mejor como ‘pueblerino’. “Fue Tito Gomez quien me lo puso” explica Guajiro. “Cuando estaba tocando en la Orquesta Riverside en 1960, él preguntó ‘¿Eres de por aquí, de La Habana?’ Yo dije ‘No, de un pueblo en la provincia de Habana’. ‘Ah, ¡pues eres un guajiro!’ Y desde entonces he sido Guajiro.” Su padre era director de la banda municipal de Melena del Sur, un pequeño pueblo en las afueras de la capital, así que el joven Luis Manuel estuvo inmerso en música desde una temprana edad, aprendiendo sentado en la rodilla de su padre y escuchando a su hermana estudiar canto y piano. Él satisfizo su curiosidad probando algunos instrumentos de la banda, incluyendo el clarinete y el saxofón, antes de decidirse por la trompeta a los once años de edad. La trompeta es un instrumento que conlleva un gran prestigio y es particularmente importante dentro de la música cubana, y Guajiro desarrollaría un estilo de interpretarla que es distintivamente cubano. Para deleite de su padre, le tomó gusto prodigiosamente rápido, volviéndose un profesional apenas siete años después con el Conjunto Universal, una banda tradicional cubana que tocaba en pequeños locales alrededor de la ciudad. Para 1953 él estaba puliendo sus talentos con la banda de jazz Swing Casino, una de las muchas bandas de estilo estadounidense que florecieron en la isla cuando aún era un patio de recreo para los norteamericanos ricos, seguida por la Orquesta Casino Parisien en el Hotel Nacional. Inquieto y en busca un cambio, fundó el Conjunto Rumbavana en 1956, una agrupación que tocaba son cubano, guaracha y mambo en casinos, clubes nocturnos y carnavales a los largo y ancho de Cuba y más allá. El éxito llegó rápido: con los cantantes estrella Lino Borges y Raúl Planas, Rumbavana fue una gran banda que catapultó a varios de sus miembros al estrellato. Guajiro dejó el grupo justo antes de que éste se embarcara en una segunda fase internacional, para asumir una primera residencia con la Orquesta Riverside en el reconocido club Tropicana, en 1960. En 1967 Guajiro comenzaría otra asociación musical de largo alcance como miembro fundador de la pionera Orquesta Cubana de Música Moderna, con la que permaneció por veintitrés años. Encabezada por el saxofonista Armando Romeu, Música Moderna fue la plataforma de lanzamiento de varias figuras principales del jazz cubano, incluyendo al percusionista Guillermo Barreto, al trompetero Arturo Sandoval, Paquito D’Rivera en cornos, Juan Pablo Torres en el trombón y los pianistas Gonzalo Rubalcaba y Chucho Valdés. El grupo experimentó exitosamente con formas musicales que abrazaban los ideales clásicos y tradicionales, y estuvo muy presente en las bandas sonoras del cine cubano a fines de los sesentas y mediados de los setentas. Durante ese tiempo, Guajiro también hizo giras independientes con Óscar de León y José Feliciano. En 1973, bajo el liderazgo de Demetrio Muñiz, Guajiro retornó al que se convertiría en su hogar, el Tropicana. Por los próximos 30 años, con el buen amigo Luis Alemañy siempre a su lado, Guajiro permanecería en la orquesta Tropicana, hasta que las intensas giras internacionales lo obligaran a renunciar a su puesto en 2003. Con un elenco selecto de más de treinta de las grandes estrellas de Cuba, las históricas sesiones de descarga de Estrellas de Areíto se realizaron en 1979, presentando a Guajiro. Estas grabaciones pronto adquirieron un status legendario entre músicos y conocedores, y saldrían al mercado internacional editadas por World Circuit y Discos Corasón en 1998. Ampliamente considerado como un músico de músicos, el lugar de Guajiro en los anales de la música cubana está más que asegurado ahora. Menos conocido quizás es el hecho de que Guajiro es un miembro de alto rango tanto de la banda ceremonial de la Milicia Revolucionaria Nacional y de la Banda de Generales de la Armada Cubana. Por años, él ha tocado en las ceremonias de bienvenida de numerosos jefes de estado, agraciando la pista del aeropuerto de La Habana con fanfarrias ensordecedoras. También ha sido un profesor activo que con frecuencia ofrece gratuitamente su pericia a estudiantes merecedores. “Es un trabajo que hago sin ningún interés en el dinero, pero con el interés de ayudarlos a estudiar”. Entre sus estudiantes estaban Yaure Muñiz, quien aparece en el álbum de solista de Guajiro, y Miguel De La Hoz, quien aparece en el último lanzamiento de Omara Portuondo, colega de Guajiro en Buena Vista Social Club. Estas ocupaciones, junto con la considerable dedicación a su arte, le han rendido reconocimientos en Cuba y más allá por su contribución a la música cubana, incluyendo un premio de la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba). Recientemente incluso actuó en Washington para la Misión Diplomática de las Naciones Unidas. Guajiro es un hombre de pocas palabras cuando se trata de música, que prefiere dejar que su trompeta hable por él. Tiene una fe inquebrantable en la relevancia y la vitalidad de la rica herencia musical cubana, y aunque encuentra que el resurgir de Buena Vista es gratificante, no parece particularmente sorprendido por el astronómico éxito de la banda. “La música para mí siempre ha sido música cubana, no la música de hoy, sino los viejos estilos, y siempre me he dedicado a eso, a tocar lo que tengo que tocar. Amo la música cubana y se siente realmente bien hacerla en estos días con Buena Vista. Hago lo que puedo, y cada miembro hace lo que puede”. Claramente, él no da nada por sentado, y aprecia cuán afortunados han sido. “Es grandioso. Hemos estado tocando juntos por años, y este proyecto de Buena Vista nos ha traído – a Omara, Cachaíto, Ibrahim y a mi mismo – grandes momentos de verdad. Nuestra relación es muy, muy buena”. El álbum debut como solista de Guajiro es un tributo a una de las grandes figuras de la música cubana, Arsenio Rodríguez, presentando a muchos de los colegas de Guajiro de los distintos proyectos de Buena Vista. Todos los temas fueron escritos por o asociados con Arsenio; lideradas por la trompeta, las canciones son poderosas, torrenciales, música de conjunto de los 40s y 50s. Como resultado, Guajiro siempre se sintió muy cómodo con su música. “Cuando Arsenio era famoso yo todavía estaba viviendo en mi pueblo de Melena, pero nunca llegamos a tocar juntos, nada de eso, aunque él era una gran inspiración”, lamenta. Guajiro recibió su recompensa cuando el álbum Buena Vista Social Club presenta a Manuel ‘Guajiro’ Mirabal fue nominado para un Grammy Latino y un Grammy. La agenda de Guajiro es intensa por donde se la mire. Ahora, como parte de un grupo de estrellas cubanas en gira que incluye a Orlando ‘Cachaíto’ López, ‘Aguaje’ Ramos y Manuel Galbán, Guajiro está más ocupado que nunca, llevando a las audiencias la más fina música cubana. Cuando está de regreso en casa en La Habana, siempre se toma el trabajo de escuchar a los jóvenes talentos, ya sea que estén tocando sobre un escenario o bajo un árbol. Él sostiene que no le importa estar viajando, siempre riendo y bromeando con la multitud (“Yo soy una persona sencilla” insiste). Para un hombre cuya experiencia ha sido tan extensiva – jazz, swing, tradicional, experimental – el futuro no tiene límites.

Texto de World Circuit
Traducción de Mariana Delgado
Los Guanches

Los Guanches

Los Guanches es una agrupación musical santiaguera, que se suma a la larga lista de cubanos que saben poner en alto la sonoridad de una nación que está considerada como “LA ISLA DE LA MÚSICA’. Los años de vida podrán parecer pocos, sí no se tiene en cuenta la intensidad que aporta un trabajo serio sostenido, la impronta de la personalidad y la excelencia. Tal es el caso del grupo Los Guanches, fundado el 17 de septiembre de 1993 en Santiago de Cuba, ciudad que atesora una vasta lista de prestigiosas agrupaciones y personalidades de la música cubana. Los Guanches parecen estar marcados por la exclusividad pues, amén de su nombre tomado de los aborígenes de las Islas Canarias, incorporan magistralmente en sus interpretaciones el peculiar silbido que, para comunicarse, utilizan éstos. Sus integrantes conjugan armónicamente juventud y experiencia en una simbiosis raramente encontrada en otras agrupaciones de Cuba y el mundo. El estilo de trabajo el Son Montuno, la Trova Tradicional, la Guaracha, el Danzón Cantado, la Rumba de Cajón, el Changüí y la Conga Oriental, El Bolero además de los ritmos canarios y temas internacionales con diversas ritmáticas como El Merengue, Cumbia, Vallenatos y Otros. Como proyección de trabajo pretenden mantener las raíces más autóctonas de la música de grandes autores y músicos tales como Francisco Repilado (Compay Segundo), Lorenzo Hierrezueto (otro integrante del famoso dúo Los Compadres), Miguel Matamoros, Sindo Garay, Ñico Saquiío y Manuel Corona. Incluyen también composiciones de algunos de los integrantes del grupo, donde sobresalen las de Armando Machado, gestor y director del mismo, considerado uno de los más talentosos jóvenes santiagueros dedicados a perpetuar las raíces musicales cubanas a las cuales se suman sus canciones (sones, guarachas) que, sin dudas, se afianzan entre la amplia gama de piezas antológicas.

Las Perlas del Son

Las Perlas del Son

Las Perlas del Son, la primera agrupación femenil de son tradicional de Santiago de Cuba, son siete músicas muy talentosas que han llevado su muy particular estilo de interpretar los sones y boleros a los festivales más importantes de Canadá, Japón, Australia y México. Las Perlas del Son fue fundada en 1994 por la bajista Rosa María López, al mismo tiempo que trabajaba como profesora de piano en la renombrada Escuela de Arte de Santiago de Cuba. La idea de formar un septeto de mujeres para tocar el repertorio tradicional cubano –son, bolero, guaracha- no fue nada fácil de realizar. Para empezar, en ese momento no había una sola mujer en Santiago que tocaba el tres, instrumento solista de la gran mayoría de los septetos. Una guitarra de tres cursos de cuerdas de acero, el tres requiere bastante fuerza física para pulsar, sin mencionar el valor de entrar en el campo sagrado de los más afamados señores del son. Quien se arriesgó fue Zulema Rivas, actualmente reconocida en Santiago como ‘La dama del tres’, pero en aquel momento era guitarrista de preparación clásica. Aunque ésta le ayudó mucho en la parte técnica, dice que dependió mucho más de sus instintos culturales que heredó como santiaguera, y del hecho de haber escuchado el tres desde su infancia. Cuando no está ensayando con las Perlas, a menudo se le encuentra en la casa de uno u otro músico viejo, sentada a sus pies, mirando el movimiento de los dedos y escuchándole hablar del mundo del son. La historia de la vocalista principal es muy diferente a la de Zulema y Rosa. Jacqueline Despaigne, con su deliciosa voz de sonera, no tenía preparación formal como música pero, en los inicios del grupo, tenía más experiencia profesional que otras integrantes. Había cantado con un conocido grupo sonero, Guitarras y Trovadores, en La Casa de la Trova, y había viajado fuera de Cuba. En Sí señor, su primer CD, destaca su sello muy personal de creativos arreglos dentro de los repertorios clásicos del son y el bolero cubanos. En especial, el desarrollo de líneas corales a tres voces es impresionante, al igual que las tremendas descargas en el tres y los bongoes. En ¡Siácara!,su segundo CD, interpretan un amplio repertorio de música cubana: el son, la guaracha, el bolero y el afro-son, con composiciones clásicas de gente como Arsenio Rodríguez, Miguel Matamoros y Nicolás Guillén, resaltando el tema “La Mulata Rumbera”, una guaracha cálida que muestra la frescura y sabor de Las Perlas del Son, la agrupación más apreciada de los jóvenes de Santiago de Cuba.

Eliades Ochoa

Eliades Ochoa

Eliades Ochoa llegó por primera vez a México en 1989 donde dejó huella con su estilo particular de interpretar el son cubano. Con su voz expresiva y sensual combinada con su talento excepcional como guitarrista, ganó al público mexicano que pudo disfrutarlo de nuevo con la producción de su primer CD en el sello Discos Corasón, Cuarteto Patria, A una coqueta (COCD 106). Con su segunda producción para Discos Corasón en CD, Se soltó un león, Eliades presenta un repertorio de composiciones del famoso dueto, Los Compadres, un bolero de Eusebio Delfín y la plena “Se soltó un león” que le dio nombre a este CD. El león santiaguero, como se le conoce a Eliades Ochoa, empezó a expresarse musicalmente y de forma autodidacta cuando sólo contaba con once años y guitarra en mano salió a tocar por los bares y burdeles de Santiago. La necesidad era grande y poco el sustento, como él mismo recuerda, pero esa limitante fue su mejor presentación, pues por ser casi tan pequeño como su guitarra, la gente lo favorecía con las gratificaciones y peticiones, en especial una guaracha cuyo título se convirtió, tiempo después, en su apodo ‘El cubanito’. El triunfo de la Revolución y su talento extraordinario aseguraron que Eliades no tocara más en bares. De esa manera, empezó una carrera exitosa en la radio a la edad de 17 años y, en 1978, entró como director del Cuarteto Patria. Aunque el Patria había contado ya con algunos de los mejores soneros de Santiago, fue hasta la entrada de Eliades que inició una carrera de éxitos, puesto que a partir de su llegada aparecieron los primeros premios y contratos internacionales. Hoy en día, Eliades Ochoa es el sonero de Santiago de Cuba que más ha viajado, el que más grabaciones ha hecho y el que más premios ha recibido, en comparación con otros músicos de su generación. De esa manera se suma a otros grandes músicos que ha dado la región como: Pepe Sánchez, Manuel Corona, Ñico Saquito, Rosendo Ruiz, Miguel Matamoros, entre otros. Después de las producciones con Discos Corasón, el Cuarteto Patria se ha presentado en Francia, Inglaterra, Holanda y Bélgica. Ahora, Eliades se ha reunido para tocar con otros excelentes músicos como el legendario Francisco Repilado, el pianista Rubén González, y el formidable guitarrista norteamericano Ry Cooder, de donde salió una incomparable obra llamada Buena Vista Social Club.

Daniel Castillo

Daniel Castillo

Daniel Castillo, quien naciera en 1907 en Los Hoyos, el barrio de Santiago de Cuba que crió a tantos legendarios soneros y cantantes de bolero, casi abandonó su carrera como músico a finales de los setenta al sentir que la trova tradicional había perdido su sitio preponderante en favor del ‘filin’, influido por el jazz, y luego, con el advenimiento de la nueva trova. “Tonto, tonto”, repite con una rabia en la voz que traspasa la serenidad que irradia. Su enojo sugiere un arsenal de boleros no escritos, de grabaciones sin concluir. Por fortuna, la trova original se ha puesto inesperadamente de moda y, a la edad de noventa y dos años, Daniel Castillo ha decidido volver a la brega para grabar este su primer compacto. La trova se remonta a mediados del siglo XIX cuando la canción popular perdió su adicción por las arias italianas y los romances franceses, y distanció sus ritmos del vals llegado de Viena. La canción cubana nació en la atmósfera creada por toda una generación de músicos cubanos que en su mayoría eran artesanos y trabajadores de la caña y el tabaco. La instrumentación para esta música se forjó a partir de dos voces y dos guitarras, y su estructura tuvo dos partes: en la primera se planteaba el argumento o situación que continuaban en la segunda parte con un acompañamiento más veloz y elaborado, hasta que la canción alcanzaba su clímax musical. En los días gloriosos de la trova, Daniel Castillo fue reconocido como un guitarrista y una segunda voz notable pese a que, como suele suceder en la música popular, no era considerado “profesional”. Durante la semana trabajaba como carpintero y como mecánico, “pero los sábados y domingos eran para cantar y divertirse”, comenta. Algunos grupos de hombres y algunas mujeres —trabajadores en el tabaco como Compay Segundo, choferes como Miguel Matamoros, talabarteros como Sindo Garay— se juntaban en casa de algún amigo para cantar —entre potajes, cerveza y ron— los boleros y las canciones en boga y las nuevas composiciones que cada quien traía a la reunión. Sindo Garay, Rosendo Ruiz, Salvador Adams y Ángel Almenares fueron parte de esta cofradía informal que en Santiago nada tenía que ver con fama y gloria. Muchos de estos personajes obtendrían el reconocimiento que merecían al dejar el puerto y establecerse en la Habana. “El misterio de tus ojos”, “Flor de mi vida”, “Soñadora”, “Quiero decirte”, piezas todas ellas profundamente poéticas, son composiciones de Daniel, quien se mantuvo en una línea exclusivamente romántica, a diferencia de Sindo Garay y Manuel Corona que compusieron algunas canciones patrióticas. Buena música y buenas letras son garantía para que una mujer se enamore, dice Daniel, y le viene a la memoria un bolero-son dedicado a su compañera fallecida en 1990, que se incluye en este compacto:

Hoy me siento satisfecho, amada mía, al tenerte para siempre junto a mí
Naturaleza, bendita eres al concederme lo que te pedí

Daniel hojea las páginas gastadas de un cuaderno en el que, a principios de los sesenta, poco después del triunfo de la Revolución, reunió más de cuarenta de las 160 composiciones que escribió en su juventud. Esta compilación de letras fue una petición del lúcido musicólogo Odilio Urfé, quien lo urgió a tomar en serio su herencia musical y convertirse en profesional. “Nunca pensé que yo iba a tocar la guitarra en la calle,” dice Daniel. “Eso nunca fue en mi programa. Me gustaba tocar mi guitarra en mi casa.” En 1962 Daniel fue uno de los miembros fundadores del Cuarteto Oriente (grupo que ha incluido a algunos de los más increíbles músicos santiagueros como Rigoberto Echevarría, ‘Maduro’ y Alejandro Almenares entre otros), y durante 28 años tocó con ese grupo en rancherías, poblados y ciudades de toda Cuba. “Palmas, Bayamo, Holguín, Santa Clara, Matanzas, La Habana, Baracoa, Pinar del Río, seguro cubrimos Cuba tres o cuatro veces”, dice Daniel, y recuerda haber tocado para Salvador Allende cuando hizo una visita de Estado a la isla, y las frecuentes llamadas de último minuto, empacar y salir corriendo a tocar en cualquier poblado cuyas autoridades locales los solicitaran. El Cuarteto Oriente contemplaba en su formato original dos guitarras y dos voces, una agrupación muy cercana a la esencia de la trova como música de serenatas y fiestas informales. Según cuenta el musicólogo Argeliers León, desde antes de componerse el primer bolero a finales del siglo XIX, ya los versos de las canciones populares se dividían en dos voces, y la segunda voz comenzaba a apartarse de la primera y, en algunos casos, se llegaba al punto de que la segunda voz cantara una letra que pese a perseguir la misma idea e imaginería de la primera, era totalmente distinta. Daniel resiente la ulterior adición de una tercera voz, adoptada por las agrupaciones de bolero después del éxito internacional alcanzado por los tríos mexicanos en los cincuenta y sesenta. En la trova “la voz segunda adorna y pone la nota donde corresponde,” comenta Daniel. “Pero imagínese si hay dos voces cantando la misma tonalidad. Así no puede haber belleza.” En la creativa y candente atmósfera de la trova, los músicos eran, en su mayoría autodidactas, pero como Daniel anota, eran “la mera mata”. Muy pocas de las canciones y boleros se transcribieron a papel, más bien se pasaban de un músico a otro. Pepe Sánchez, creador del primer bolero, fue un gran compositor de acuerdo a Daniel, pero como tocaba para la alta sociedad, los trovadores callejeros tuvieron menos oportunidad para aprender su música. Los músicos tocaban boleros y bolero-sones pero también las canciones, las criollas y las guajiras que antecedieron e influyeron el bolero. En la sensación de la gente lo que distinguía los boleros de las canciones era que los boleros, pese a ser muy románticos, podían bailarse, y las canciones no. El ritmo del bolero tomo de la música tradicional cubana el cinquillo que aparece también en el danzón aunque el bolero lo incorporó a la melodía en vez de tocarlo como parte del acompañamiento. Al igual que la canción, se divide en dos partes a las que se agrega una introducción musical rica y complicada. Argeliers León apunta que con la emergencia del son cubano en los veinte y treinta, muchos de los cantores y compositores de bolero abandonaron la atmósfera íntima de las reuniones de trova y se reunieron en sextetos y septetos. Daniel Castillo recuerda que el son no era parte del mundo de la trova y lo ejecutaban, en otros enclaves de Santiago, las orquestas y dos estudiantinas —la Estudiantina Invasora y la Estudiantina Arrolladora—, agrupaciones de nueve elementos que incluían trompeta y pailas además de cuerdas. Los músicos y algunos inspirados promotores culturales —como Luisa Blanco de la casa de la Trova—, aquellos que mantuvieron viva en Santiago la tradición de la vieja trova durante cuatro décadas antes de que resurgiera a nivel internacional, reconocen la importancia de Daniel Castillo. En los últimos diez años, el Festival de Trova “Pepe Sánchez”, celebración anual rememora a las grandes leyendas fallecidas como Rosendo Ruiz, Manuel Corona, Salvador Adams, María Teresa Vera y Pepe Sánchez entre otros, ha dedicado dos de sus ediciones a Daniel Castillo quien, de manera informal, es una fuente de información e inspiración para los jóvenes músicos que lo visitan en su casa y le piden que les enseñe a cantar segundas voces y a tocar la guitarra al estilo original. Daniel no les facilita el camino a los jóvenes. “Puedes aprender la letra de los viejos boleros pero eso no significa que puedas tocar la música”, dice, y critica con severidad los nuevos arreglos de la vieja trova, en particular la tendencia a fundir las dos partes vocales en una. Como tal, ha sido un gran reto para Castillo y para su nieto, el flautista Gustavo Revé, ex-integrante del célebre grupo de son santiaguero, Granma, trabajar juntos, como el joven músico soñó tanto tiempo. En 1998 Gustavo invitó a otros cuatro músicos para acompañar a Daniel. La alineación incluye al joven percusionista José Antonio Vallejo —quien confirma que la edad no es requisito para el virtuosismo musical—, al tresista Daniel Cos y al bajista Ibrahim Burgos. Mario Antonio Valverde toca la guitarra, canta la primera voz y tiene el mérito de haber hallado la difícil conexión con la segunda de Daniel, que viene de una era muy diferente. Gustavo entiende la contradicción entre el estilo de Daniel —“su manera de pensar”— y los intereses musicales de una generación mucho más joven. Sin embargo, con el advenimiento de tantos grupos nuevos interesados en recrear la música de su abuelo, sintió la necesidad de tocarla mejor que el resto. Esta trova no es una copia fiel de la original porque el mundo en el que viven estos músicos no es el mismo. La introducción de la flauta rompe notablemente con el pasado y los bongoes tienen más que ver con el son que con el bolero original. En las composiciones más tradicionales el joven percusionista toca con cucharas, como lo habría hecho en el portal de una casa de madera de Los Hoyos, setenta años antes. Dos mundos diferentes se entrecruzan. Ensayan y discuten al infinito estos seis músicos, pero juntos han logrado producir una música de la que ambos, Daniel Castillo y su nieto, están orgullosos.

AfroCubism (Christina Jaspars) Eliades and Kasse Mady holding hands con Watermark

Fue la noche cuando Afrocubismo se presentó por primera vez en América

En el teatro Metropolis de Montreal, el 5 de noviembre de 2010, notas musicales nacidas de diferentes culturas — Mali y Cuba — separadas por un océano, se reunieron para fusionarse como si hubieran nacido para ello. Y en las butacas, los espectadores logramos saborear aquella magia de comunión y armonía que en cualquier circunstancia, país y piel es posible; magia que artistas como Eliades Ochoa, Bassekou Kouyate, Kasse Mady y Toumani Diabaté nos transmitieron aquella noche que yo, por lo menos nunca olvidaré.

Escucha aquí El vaivén de mi carreta