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Autoplay:

Rojo y Verde
por Ali Farka Touré

Ali Farka Toure provino de un pueblo desértico cerca de Timbuktú, en Mali. De niño prefería escuchar la radio en vez de estudiar. Así se convirtió en un fanático de Lightning Hopkins, John Lee Hooker, B.B. King, etc. Entre más los escuchaba, más se convencía de las raíces africanas del blues y empezó a interpretar su propia versión de lo que escuchaba combinándolo con la música de su pueblo natal. De estos dos CD’s, el ‘Rojo’ es el disco que lo lanzó en Europa en los años 80 y el ‘Verde’ es el que grabó después de su inesperado éxito internacional.

Lanzamiento: 1988
Código: COE168

Lista de canciones

Rojo

  1. La Drogue
  2. Ali Aoudy
  3. Chérie
  4. Timbindy
  5. Laleïché
  6. Ketiné
  7. Laisse les Phases
  8. Baliky Lalo

Verde

  1. Sidi Gouro
  2. O kata Gouna
  3. Devele Wague
  4. N’timbara
  5. Zona
  6. M’baudy
  7. Petenere
  8. L’Exode

 Sobre este disco… 

En los veinte años que llevo de tocar por la radio lo que, por definición, podría llamarse música nada popular, puedo contar con los dedos de la mano las veces en que he sentido lo que un jugador debe sentir cuando se gana el premio gordo: una de ellas fue descubrir al fenomenal Ali Farka Toure.

 

Por ahí de 1986, y por razones que no recuerdo, me hallaba en París. Tenía que matar el tiempo así que me dirigí a Barbès, un bullicioso barrio habitado en su mayoría por gente de África del Norte. Me pasé toda la tarde en una tiendita de discos africanos, revisando anaqueles, mientras oía música. Gasté demasiado. Había muchos LPs de Zaire —soukous, en un momento en que se instalaba como la música pop pan africana y amenazaba con borrar todas las otras variedades regionales— pero había también algo de música de África occidental. El álbum Soro de Salif Keita era ya un fenómeno que habíamos trillado en los programas de Kershaw y Peel en Radio One, así que puse sobre el mostrador una cantidad industrial de cantantes malienses, guineanos y senegaleses que nunca había escuchado.

 

Luego, como cualquier fan que ama el proceso de comprar discos —el ruideral, el rastrear raíces, la posibilidad de la sorpresa, el descubrimiento azaroso— me puse a hurgar en el anaquel de las ofertas. Mi curiosidad fue recompensada por un LP de extraña apariencia, con funda roja y brillante. En la portada había una foto en color, un tanto fuera de foco, muy mal compuesta, de una familia frente a un caserío de adobe en algún lugar de África occidental. Los adultos están sentados o en cuclillas y algunos niños se arremolinan por ahí. A la mitad, parcialmente a la sombra de un arbusto, está un hombre delgado y musculoso en túnica azul y gorro amarillo. Se le asoma una mano, con dedos tan largos como los de Robert Johnson. Pero no hay guitarras ni instrumento alguno en el retrato. Con letras blancas caladas sobre la foto se lee: Ali Farka Toure. El álbum no tiene título. En la contraportada hay una lista de canciones, con fecha de 1984 —la única pista de su procedencia—, los logotipos de Disques Esperance y del distribuidor francés Sono Disc. La funda interior es blanca.

 

“Qué es esto”, le pregunté al dueño de la tienda. No sabía. “Hace mucho tiempo que está ahí”, me dijo. Sin duda complacido por mi atropellada manera de gastar me lo dejó por casi nada y empacó mis compras. En la tienda, ni siquiera escuché de pasada el curioso álbum rojo.

 

Ya en casa, revisé mis nuevos LPs. A los pocos segundos de la primera pista del álbum de Ali, me paré de mi sillón y me puse a dar vueltas por la cocina. Los primeros compases de “La Drogue” me hicieron saber que esto era algo realmente especial. Me enganchó de inmediato. ¿Qué era? Era blues, pero profundamente africano. La resonancia de la guitarra acústica, el estilo de tocar de Ali y la selección de las escalas de blues me recordaban a dos músicos estadounidenses: Lightnin’ Hopkins y JB Lenoir. ¿Podría esto ser —cambiando mi aproximación por la de musicólogo—, el Eslabón Perdido? ¿Era este estilo de blues, aislado por siglos en la remota África rural, la música que llevaron consigo los esclavos africanos a las plantaciones del sur de Estados Unidos? No, fue mi respuesta abrupta. Ali resultaba ser un gran seguidor del blues estadounidense y había acumulado, desde muy joven, una considerable colección de cassettes. Pero al escuchar por primera vez esa música en los sesenta, le fue evidente la enorme similitud que tenía con la suya propia. “Esta es la música que se llevaron de aquí”, dijo alguna vez.

 

No necesitaba saber más. Tal vez le hablé a Sono Disc en París. No recuerdo. Pero supe muy pronto que Ali era de Malí, que el disco no había vendido mucho y, no, nadie sabía dónde encontrar a Farka Toure. Entre tanto, los escuchas de mi programa se volvieron loquitos. En cuanto ponía alguna pista del álbum rojo la respuesta confirmaba que habíamos descubierto algo notable —uno de esos artistas africanos que tenían repercusión instantánea y amplia, que podían conectarse con aquellos oyentes que antes no sabían que eran fanáticos de la música africana. Era el entusiasmo (la casi desesperación) de la reacción de los escuchas lo que me impresionó. Y la gente comenzó a preguntarme por Ali mediante cartas como la siguiente: “La otra noche, el jueves, iba manejando por la autopista, oyendo tu programa, y pusiste una pista fantástica de blues, que decías venía de algún lugar de África que nunca había oído mencionar. Traté de hallar una pluma de la guantera pero como iba a 110 kilómetros por hora… por favor, vuélvanla a tocar. Quiero conseguir el disco”. (Bueno, ahora ya lo tienen. Inconseguible durante años, finalmente se editó internacionalmente como compacto).

 

Mientras el clamor de los oyentes se hacía más fuerte, una noche fui a una tocada de música africana en el Town and Country Club de Londres. Ahí me topé con Anne Hunt, una de las fundadoras de World Circuit, que entonces era más una agencia de conciertos para músicos africanos que un sello de grabaciones. Anne mencionó que estaba por irse a Malí. (Nadie iba a Malí por aquel entonces.) Casi le brinqué encima. “Tienes que encontrar a un tipo que se llama Ali Farka Toure”, le dije. “Tenemos que traerlo al Reino Unido…” Bueno, Anne fue a Malí, con el “álbum rojo” en la mano y envió un mensaje por National Radio Mali diciendo que lo buscaba. Lo encontró, semi retirado de la música, de visita en Bamako,  pues vivía en un poblado al norte del país. En pocos meses hizo su debut en Gran Bretaña en el mismo Town and Country Club ante unos nuevos fanáticos extasiados y viajó conmigo desde su casa sahariana en Niafunké por todo el río Niger para hacer un documental para la BBC. World Circuit publicó su primer álbum británico y bueno, ustedes saben el resto…

 

Pero recuerden que la próxima vez que estén en una tienda de discos, no dejen de revisar los anaqueles de ofertas.

Traducción: Ramón Vera Herrera

 Andy Kershaw, bbc Radio 3, Londres, 2004.