Oumou Sangaré

Malí

“Sangare kono” Oumou Sangaré, el ave canora de Wassoulou Oumou Sangaré, la diva más grande de Malí, la adalid de los derechos de las mujeres, una de las voces femeninas más sorprendentes del mundo, se describe así misma como “Sangare kono” —“Sangare el ave canora”— cuando interpreta sus poderosas canciones que van a lo profundo […]
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Oumou Sangaré

Oumou Sangaré

“Sangare kono” Oumou Sangaré, el ave canora de Wassoulou

Oumou Sangaré, la diva más grande de Malí, la adalid de los derechos de las mujeres, una de las voces femeninas más sorprendentes del mundo, se describe así misma como “Sangare kono” —“Sangare el ave canora”— cuando interpreta sus poderosas canciones que van a lo profundo del corazón. En Malí, llamarse uno mismo “ave canora” es un privilegio especial de los músicos provenientes de la región sur conocida como Wasulu. Oumou Sangaré abreva en la profunda riqueza de las tradiciones musicales del sur de Malí. Sus cantos comentan todos los aspectos de la vida en su país, especialmente los problemas que enfrentan las mujeres a causa de la poligamia, pero también la sensualidad del amor joven, el dolor del exilio, la necesidad de cultivar la tierra, y la fragilidad de la vida humana. Algunas de sus canciones hacen uso de metáforas e ironía; otras son más directas. Expresiones fogosas de su propia filosofía y sabiduría, nacieron de haber crecido en una familia pobre de Bamako y ser lanzada al estrellato a los veintiún años. Su idioma es la hermosa e inquietante música de su tierra, que ha llegado a ser su sello personal: el wassoulou. A partir de su independencia en 1960, Malí es la vanguardia de las tendencias musicales más dinámicas en África. En Malí, las orquestas de baile abrieron brecha al mezclar los cantos locales de los griots con estilos cubanos, congoleños y de otras latitudes. A fines de los ochenta una nueva música vino a desafiar estos estilos: el wassoulou. La música wassoulou se basa en las fabulosas tradiciones de música y canto de Wasulu, una región remota y densamente arbolada en el sur de Malí. En los cincuenta, en los poblados, los jóvenes crearon este estilo a partir de los cantos de las sociedades de antiguos cazadores y lo hicieron propio. Al principio, los viejos, furiosos, se opusieron y calificaron este estilo como música de “burdel”, comparando el instrumento principal, el arpa de seis cuerdas, con la chinche, por su ritmos nerviosos que hacían que la gente joven bailara frenéticamente, cual si la hubiera mordido uno de estos bichos. Para finales de los setenta, el wassoulou había emergido como el nuevo estilo popular en Bamako, entre las comunidades migrantes de la región. El wassoulou recibió un amplio reconocimiento cuando el Ensemble National Instrumental, con apoyo gubernamental, reclutó a dos cantantes de la región —Coumba Sidibe y Sali Sidibe. El wassoulou era muy diferente de la música de las orquestas de baile, basada en los cantos de los griots. Tenía ritmos de baile fuertes e hipnóticos y las letras hablaban de aspectos generales de la vida en el Malí contemporáneo. Pero Sangaré, el ave canora, llevó esto mucho más allá que nadie antes al irrumpir en la escena en 1990, con su primer álbum, Moussolou (Mujeres). En este álbum no sólo había ritmos audaces y nuevos, color musical que tomaba los salones de baile por asalto, sino que lanzaba la voz de una joven dotada con un inmenso carisma. Y en su música ella asumía la misión de mejorar la posición subordinada de las mujeres malienses. Al darse cuenta que no podría cambiar la manera de pensar de los ancianos, Sangare apeló a la juventud soltera de Mali. En un país donde tradicionalmente los jóvenes no pueden opinar, sus canciones fueron radicales, apasionadas y electrizantes. Nacida y criada en Bamako, Sangaré tuvo el don natural del canto. La inspiración musical le venía de su madre, cantante originaria de Wasulu, muy compenetrada con los estilos regionales antiguos tales como la profunda y sagrada música de los cazadores, y con los frenéticos ritmos del djembé, propios de las mascaradas acrobáticas, como el sigi (el búfalo) y el sogoninkun (la cabeza de pequeños antílopes).

“La lucha por mantener la familia a flote fue el reto de su niñez”.

Pero cuando Oumou tenía dos años de edad, su padre tomó una segunda esposa y emigró a Costa de Marfil, abandonó a la madre de Oumou, embarazada en ese momento, y a sus tres hijos pequeños. Los recuerdos más tempranos de Oumou incluyen el de su mamá llorando. La lucha por mantener la familia a flote fue el reto de su niñez. Siendo cantante, los ingresos principales de su madre provenían del sumu (celebraciones de boda y bautizo organizadas por mujeres y que ocurrían en los patios y en las calles), pero estaba tan exhausta y deprimida que con frecuencia no aceptaba los compromisos que le solicitaban. Oumou acompañaba a su madre a los sumus desde los cinco años, y muy pronto la gente le pidió su participación, por cuenta propia. Se maravilló en la atmósfera de estas fiestas. Según cuenta, “cantar en las calles” le emocionaba por su pasión por la música wassoulou y por el deseo de ayudar a su madre ganando un poco de dinero extra. Muy pronto fue Oumou quien sostenía la familia. En una de esas fiestas, a la temprana edad de 16 años, la escucharon y la reclutaron en un importante grupo —Djoliba Percussions— con el cual se fue de gira por Europa a su primer viaje fuera de Malí. Después de ser aclamada ampliamente por su voz solista, decidió formar su propio grupo y durante dos años ensayó bajo la tutela del bajista Amadou Ba Guindo (líder de la legendaria orquesta maliense de baile National Badema). En 1989, después de convencerse —se hallaba insegura de los riesgos que le aguardaban si su álbum no tenía éxito— grabó su primer álbum: Moussolou (Mujeres). Tenía 21 años. La grabación se realizó en Abidjan y se lanzó el 4 de enero de 1990, tomando África Occidental por asalto. Sus canciones hablaban abiertamente de asuntos que nunca antes se habían expresado en público, en esta sociedad fundamentalmente conservadora —es el caso de la sensualidad femenina, que aborda en su sorprendente canción “Diaraby Nene” (los estremecimientos del amor). Por cientos de años, hasta principios del siglo XX bajo el régimen colonial francés, fueron los cazadores malienses los protectores de los poblados, quienes proveían la comida y curaban a la gente. Todavía hoy ocupan un lugar especial muy profundo en la psique maliense. Pasan largos periodos en la espesura y conocen las propiedades curativas de plantas y árboles. Son sanadores y filósofos. Se dice que su música, interpretada en un arpa especial, de seis cuerdas, tiene poderes mágicos que protegen a los cazadores y suavizan incluso al más peligroso de los animales. Desde el principio la visión de Oumou fue atraer el poder y el encanto de esta música hacia sus propias canciones. El kamelngoni —la versión juvenil del arpa de los cazadores— es el instrumento que ella eligió como sonido central para su agrupación. Sus inquietos y nerviosos ritmos y su cadencia, entreverados con el raspador de hierro de los cazadores, resuena en todos los estilos populares, tales como el funk, el rythm and blues y el afrobeat. Además utilizó el violín, que emulaba el sonido doliente del violín unicorde de Wasulu. Lo más importante es que sus canciones hablaban desde la perspectiva de una joven mujer soltera, en formas en que ningún otro artista maliense se había atrevido antes. El álbum Moussolou tuvo un éxito sin precedentes en toda África Occidental y catapultó a Sangare al estrellato. Atrajo también la atención de Nick Gold, de World Circuit, que la contrató para su sello. Siguieron dos álbumes internacionales: Ko Sira y Worotan, y una extensa gira por todo el mundo, lo que le ganó la reputación de ser una de las voces femeninas más originales e impactantes de África, fiel a su tradición pero con perspectiva moderna. Alta, hermosa, audaz, con estilo, juguetona en el escenario, carismática, compasiva, con alma y una sonrisa que ilumina los corazones, una voz penetrante y de mucho alcance, Oumou se convirtió en un icono en Malí y en el resto del mundo. Durante los últimos cinco años, a partir de su disco Worotan, Oumou se ha concentrado en su familia, en construir un hotel en Bamako (el Hotel Wasulu), en presentarse en conciertos por toda África, y en producir música para el mercado local, incluyendo un buen número de cassettes, muy vendidos, que continúan explorando las diversas tradiciones de Mali, especialmente su propia versión del wassoulou. Oumou dice: “Para qué tocar la música de otros pueblos si la nuestra es tan rica”.

Texto de Lucy Durán

Discografía

Oumou – Oumou Sangaré
2004

Oumou no es únicamente una mujer con voz arrebatadora y trepidante, es también una mujer que abreva de las tradiciones de su tierra, la región de Wasulu en Malí y habla directamente a las mujeres de África y el mundo reivindicando la presencia, la sabiduría y el impulso por cuidar la vida que es corazón de lo femenino.

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Seya – Oumou Sangaré
2009

En este disco su voz es más madura, la energía un poco más asentada pero la alegría y la belleza son las mismas que el público mexicano ha apreciado en sus dos discos previos y en sus memorables presentaciones en vivo. El compromiso con su gente es más fuerte que nunca: Oumou sigue denunciando la poligamia, la venta de niñas púberas en matrimonio y animando a sus paisanos que han emigrado a Europa para que trabajen sin conflicto.

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Worotan – Oumou Sangaré
1997

Dueña de una voz privilegiada dentro de la música africana, Oumou Sangare presenta, en este su tercer CD, sus propias composiciones dentro de un estilo que combina lo tradicional con lo contemporáneo. Oumou se hace acompañar por su grupo musical que interpreta el kamal-ngoni, la guitarra, el violín, la flauta, el bajo, el djembé y las calabazas llamadas fes.

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World Circuit presenta…
2006

World Circuit Records (representado en México por Discos Corasón) conmemora veinte años de grabaciones con el lanzamiento de este CD doble con 29 selecciones.

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