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Toumani Diabaté

Toumani Diabaté

Toumani Diabaté es uno de los más importantes músicos del continente africano. Toumani toca la kora, un arpa de 21 cuerdas que proviene del África occidental, y más que ningún otro músico, ha sido responsable de dar a conocer este instrumento al público del mundo. Toumani es un intérprete cuya creatividad y virtuosismo son excepcionales; es alguien que ha podido establecer que la kora tiene un lugar al lado de los mejores instrumentos del mundo. Nacido en Bamako, la capital de Malí, en 1965, en el seno de una familia de reconocidos griots (casta de músicos/cronistas); sus investigaciones muestran una ascendencia de 71 generaciones en las que el estudio de la kora pasó de padre a hijo. Notable entre ellos fue el padre de Toumani, Sidiki Diabaté (c.1922-96), instrumentalista de fama legendaria, nombrado Rey de la Kora en el prestigioso Festival Negro de Artes, Festac, en 1977, y hasta el día de hoy una figura referencial para todo conocedor del instrumento. Sidiki nació en Gambia, de padres malienses. Después de la Segunda Guerra Mundial se mudó a Malí, donde adquirió fama por su destreza y su estilo candente e idiosincrático de tocar su instrumento (ecos de este estilo pueden escucharse en la música de Toumani). Después de la independencia de Malí en 1960, Sidiki fue invitado a participar, junto con su esposa, la cantante Nene Koita, en el Ensamble Nacional Instrumental, un grupo patrocinado por el estado para celebrar la riqueza de la cultura del país. Sidiki y Nene disfrutaron del favor del primer presidente, Modibo Keita, quien les cedió el terreno en que ahora se encuentra la casa familiar, cerca del palacio presidencial en Bamako. De este ambiente musical se nutrió Toumani, que aprendió la kora por su cuenta, sin recibir nunca otra instrucción de su padre que escucharlo tocar. En la década de 1960, y más aún en la de 1970, la escena musical en Bamako se estaba transformando bajo la influencia de sonidos que llegaban de lejos, especialmente de la música negra de los Estados Unidos: el soul, Jimi Hendrix, Jimmy Smith, así como algunos rockeros británicos, como Led Zeppelin, eran muy escuchados. Esta música y la que producían los ensambles modernos en Bamako fueron importantes para el desarrollo musical de Toumani. Toumani fue un niño prodigio que empezó a tocar la kora a los cinco años. En aquel entonces, el gobierno del país estaba promoviendo activamente la formación de grupos regionales que representaran las tradiciones locales. Toumani entró al ensamble de Koulikoro (a unos 60 km al este de Bamako) con el cual debutó a los trece años para la admiración del público local. En 1984, con sólo 19 años, Toumani se sumó al grupo de brillantes músicos que acompañaron a la gran diva Kandia Kouyate, la mejor y más poderosa voz femenina griot de Malí, en una extensa gira por el continente. Toumani tomó de su padre la idea de convertir a la kora en un instrumento solista, objetivo que llevó a nuevos niveles. Descubrió una forma de tocar el bajo, el rítmo y el solo simultáneamente en la kora, descubrimiento que lo llevaría a los escenarios mundiales. En su primer viaje a Europa, en 1986, iba acompañando a otro cantante maliense, Ousmane Sacko, y acabó quedándose en Londres siete meses. Durante ese período, a la edad de 21 años, grabó su primer álbum como solista: Kaira. Esta grabación abrió brecha: era el primer disco de kora como instrumento solista, y hoy sigue siendo uno de los mejores y más vendidos discos de kora. En 1986, Toumani también hizo su primera aparición en el festival WOMAD, en el cual tuvo un impacto significativo. Durante este período en Inglaterra, conoció y trabajó de manera informal con profesionales de distintos campos musicales, y se encontró con tradiciones que hasta entonces no conocía, como la música clásica de la India, de la que después derivó la idea del jugalbandi (díálogo musical entre dos instrumentos) por la que ahora es bien conocido. Su primera grabación importante en colaboración fue con el grupo español de flamenco, Ketama. En la ocasión en que se conocieron, los españoles se habían puesto a hacer palmas flamencas a la música de Toumani, y este se había sorprendido de que tuvieran tal nivel de comprensión de las complejidades rítmicas de su música. Era como si llevaran años escuchando mutuamente las tradiciones de ambas culturas. Songhai, el álbum resultante, con piezas como “Jarabi”, fue una síntesis perfecta de la kora y el flamenco. Para Toumani, la experimentación es simplemente parte del trabajo de un griot moderno. “El papel del griot es crear comunicación entre la gente, pero no solamente comunicación histórica. En Malí puedo trabajar de forma tradicional, en otros lugares puedo trabajar de otras formas. ¿Por qué no?” En 1990, Toumani formó la Symmetric Orchestra. El nombre evoca un equilibrio perfecto, una simetría, entre la tradición y la modernidad, y entre las contribuciones de músicos de una serie de países íntimamente relacionados. Senegal, Guinea, Burkina Faso, Costa de Marfil, y Malí fueron parte durante el medioevo del Imperio Mandinga. Toumani tuvo la idea de recrear el equilibrio cultural del Imperio Mandinga en un contexto musical moderno, destacando las guitarras tradicionales y eléctricas con los duros tambores sabar, los elogios cantados, laudes que requintean y un pulso de tambores kit, y a través de todo, las frases de la kora de Toumani, que estremecen al conjunto entero. El nombre de la orquesta se usó por primera vez en el CD del elaborado proyecto Shake the Whole World (Sacude al mundo entero), que salió a la venta únicamente en Japón y en Malí. El grupo ha tocado semanalmente en Bamako a lo largo de la carrera de Toumani, y ha seguido creciendo y evolucionando con los años. En 2005, este proceso culminó con el álbum Boulevard de l’Independance y la larga gira subsecuente. A principios de la década de 1990, Toumani empezó a agrupar a su alrededor una serie de músicos excepcionales, como el brillante Bassekou Kouyate en el ngoni, Keletigui Diabaté en el balafón, y a cultivar un cierto sonido y acercamiento a su música, con una especie de ensamble instrumental de jazz-jugalbandi-griot que puede apreciarse en su álbum Djelika (por ejemplo, en la pieza ‘Kandjoura’), de 1995. En el mismo año Toumani viajó a Madrid para grabar Songhai 2. En 1998 grabó un dueto de koras con Ballake Sissoko; los padres de ambos sacaron en 1970 el clásico Cordes Anciennes (Cuerdas antiguas), así que el nuevo álbum llevó el nombre de Nuevas cuerdas antiguas. Era su tributo al disco original, y un esfuerzo para promover estos materiales con un público moderno. Las conexiones entre el blues y la música del África Occidental son bien conocidas. Taj Mahal había escuchado y tocado con muchos intérpretes de kora, y lo que más lo impresionaba era la similitud entre las técnicas de punteo del blues con las de la kora y otros instrumentos de cuerda de Malí. “Dicen que el blues y el jazz vienen de África”, dice Toumani, “la kora y el ngoni son muy antiguos, vienen de siglos atrás. Tal vez el blues se tocó en estos instrumentos. El álbum que hice con Taj fue como unir estas viejas tradiciones con las más recientes”. El álbum salió en 1999. MALIcool, el siguiente álbum de Toumani, con el trombonista estadounidense de jazz libre Roswell Rudd, representa un paso más en su constante evolución y búsqueda de nuevas fronteras. Los arreglos parcos abren espacio para la improvisación, y hay varias piezas inesperadas, como las originales interpretaciones de ‘Hank’, de Thelonious Monk; una versión movida de una canción tradicional galesa, y una muy particular interpretación de la ‘Oda a la Alegría’ de Beethoven. Toumani ha participado en muchas otras grabaciones, en Malí y en el extranjero: aparece en el debut de Ali Farka Touré para World Circuit (Ali Farka Touré), estuvo en la gira de Salif Keita y participó en su álbum Papa y en el su penúltima producción, M’Bemba; fue parte del proyecto Mali Music de Damon Albarn; aparece en el álbum Kassi Kasse de Kasse Mady Diabaté, nominado para un GRAMMY en el 2004, y en 2007 participó en la pieza ‘Hope” del álbum Volta de Björk, lo cual resultó en una memorable aparición como artista invitado en el festival de Glastonbury. En años recientes, Toumani ha disfrutado del reconocimiento por su contribución al desarrollo de la kora y por el lugar que ocupa en la escena musical africana. En 2004, recibió el premio de la UNESCO Zyriab des Virtuoses, entregado durante el festival Mawazine, organizado por el rey Mohamed VI de Marruecos. Es el primer africano que ha recibido este premio. Toumani es un miembro activo y dinámico de la comunidad musical de Malí, y ha sido una influencia importante para las nuevas generaciones. Ha sido clave en el esfuerzo por preservar el legado de la música tradicional de kora en Malí y por educar a los jóvenes en la riqueza del patrimonio musical de su país, animándolos a la vez a que exploren las posibilidades creativas de la música. Es presidente/director de Maninka Kora Productions, organización que promueve activamente la kora a través de talleres, festivales y otros eventos culturales. Toumani es también instructor de kora y de música moderna y tradicional en el Conservatorio Balla Fasseke de Artes, Cultura y Multimedia de que se inauguró en Bamako a finales del 2004. El 2004 también vio a Toumani iniciar una trilogía de álbumes con World Circuit, grabados durante las sesiones en el Hotel Mandé, en Bamako. Las primeras grabaciones que surgieron de este trabajo fueron los duetos en el álbum In the Heart of the Moon (En el corazón de la luna), grabado con el gran Ali Farka Touré, que ganó el GRAMMY para el mejor álbum de música tradicional del mundo. El segundo álbum en la trilogía fue Boulevard de l’Independance, con la Symmetric Orchestra de Toumani Diabaté, en el que empacó diez años de experimentación para producir la música más densa y rica en texturas que ha salido jamás del continente africano. La tercera parte de esta trilogía es Savane, el último álbum como solista de Ali Farka Touré. La Symmetric Orchestra ha resultado una revelación en los escenarios internacionales. Con un descanso de su residencia en el Club Hogon en Bamako, el grupo ha trabajado para forjarse una reputación sólida con conciertos en auditorios como el Carnegie Hall de Nueva York, y en festivales como el de Glastonbury, el Nice Jazz Festival y el festival de Jazz de Montreal. Dentro de este mar de actividades, Toumani ha encontrado tiempo para trabajar en un nuevo álbum, Variaciones Mandinga, que vio la luz en febrero del 2008. Después de años de refinar y perfeccionar su técnica a niveles sin paralelo en el mundo, Toumani vuelve al principio: Variaciones Mandinga es un álbum completamente acústico, y el primero como solista con la kora después de su debut, hace veinte años, con Kaira. La discografía de Toumani demuestra su gran versatilidad como músico; a lo largo de su carrera, cada nuevo álbum ha mostrado una vertiente distintiva y singular. Esta es realmente la especialidad de Toumani: reunir lo viejo y lo nuevo en una hermosa música atemporal, lo mejor que tiene África.

Basado en un texto original de Lucy Durán;
adaptación y texto adicional por Dave McGuire
Teresa Salgueiro

Teresa Salgueiro

Teresa Salgueiro nació en Lisboa el 8 de enero de 1969. En 1986, con sólo 17 años, forma el grupo portugués más famoso de todos los tiempos: Madredeus. Entre 1987 y 2007, Madredeus vendió más de cinco millones de álbumes en el mundo. Participó como primera actriz en la película de Wim Wenders “Historia de Lisboa”. En paralelo a la actividad del grupo, realiza el álbum “Obrigado” (2006) donde participó con varios artistas, como José Carreras, Caetano Veloso, Angelo Branduardi, entre otros. Además de otros dos álbumes en 2007 en compañía del Septeto João Cristal (Voc ê Eu) y el Lusitania Ensemble (La Serena) que explora diversos universos musicales mostrando su carácter polifacético como intérprete. Se presenta con estos proyectos por dos años, con un programa regular de conciertos en Europa, Brasil y México. En 2007 es invitada por el compositor polaco Zbigniew Preisner y participa como la voz de solo en el álbum “Noche silenciosa y sueños.” Con este concierto, que tiene su estreno en la Acrópolis en Atenas, estuvo en el escenario en varias ciudades europeas como París, Londres o Plock. El 30 de junio de 2007, Teresa Salgueiro se presentó en el Teatro S. Carlo en Nápoles, invitada por el Cuarteto de cuerdas Solís a cantar un repertorio de canciones nostálgicas de la tradición musical Napolitana. Dos años después, en 2010, inicia el Concierto “Canti Navigant” que tiene premieres en selectas ciudades de Italia. Ya como artista independiente en agosto de 2008 con la idea de reunir un repertorio que retrataría diferentes épocas, las tradiciones, y costumbres de regiones portuguesas, se reúne otra vez con el Lusitania Ensemble y así nació el álbum “Matriz”, cuyos conciertos se presentaron en Europa y África. “El Voltarei à Minha Terra” fue un viaje por la memoria colectiva de la música portuguesa del siglo. XX. Con una nueva visión Teresa Salgueiro asumió la dirección de los arreglos musicales que dibuja un lenguaje original que refleja un universo poético, nacido del sentimiento y el idioma portugués. El viaje de 25 años de ininterrumpida dedicación a la música por parte de Teresa Salgueiro ahora culmina en la creación de piezas originales nacidas del encuentro de Teresa y los músicos elegidos. Y por primera vez, se dedicó a escribir la letra y música de todas las canciones. Más de nueve meses, del noviembre de 2010 al julio de 2011, desarrolló los conceptos e ideas cristalizadas en formas musicales. Invitó a Antonio Pinheiro da Silva, con quien compartió los primeros diez años de grabaciones y conciertos de su vida, para coproducir este nuevo álbum.

Omara Portuondo

Omara Portuondo

Omara Portuondo nació en La Habana, en octubre de 1930. Su madre provenía de una adinerada familia española y era de esperarse que casara con alguien de otra familia “de sociedad”. Ella, en cambio, huyó con el hombre que amaba: un beisbolista alto y apuesto del equipo nacional cubano. Para colmo era negro, y en la Cuba de entonces los matrimonios mezclados todavía fruncían ceños. “Mi madre ocultó siempre que se había casado con un hombre negro. Si se topaban en la calle tenían que ignorarse. Pero en casa recreaban lo que la sociedad les negaba —un refugio de paz y armonía. Se quisieron muchísimo”, recuerda Omara. Tuvieron tres hijos, y como en todos los hogares cubanos, estaba la música. No había gramófono pues no tenían dinero. Pero estaban las voces de los padres de Omara, que cantaban desde la cocina o al involucrarse en sus quehaceres cotidianos. Omara recuerda que sus canciones favoritas eran las de Ernesto Grenet y “La bayamesa”, de Sindo Garay. Ellos proveyeron sus primeras lecciones informales de canto y esas canciones siguen siendo parte de su repertorio hasta ahora. Cuando Haydeé, su hermana grande, se hizo bailarina del famoso cabaret Tropicana, Omara la siguió, tal vez por accidente. Un día de 1945, al elenco le renunció una bailarina dos días antes de un estreno importante. Tantas veces había visto Omara a su hermana mientras ensayaba, que se sabía los pasos, así que le pidieron entrar a la compañía. “Era un cabaret muy chic pero para mí era impensable”, recuerda Omara. “Era tan tímida que me daba pena enseñar las piernas”. Su madre insistió en que no podía defraudarlos y así comenzó su carrera de bailarina, formando incluso una famosa pareja de baile con Rolando Espinosa. De hecho, en 1961 Omara trabajó como maestra de danzas populares en la Escuela de Instructores de Arte. Hasta hace muy poco, todavía en 1998, Omara se presentó ocasionalmente en el Tropicana, aunque ahora como cantante, invitada especial.

La novia del sentimiento

Los fines de semana, Omara y Haydeé cantaban estándares de jazz con un grupo de amigos que incluían a César Portillo de la Luz, a José Antonio Méndez y al pianista ciego Frank Emilio Flynn. La gente los conocía como Los Loquibambia y el estilo que tocaban —una versión cubanizada de canciones de jazz con tintes ocasionales de bossa nova— empezó a ser conocido como feeling (sentimiento), o ‘filin’, como se escribía en castellano. En su debut radial, a Omara la presentaron como ‘Miss Omara Brown, la novia del filin’. Muchos cubanos todavía la conocen como “la novia del filin”. Omara recuerda que en ese entonces la música popular cubana tenía influencia de la música popular de una variedad de países, incluidos Argentina, Brasil y por supuesto Estados Unidos. Hacia 1952, Omara y Haydeé formaron un cuarteto vocal femenino con Elena Burke y Moraima Secada, dirigidas por la pianista Aída Diestro. Habrían de convertirse en uno de los grupos más importantes en la historia musical cubana y Omara permanecería en el Cuarteto Las D’Aída por quince años. La alineación original realizó tan sólo un sencillo para RCA Víctor en 1957. “Fuimos de gira por Estados Unidos y los arreglos vocales de Aída eran muy innovadores. Nos ovacionaron en todas partes y cuando Nat King Cole cantó en el Tropicana, cantamos con él”, dice Omara.

Su carrera de solista

En 1959 apareció su primer álbum como solista, Magia Negra. Fue toda una aventura pues la música cubana se imbricaba con el jazz e incluía versiones de “That Old Black Magic” y “Caravan”, de Duke Ellington. Aunque incursionó como solista, permaneció en Las D’Aída y dos años después cantaba con el grupo en un hotel de Miami cuando la crisis de misiles en Cuba ocasionó la ruptura de relaciones con Estados Unidos y comenzó el largo periodo de aislamiento cubano, por lo que retornaron a casa de inmediato. Continuó con Las D’Aída hasta 1967 cuando decidió proseguir su carrera como solista. “Tantas cantantes se habían ido al exilio que había un enorme hueco qué llenar”, cuenta Omara. La cultura cubana asumió mayor relevancia y se impulsaron activamente las artes mediante la creación de varias escuelas de música y arte. Muchos músicos talentosos emergieron de esas escuelas y tales artistas obtuvieron enorme respeto y un estatus dentro de la sociedad. Omara habría de representar a Cuba en los festivales internacionales de todo el mundo, al tiempo de mantener un alto perfil en su tierra natal. Los primeros años de la revolución fueron difíciles en la historia de Cuba, escindida de Occidente. En 1967, recuerda que casi toda la población cubana entró al sistema de conscripción en un intento por romper el récord de cosecha de caña de azúcar. “Todo mundo participaba en el corte de caña en los campos, y como artistas apoyamos a los trabajadores, cantándoles en los cañaverales”, recuerda ella. En la década de los setenta Omara cantaba con el principal conjunto de charanga, la Orquesta Aragón. Viajó mucho, apareciendo en varios países, incluidos Francia, Japón, Bélgica, Finlandia y Suecia. Durante los siguientes veinte años Omara hizo muchas grabaciones. Entre las mejores está un álbum grabado con Adalberto Álvarez en 1984, y dos álbumes, Palabras y Desafíos(con Chucho Valdés) para el sello español Nubenegra, a principios de los noventa.

Buena Vista Social Club

En 1996, durante las sesiones de grabación del álbum Buena Vista Social Club, para el sello World Circuit, Omara fue invitada a cantar un bolero y ella escogió “Veinte años”. Lo cantó con Compay Segundo y se convirtió en uno de los momentos más sorprendentes del álbum. Omara contó con muy pocas horas para grabar su pista, pues al otro día tenía que irse de gira a Vietnam. En la película Buena Vista Social Club, de Wim Wenders, hay un momento profundo cuando Omara Portuondo e Ibrahim Ferrer terminan de cantar la arrebatadora canción “Silencio”. La canción dice que si las flores en su jardín vieran su tristeza, seguramente se marchitarían y morirían. Al momento de sentir el aplauso del público, aflora una lágrima en los ojos de Omara. Ibrahim saca un pañuelo de su pantalón y gentilmente le seca la lágrima. Es una escena muy gustada por la forma en que Wenders captura el romance de la música cubana en una sola toma. Considerada frecuentemente como la Edith Piaf cubana, Omara Portuondo ha conmocionado a públicos diversos en los cabarets y centros nocturnos de La Habana. La apasionada y conmovedora modestia de su voz la tornan una querida figura en el ambiente musical de la isla. Y al igual que Ibrahim Ferrer, tuvo que venir el álbum Buena Vista para gozar de un mayor reconocimiento internacional. Omara continuó siendo parte de las legendarias presentaciones del Buena Vista en Amsterdam y en el Carnegie Hall de Nueva York. Apareció también en la secuela Buena Vista Social Club presenta… Ibrahim Ferrer.

Una nueva era

En 2000, salió a la venta Buena Vista Social Club presenta… Omara Portuondo,la tercera parte de la serie, un álbum que finalmente sitúa su expresiva voz en el centro del escenario, donde pertenece. Omara grabó con la orquesta soñada, que incluye a los músicos de Buena Vista Rubén González, Orlando ‘Cachaíto’ López, Manuel ‘Guajiro’ Mirabal y Jesús ‘Aguaje’ Ramos, más apariciones especiales de Eliades Ochoa, Compay Segundo, Manuel Galbán e Ibrahim Ferrer. El álbum fue recibido con gran aclamación y condujo a Omara a una gira mundial 2000-2001 con las estrellas de Buena Vista Rubén González e Ibrahim Ferrer, lo que dio oportunidad de que una nueva generación de fanáticos viera en concierto a este ilustre trío. En 2001 Omara recibió otro importante reconocimiento cuando fue la primera cantante cubana invitada a presentarse en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México. Con Casa llena, Omara deleitó al público mexicano, tanto a la gente que la conocía junto con Elena Burke, como a la que recientemente la había ‘descubierto’. En 2002 Omara realizó una extensa gira mundial, apareciendo por toda América del Norte y Europa. En el otoño se presentó en el Jazz Festival de Japón, y cantó acompañada por músicos como Michael Brecker, Herbie Hancock, John Patitucci, Wayne Shorter y Danilo Pérez. En 2003, su presentaciones europeas la llevaron a festivales, incluida su aparición en el legendario Festival de Glastonbury, Reino Unido, en la Sección One World. Después viajó a Canadá y Estados Unidos, en otoño, junto con su banda, que cuenta con músicos como Papi Oviedo en el tres, Rolando Baro en el piano y Fabián García en el bajo.

El futuro

En septiembre de 2003, Omara retornó a los estudios egrem para grabar su segundo álbum solista para World Circuit. En la producción, se unió a Nick Gold Alê Siqueira, un brasileño cuyo trabajo con Carlinhos Brown, Caetano Veloso y Tribalistas, ganadores del Grammy Latino, le han dado reputación de ser uno de los productores más buscados del país. El aclamado ingeniero Jerry Boys y el renombrado músico y productor cubano, Demetrio Muñíz, completan el equipo de producción. Flor de Amormarca un viraje para Omara Portuondo, pues revela un lado mucho más rico y sutil en la textura de su sonido. En este álbum, la dama de Buena Vista Social Club es acompañada por los más renombrados músicos cubanos de Buena Vista Social Club quienes, en combinación con un selecto grupo de músicos brasileños, le confieren al álbum su estilo distintivo. Omara suena ahora realmente majestuosa en estas nuevas pistas que muestran la riqueza y madurez de una ejecutante de soltura y talento sorprendentes. El álbum exhibe también un aspecto más introspectivo del carácter de Omara, y ofrece a quien lo escucha la posibilidad de descubrir un rango mayor en los materiales y estilo que Omara maneja. Las canciones son interpretaciones nuevas de un repertorio clásico, una colección de viñetas maravillosas, y cada selección es única y especial. Nunca hay que dormirse en sus laureles y Omara retornará a los escenarios europeos en mayo y junio de 2004. Sonando tan bien como siempre, se encuentra en su elemento cuando canta en vivo, lo que cautiva a los públicos internacionales con una presencia gloriosamente impactante. Es en verdad una embajadora de la cultura cubana en todos los continentes.

Texto de World Circuit
Entrevista por Francois-Xavier Gomez, editada y revisada por Dave McGuire
Traducción de Ramón Vera Herrera
Los Jubilados

Los Jubilados

Los nueve músicos que integran Los Jubilados cuentan que, en 1997 se formaron como grupo musical por dos razones: por un lado fue por la necesidad y por otro, su opinión de que los jóvenes a quienes habían dejado paso, no tocaban esta música tan bien como ellos. Así regresaron a las tablas, empezaron a tocar los viejos sones y boleros de su generación, e inmediatamente empezaron a ganarse públicos de edades e historias muy diferentes. No se trata tanto de la grata sorpresa de ver a nueve viejos — varios bisabuelos entre ellos — moviendo las caderas en el escenario y preguntando, con voces roncas de tanto bien vivir, “¿quién será la dueña de mi amor?”, sino se trata de un arsenal acumulado de talento y una gran capacidad para interpretar una música que, al final de cuentas, marcó el siglo 20 no una, sino dos veces. “Mi maestro es la calle,” dice el director de Los Jubilados, Mario Caracasés, “eso no se aprende con papeles, está en las venas, en la sangre.” De joven, cuando el son se tocaba en grupos de cuatro o cinco músicos, Mario andaba en la calle, escuchando a los buenos, “buscando la calidad.” “Es una gracia que uno tiene aquí en el cuerpo, en la mente.” Con la llegada de las orquestas de baile, se fijaba en Bienvenido Granda, en Chapottín, en la Orquesta Aragón, entre otros. Como los demás integrantes de Los Jubilados, Mario pertenecía a las orquestas más importantes de su natal Santiago de Cuba y fue fundador del Cubanero, donde hacía segunda voz a la primera de Juan Gualberto ‘Bebeto’ Ferrer, a quien sigue acompañando, medio siglo después. Cero Farandulero, el primer disco de Los Jubilados, grabado poco después de su formación, ganó el Premio Especial Cubadisco 1999 y ahora el grupo empieza a recorrer los mismos teatros y festivales que son las segundas casas de los miembros del Buena Vista Social Club. En su primera gira por México, en mayo de 1999 hicieron llorar a Oscar de León, y conquistaron al público mexicano en la calle, en los salones de baile y en los teatros neoclásicos del Bajío. En el 2000, Los Jubilados regresaron con un segundo CD, ¡Óyeme Cachita!; un disco con más potencia, con más swing, como dicen en Santiago. Aunque cuatro integrantes del grupo son compositores reconocidos, para este disco interpretan 13 temas de su juventud, que reinventan con un estilo muy propio y, por lo menos en Santiago de Cuba, claramente identificado con ellos. El concepto de tocar ‘covers’, no existe entre los buenos soneros de Cuba porque cambian los arreglos, las letras y el espíritu de cada son según su propia inspiración. Cuando Afro Cuban All Stars toca “Alto Songo” se puede escuchar toda la sofisticación de una gran orquesta habanera. El mismo son interpretado por Los Jubilados es otra cosa; las letras improvisadas, la descarga en trompeta y tres, los coros y la instrumentación están directamente conectadas a la energía y la espontaneidad del puerto de Santiago. El son original ofrece la estructura musical sobre la cual el cantante se lanza, espontáneamente, a contar historias reales e imaginadas del señor que fue lechero, carbonero, funerario y boticario hasta llegar a ser un cantante internacional. Del autor de “Alto Songo”, Luis ‘Lilí’ Martínez, Los Jubilados interpretan cuatro sones más: “Quimbombó”, “Camagüey”, “Busco a otra” y “Rompe saragüey”, este último un afro-son que está profundamente inspirado en la santería. Considerado como uno de los pianistas cubanos más importantes del siglo 20, Lilí nació en Guantánamo, donde se hizo músico sin clases ni pentagrama. Igual que Rubén González, Lilí fue, durante varios años, el pianista de la orquesta de Arsenio Rodríguez. En este disco hay dos pregón-sones, género muy favorecido entre los soneros santiagueros, quienes evocan, a veces con doble sentido, el espíritu de los vendedores callejeros de mangos, cacahuates, dulces y muchos más productos apreciados en la vida diaria. “El panquelero” es tal vez el mejor conocido de estos dos, aunque “Camaroncito seco” se interpreta mucho en la Casa de la Trova de Santiago de Cuba. Entre los bolero-sones (“un bolero al que ponemos un estribillo para hacerlo más guapachoso,” explica Mario) están dos clásicos: “Quien será” de Arsenio Rodríguez y “Murmullo” de Electo Rosell, ‘Chepín´. Los Jubilados tratan los dos temas con una irreverencia típica de ellos e, inconscientemente, los inyectan con sangre nueva. “Murmullo” abre con un tono casi cursi, su suave melodía apoyada en una trompeta con sabor a Hollywood de los años 50, para luego romper con un montuno escandaloso:

Ponla aquí ponla allá
ponla donde quieras
pero pónmela

La historia se repite en “¿Quién será?” Bebeto empieza preguntando, con mucha pasión y seriedad, quién será la dueña de su amor. Justo cuando las parejas han sido seducidas por esta pregunta universal, llegamos al estribillo que es prueba cabal de la gran imaginación santiaguera:

los reyes del cielo te van a traer,
un muñequito que te haga reír.

Los Jubilados de igual manera dejan su huella, en otro tema clásico, “Suavecito”, el son compuesto por Ignacio Piñeiro en 1930. Al principio respeta la letra y el espíritu del son original pero el montuno rompe de nuevo con lo que el público hubiera esperado y el coro canta un contagioso estribillo que lo distingue fuertemente de la versión habanera: suave nena, suave, suavecito… muy a lo santiaguero. El bolero “La virgen de Guadalupe” es una composición de un viejo trovador de Santiago, Gerbert Bordes, quien nunca ha visitado México. Conocido localmente por su gran imaginación, lo compuso a petición de su hijo quien trabaja en una ONG y quería dedicarlo a sus colegas mexicanos. Padre e hijo investigaron la historia de la Virgen y Gerbert compuso el bolero. Finalemente, la guaracha que da título a este CD, “Cachita”, conocida composición del borinqueño Rafael Hernández, no era parte del repertorio original de los veteranos sino que lo montaron hace poco, a petición de los múltiples extranjeros que visitan Santiago de Cuba para escuchar su música. Cada una de estas selecciones está marcada por las sobresalientes descargas en la trompeta y el tres, apoyados en la línea percusiva en la cual la participación de Mario en las maracas y Bebeto en los claves es también notable. Jerónimo Ibarra, ‘Alemán´, no descuida tampoco su participación en los bongoes y de nuevo nos da muestra de tremendas descargas en “La ruñidera” y “Cachita”. Para este disco Los Jubilados invitaron al trompetista más importante de Santiago, Carlos Thomas Brown, solista de la Banda Municipal de Santiago, donde Compay Segundo empezó su carrera musical. Tiene una capacidad notable de captar el sentimiento de cada selección: desde la energía frenética de Alto Songo a la entrada sentimental de Murmullo. Transmite con mucha claridad la pasión y el humor de los músicos que acompaña. Para el tresero, Rafael Lafarguez, mejor conocido como ‘Tangañica’, ésta resultó ser su última grabación. Falleció, inesperadamente, después de una embolia, dos meses después de dejar esta demostración de su gran talento. Su inteligencia y sensibilidad fueron claves para el grupo. Este disco está dedicado a la memoria de él. En 2001 aparece su tercer CD, No Tiene Telaraña,así titulado por el muy movido son que abre el disco. A pesar de ser una composición muy vieja del trovador santiaguero Rosendo Ruiz, habla muy claramente de Los Jubilados hoy en día: nueve músicos experimentados que presentan un repertorio añejo interpretado con gran frescura, energía y creatividad; limpio de polvo y telarañas que pudieran obstruir una música simplemente nostálgica. Con este su tercer CD, Los Jubilados encuentran una energía todavía mayor que en sus dos discos previos. Con la notable excepción de “Juramento’”, composición clásica de Miguel Matamoros, no hay boleros en esta producción; el énfasis está en esta música que invita a bailar, a olvidarse de los pormenores estresantes de la vida cotidiana, y adentrarse en el regocijo. Entre los números muy movidos se encuentra la guaracha “Pare cochero”, misma que incluye una improvisación sonera de Bebeto, y tres guaguancós, el género que sale de la rumba tradicional para tomar su lugar en la pista de baile sonera. Entre los temas más conocidos se encuentra el gran pregón son, himno a la vida callejera de Santiago de Cuba, “Harina de maíz”; y entre las composiciones del propio grupo está “Mi son santiaguero”, del fallecido tresero Rafael Lafarguez ‘Tangañica’, Actualmente el tresero es Fidel Lino Pérez Massó, músico muy conocido en la Casa de la Trova de Santiago de Cuba; el trompetista, quien se integró al grupo desde el segundo CD, es el virtuoso solista santiaguero Carlos Thomas Brown. Los percusionistas son ya bien conocidos, pues han estado en las dos giras anteriores: Gerónimo Ibarra en los bongoes y Jesús Estrada en la tumbadora. El guitarrista es otro veterano del grupo, Jorge Ribeaux, igual que el cantante que comparte las primeras voces con Mario y Bebeto: Hermelino Visset. El bajista Luis La Rosa, quien cuida su instrumento como a su vida, ha estado con Los Jubilados desde sus inicios, y son sus palabras, comentadas a un periodista mexicano durante la gira anterior, las que captan el espíritu de estos entrañables veteranos: “Los Jubilados lo único que ofrecemos es música buena que busca ser más buena cada día para que quien la escuche se sienta bien. Nuestra aspiración es sólo eso: ser cada día mejores y hacer cada vez mejor música.”

La Negra Graciana

La Negra Graciana

“Un día mi papá fue por Don Rodrigo, un arpista cieguito de los dos ojos, hasta Rancho del Padre y se lo trajo a Puente Izcoalco para que le diera clases a mi hermano Pino. Cuando llegó el cieguecito a la casa y empezó a afinar el instrumento ¡que cosa más linda! Sentí como si me diera un salto el corazón. Yo oí esos sonidos tan bonitos que… no sé cómo explicártelo. Fue entonces que me dije: yo voy a tocar el arpa.”

- Graciana Silva

Graciana Silva proviene de una familia de músicos originarios de un rancho cerca de Medellín de Bravo, Veracrúz. Su padre Don Zito Doroteo Silva tocaba la jarana, su madre Primitiva García, cantaba (“rebonito”, según Graciana) y le gustaba decir versos e improvisar y su hermano mayor, Pino, aprendió desde chico a tocar el violín y la jarana. Con esta escuela a la mano y un talento natural, Graciana empezó a tocar en bailes y fiestas desde los 10 años, después de haber aprendido observando al maestro arpista Don Rodrigo, el ‘cieguecito de los dos ojos’, que fue contratado para enseñar al hermano mayor de Graciana. Este hermano, Pino Silva, nunca dominó el secreto del arpa pero acompañaba a Graciana en la jarana y la voz en las reuniones familiares y, más tarde en sus grabaciones y sus viajes internacionales. La infancia y adolescencia de Graciana se desarrollaron en esta ambiente rodeada de música y bailes. Más grande, ella ofrecía sus sones en las cantinas del Puerto de Veracruz y fue en uno de estos días de trabajo que, meses antes de cumplir sus 60 años, conoció a Eduardo Llerenas, fundador de Discos Corasón. Impresionado por su voz y por el estilo añejo de tocar el arpa (más lento, sentido y complejo que el estilo de la mayoría de los arpistas del puerto), Llerenas propuso grabarla y regresó varias veces a Veracruz antes de realizar la grabación en un rancho muy alejado del puerto. El CD La Negra Graciana y el Trío Silva, Sones jarochos (Corasón CO109) tuvo un impactó más fuerte de lo que Llerenas habría esperado. Poco después de salir al mercado en 1995, esta grabación dio como resultado en 1996 una gira por Holanda y Bélgica, el principio de su carrera internacional que le llevaría a los foros y festivales más importantes de Europa y América del Norte. En esta época de su carrera musical, Graciana participó en varios festivales culturales en México, incluyendo el Festival Cervantino en donde compartió el escenario con el difunto Juan Reynoso y con el poeta y músico Guillermo Velázquez. En 1996 Graciana se presentó en un evento masivo en The Harbourfront Centre de Toronto, Canadá y después de este viaje, se juntó con Guillermo Velázquez en un evento producido por Discos Corasón llamado ‘Son de México,’ en el que se presentaban sones de cuatro regiones: de la Sierra Gorda; de Michoacán; de la Huasteca y de Veracruz. Con este formato artístico, Graciana se presentó en el Barbican Centre de Londres; en Seattle y más tarde en un prestigiado festival de Berlín. Colaborando con la comunidad mexicana en los Estados Unidos, Graciana se presentó en el Mexican Fine Arts Centre de Chicago. Durante su visita a Chicago, Graciana ofreció unos conciertos en escuelas públicas para alumnos de origen mexicano y afro americano. Terminando su actuación, los muchachos hacían fila para saludarla y tocarla, como si fuera un ícono de la buena suerte. A principios de 1998, La Negra Graciana regresó a Europa para presentarse en el Theatre de la Ville, en la riviera del Río Sena de París, en el Royal Festival Hall en Londres para concluir su gira con un concierto en Caen, Francia y otro en Madrid. El concierto en París fue grabado para su posterior producción en un CD titulado La Negra Graciana: En vivo desde el Theatre de la Ville, Paris (Corasón CO145). Entre 1999 y 2001, Graciana seguía participando en eventos internacionales. Acompañada por los hermanos Ochoa, viajó a Barcelona para ofrecer tres conciertos en Cataluña y las islas Baleares. En 2001 se presentó en México en el Festival del Centro Histórico (el concierto incluyó una colaboración espontánea con Los Lobos que se encontraban en el mismo programa musical). La última de las giras organizadas para Graciana por Discos Corasón fue a Sevilla en 2001. Desde esa fecha Graciana sigue presentándose en diferentes festivales tanto nacionales como internacionales, participando dos veces en el Festival Tajín, viajando a Francia en donde grabó su tercer CD y presentándose en el festival ‘La Mar de Músicas’ en Cartegena, España. En este tiempo participó en un documental, producido por la Universidad de Guadalajara, misma que incluía a Chavela Vargas y a Eugenia León. Aunque Graciana ha sido acompañada por distintos músicos jarochos del Puerto de Veracruz durante su larga carrera musical, su preferencia siempre ha sido de presentarse como solista: su voz y su arpa.

Ibrahim Ferrer (1927-2005)

Ibrahim Ferrer (1927-2005)

Ibrahim Ferrer fue el cantante del Buena Vista Social Club, el grupo de veteranos músicos cubanos que se vieron lanzados a la fama internacional a finales de la década de 1990, cuando el mundo re-descubrió la música de la isla. Ibrahim era un hombre afable y sencillo, y la fama que gozó en sus últimos años no alteró su carácter. Su vida es la historia de un hombre de gran sensibilidad y entereza. Nació el 20 de febrero de 1927 en San Luis, cerca de Santiago, en el oriente de Cuba, cuna también de una buena parte de los géneros musicales cubanos, como el son tradicional, que funde vertientes españolas y africanas, o el elegante danzón, de influencias europeas. Su madre estaba en un baile cuando sintió los primeros dolores de parto, e Ibrahim solía decir que había sentido el ritmo del son desde el vientre materno. Creció en el legendario barrio de Los Hoyos en Santiago, famoso por su conga en tiempos de carnaval y por haber dado muchos de los mejores músicos de rumba y son que la isla ha tenido; un barrio bravo donde la santería y la música son parte integral de la vida cotidiana de la comunidad. Ya huérfano a la edad de doce años, Ibrahim trabajó vendiendo dulces en la calle para sostenerse. Su carrera musical comenzó un par de años más tarde, cuando formó con un primo el grupo Los Jóvenes del Son para amenizar las fiestas del barrio. Los primeros pesos ganados de esta forma le dieron satisfacción. Trabajó como carpintero y cargador en el muelle, pero en Santiago lo importante era el son, y pronto empezó a tocar de forma regular en las fiestas y carnavales de la región. La gente comenzaba a notar a Ibrahim a finales de los años cuarenta, cuando estaba desarrollando su talento con varios grupos, como el Conjunto Sorpresa, el Conjunto Wilson y el grupo de Pacho Alonso. En 1955 tuvo un hit, “El Platanar de Bartolo”, con la Orquesta Choppín Chóven, el grupo más famoso de Santiago en aquel momento. Con ese impulso se fue a La Habana en 1957, donde trabajó con la famosa Orquesta Oriental y con el gran Benny Moré antes de reunirse con Pacho Alonso para formar el grupo Los Bocucos, cuyo nombre tomaron del tambor que se usa en Santiago durante el carnaval. En estas actuaciones, Ferrer cantaba sobre todo guarachas y sones con un gran talento para las improvisaciones rítmicas de estos estilos musicales, lo que por otro lado no le dejara espacio para satisfacer su ambición de cantar las melodías más íntimas y pausadas de los boleros. A principios de la década de 1960, los Bocucos visitaron Europa y tocaron en París, Praga, y Moscú, donde Ibrahim habló con Nikita Kruschev en vísperas de la crisis de los misiles de Cuba. “Me preguntó cuál era mi opinión sobre el conflicto, pero habíamos estado fuera de gira durante dos meses y yo no sabía de qué me estaba hablando”, recordaba Ibrahim. Aunque la imposición del bloqueo estadounidense recortaba severamente las posibilidades de tocar fuera de Cuba, Ferrer pensaba que la situación política había sido positiva para su desarrollo musical: “como no estábamos tocando para turistas, había una mayor identificación entre los músicos y el público”. Ibrahim Ferrer permaneció con los Bocucos hasta su jubilación en 1991. Después de retirarse de la música, complementaba su pensión vendiendo boletos de lotería y lustrando zapatos. De pronto, una tarde en 1996, durante las sesiones con los músicos del Buena Vista, Ry Cooder preguntó si habría algún cantante con una voz suave para cantar un bolero. Juan de Marcos González pensó inmediatamente en Ibrahim y lo fue a buscar a su casa. “Al principio no estaba interesado”, dijo Ferrer. “Había sufrido mucho en la música. Me sentía, no sé cómo decirlo… desilusionado de mi vida en la música. Pero Juan de Marcos insistió y yo consentí grabar una canción. Le dije que no podía ir a ningún lugar sin prepararme antes, pero me contestó: ‘¡No, no, están grabando ahora!’ Así que dejé los zapatos que estaba lustrando y me fui con él para los estudios Egrem”. ”Cuando llegamos al estudio de grabación, allí estaban Rubén González y Compay Segundo con Eliades Ochoa, Barbarito Torres, ‘Guajiro’ Mirabal, gente a la que yo había admirado toda la vida. Empecé a tararear mientras Rubén González improvisaba en el piano, y para mi sorpresa me di cuenta de que lo podía seguir. Eliades Ochoa me vio y empezó a tocar la melodía de Faustino Oramas que yo cantaba, ‘Ay Candela’. Ry Cooder y Nick Gold estaban en el cuarto de control. Yo no sabía quienes eran, pero parecía que mi voz les gustaba. Y cuando canté el bolero ‘Dos Gardenias’ de veras se fijaron en mí. Todavía no puedo creer que fui allí a grabar una canción y al final canté en casi todas. ¡Y me habían escogido como cantante de boleros!” A la vez que grababa el disco Buena Vista Social Club, que ganó un premio GRAMMY y vendió más de 8 millones de ejemplares, Ibrahim Ferrer cantó en el disco de Afro Cuban All Stars A toda Cuba le gusta. En 1997 Ibrahim fue uno de los cantantes en la gira europea de Afro Cuban, y después fue vocalista en las subsiguientes giras del pequeño grupo de Rubén González. Ibrahim regresó a Egrem a grabar su disco como solista, Buena Vista Social Club presenta a Ibrahim Ferrer, que vendió 1.7 millones de ejemplares. El disco, producido por Ry Cooder, demostraba la formidable destreza del cantante en las improvisaciones soneras, y establecía de forma definitiva su dominio del género del bolero con melodías como Silencio, el candente dúo con Omara Portuondo. El disco dio el material para la película de Wim Wenders, Buena Vista Social Club, cuyo retrato del cantante sorprendió y conquistó al público internacional. Ahora sí, Ibrahim Ferrer irrumpió en los escenarios del mundo: durante los siguientes siete años visitó Norteamérica, Europa, Asia, Sudamérica y Australia. El grupo que lo acompañaba era el de sus sueños, con músicos de la estatura del gran trompetista Manuel ‘Guajiro’ Mirabal o ‘Cachaíto’ López, reconocido como el mejor bajista de la Cuba actual. Cada vez más solicitado, Ibrahim grabó un dueto con Damon Albarn para un disco de Gorillaz, y cantó en español sobre las voces en wolof de un disco de la Orquesta Baobab. Su apertura hacia otros pueblos y su música, aunada a su increíble versatilidad, le permitían adaptar su estilo a otros tipos de música. Su reciente fama lo llevó a conocer a personalidades internacionales del cine y de la música, y a varias cabezas de estado. Al mismo tiempo que se establecía de forma definitiva en la historia musical y triunfaba como músico profesional, Ibrahim era, en palabras de Nick Gold, “el más espiritual de los Buena Vista”. Era devoto de San Lázaro, el santo que representa a Babalú Ayé en la santería cubana, y le tenía un altar en la sala de su casa. También llevaba siempre consigo un bastón tallado en ébano que había sido de su madre. Ibrahim no se preocupaba de lo que podría parecer superstición, y decía que la fe siempre lo había acompañado, en los tiempos buenos y en los malos. Que estos tiempos eran buenos lo indicaban los discos de oro que llenaban una pared entera de su casa. “Y pensar que antes no me habían dejado cantar boleros”, decía. “Les parecía que mi voz no servía para el bolero. Que no era varonil. Pero gracias al Buena Vista, se me abrió un camino adelante y pude llegar al lugar en el que tenía que estar”. En 2003 salió el disco Buenos hermanos, que ganó el GRAMMY Latino en la categoría de música tradicional tropical y el premio MOBO, otorgado en Gran Bretaña. En 2004, Ibrahim Ferrer recibió el premio de Radio 3 de World Music de la BBC, en la categoría de música de las Américas. El mismo año, Buenos hermanosganó el GRAMMY internacional en la misma categoría en que había ganado su GRAMMY latino un año antes. En un evento que provocó la crítica de medios de comunicación y personalidades de todo el mundo, los músicos cubanos no pudieron viajar a Los Ángeles a recibir su premio, pues el gobierno de los Estados Unidos les negó el visado de acuerdo a sus leyes seguridad nacional. En La Habana, un mural muestra a Ibrahim Ferrer y cita sus palabras “¡Y ahora dicen que somos terroristas!” Finalmente Ibrahim había llegado a un momento en su carrera en el que podía hacer lo que quisiera. Para su siguiente proyecto, quería dedicar un disco al bolero, el género que lo había aguardado tanto tiempo. Con un grupo muy íntimo, formado por el pianista Roberto Fonseca y con la participación de Manuel Galbán y Cachaíto López, empezaron a grabar en 2004 en los estudios EGREM en la Habana. Para prepararse para el lanzamiento del disco, el grupo que lo acompañaba en las giras empezó a incorporar más boleros a su repertorio de concierto. También empezaron a trabajar grabando ‘demos’ de las piezas que querían grabar para completar el disco. Antes de terminar las sesiones de grabación, Ibrahim y su grupo salieron hacia Europa para presentar los boleros en vivo. Fue su primera oportunidad para mostrarle al mundo algunas de las piezas que aparecerían en el nuevo disco. Al regresar a La Habana al final de la gira, en el verano de 2005, Ibrahim cayó enfermo e ingresó al hospital. Moriría el 6 de agosto, a la edad de 78 años. Consciente de que el tiempo se le acababa, Ibrahim pidió que las grabaciones de los boleros salieran en el disco para el que estaban destinadas.

Por Dave McGuire
World Circuit
Traducción de Ramón Vera Herrera
Fatoumata Diawara

Fatoumata Diawara

Mejor conocida a nivel mundial como Fatou, es ya una de las jóvenes promesas del continente africano fusionando el folk wassoulou con una propuesta contemporánea, mezcla de  jazz y soul, además de ser portavoz del mensaje de paz y en contra de la guerra en su país, para lo cual ha convocado a 40 músicos legendarios de Mali para esparcir este mensaje por el mundo entero.

Durante 2009 y 2010 acompañó a Oumou Sangaré en su gira internacional, hecho que marcó su estilo interpretativo con temas de gran intensidad. Poco después decide incursionar como cantante solista, siendo seleccionada para actuar en Womex, The World Music Expo en el Reino Unido, ofreciendo un espectáculo que a decir de la crítica, fue “emotivo y brillante”.

De entonces a la fecha ha tenido la oportunidad de cantar con grandes artistas como Herbie Hancock, con quién colaboró en la versión de Imagine, tema original de John Lennon y en el que colaboraron artistas como Pink y Seal.

Con tan sólo 30 años de edad, Fatou ha sido merecedora del Grammy y del reconocimiento de artistas consagrados como Damon Albarn, Toumani Diabaté, Herbie Hancock, y John Paul Jones de Led Zeppelin luego de compartir escenario con ella en festivales europeos como África Express, AfroCubism, Festival Mundial de Ámsterdam, Jazz de Haarlem y Jazz à Vienne.

Chavela Vargas - Por mi culpa

Chavela Vargas

Isabel ‘Chavela’ Vargas Lizano nació en Costa Rica en 1917 y llegó a México en su adolescencia, donde trabajó de chofer y de cantante callejera. Amiga de Diego Rivera y de Frida Kahlo, en los 1950s Chavela ganó un lugar importante en la efervescente escena musical, desvistiendo la canción ranchera mexicana y mostrando su gran talento para decir las cosas como son.

Para muchos, Chavela fue la mejor intérprete del legendario compositor, su gran amigo José Alfredo Jiménez. Chavela, admirada por presidentes y princesas, cantó en una de las bodas de Elizabeth Taylor y convivía con Ava Gardner y Rock Hudson en Acapulco. Sin embargo, nunca abandonó a su público principal que fue, como ella, ‘el pueblo’.

En 1976, cansada de tantas noches de parranda, Chavela se retiró, regresando dramáticamente en 1991, la década de sus conciertos en el Olimpia de París y de sus largas giras europeas. En 2003, a la edad de 83 años, debutó en el Carnegie Hall.

Chavela participó en varias películas incluyendo ‘La soldadera’ en 1966 y–durante los ‘90s–‘El último trago’ y ‘Carne trémula’ de su gran amigo, Pedro Almodovar. En 2002 participó en ‘Frida’ de Julie Taymore y en 2006 en la banda sonora de ‘Babel’.

Entre sus múltiples premios, el presidente de España le entregó la ‘Gran Cruz Isabel la Católica en 2000 y en 2007 la Academia Latina de las Artes y Ciencias de la Grabación reconocieron su carrera profesional. Dos años más tarde fue proclamada ‘Ciudadana distinguida’ de la Ciudad de México y en 2012 ganó, póstumamente, el premio ‘Lunas del Auditorio´ por el mejor concierto Iberoamericano.

Chavela grabó más de 80 discos durante su carrera, entre ellos destaca ‘En vivo del Carnegie Hall (2006) y ‘La luna grande’ (2012) su homenaje al poeta español, Federico García Lorca. La decisión de Chavela – a sus 93 años — de seleccionar y declamar poesía de Lorca marcaba una nueva y muy ambiciosa fase de su larga carrera profesional. Su presentación de este disco en el Palacio de Bellas Artes fue, sin duda, su despedida, aunque la gran cantante todavía logró viajar a Madrid antes de fallecer – ya de regreso a México- el 5 de agosto de 2012.

El Amado Carrillo

Fue un auto entrañable para Eduardo Llerenas y Mary Farquharson, directivos de Discos Corasón. En este vocho de batalla, la pareja realizó su primer viaje de de grabación de campo. ¿Cuándo? El periplo arrancó el 14 de febrero de 1992. Durante ese recorrido por Michoacán se hizo la grabación del Conjunto Atardecer, que forma parte de la producción Dalia Tsistiki, pirekuas y sones abajeños de los Purepecha. En un dato curioso, el vochito tenía un nombre muy apropiado para la época: “Amado Carrillo”.

Los Camperos de Valles

Los Camperos de Valles

Los Camperos de Valles es un trío de músicos y cantantes de la Huasteca, que fue fundado a finales de los años setenta por Marcos Hernández, cantante con voz de falsete angelical. El violinista fue durante muchos años Heliodoro Copado quien, antes de fallecer, cedió su lugar a un joven virtuoso, el tamaulipeco Camilo Ramírez. A cargo de la jarana está Gregorio Solano quien pertenece al grupo desde hace más de 20 años.

Hoy en día existen centenares de tríos huastecos: se trata de un género de la música tradicional con gran vitalidad. En este escenario, entre los músicos mismos, Los Camperos es el grupo a seguir. Músicos más jóvenes los buscan en la radio y en vivo, compran sus múltiples CDs y viajan a Ciudad Valles, San Luis Potosí a conocerles y a aprender algo de su estilo de tocar.

Lo que distingue este trío radica en el virtuosismo de los músicos por separado pero, más importante es el acople y la comunión que expresan los tres juntos. La improvisación en el violín, la voz aguda de Marcos y la trova espontánea de Gregorio, ‘Goyo’, imponen sobre el repertorio ya conocido. Los Camperos son capaces de reinventar tanto los sones ejecutivos, de gran complejidad técnica, como los cantos a dos voces que tienen una belleza más sencilla.

Esta maestría de Los Camperos de Valles fue lo que captó la imaginación de Eduardo Llerenas quien grabó a Marcos Hernández por primera vez en 1971 y no ha dejado de trabajar con él durante los siguientes 38 años. En este tiempo Los Camperos se ha presentado en diferentes ciudades de los Estados Unidos y ha viajado múltiples veces a Europa. En una de estas giras se presentó en el prestigiado festival de Womad en Inglaterra y grabó un disco en los estudios de Peter Gabriel, lanzado en México por Discos Corasón bajo el título de ‘La Pasión’. En octubre de 2011 se presentaron en el prestigiado Festival de Otoño en Paris. En México, Los Camperos ha participado en los festivales culturales más importantes desde el Festival Cervantino al Ollin Kan. En la región, sigue siendo el grupo preferido para las más importantes fiestas y festivales como son los encuentros anuales en Querétaro y San Luis Potosí y hasta en el Estado de México en donde miles de Huastecos emigrados de la región se juntan para bailar al son de Los Camperos. Entre sus múltiples reconocimientos, Los Camperos fueron homenajeados en el Festival de la Huasteca 2009 en Xilitla, San Luis Potosí.

Marcos Hernández: huapanguera y voz

Camilo Ramírez: violín

Gregorio Solano: jarana y voz