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Angá Díaz (1961-2006)

Angá Díaz (1961-2006)

  • Angá Díaz fue uno de los más importantes congueros del mundo. El estilo de tocar cinco tambores a la vez — que desarrolló como integrante del grupo cubano de latin jazz, Irakere, fue reconocido mundialmente.  Angá compartía su técnica con estudiantes de percusión por medio de talleres y cursos en Europa y Los Estados Unidos. Fue un músico de enorme creatividad que logró romper todas las barreras entre diferentes estilos musicales y así interpretar la rumba y el son — además de bolero, hip hop, funk, jazz, jungle y rap– siempre con su base indiscutible de la música cubana. Angá murió en Barcelona a los 45 años, el más joven de los miembros del Buena Vista Social Club.
  • 1961 Nace Miguel Aurelio Díaz Zayas en San Juan y Martínez en la provincia de Pinar del Río, Cuba, un área conocida por su tradición rumbera. Comparte el apodo Angá con su padre. Comienza pronto a tocar prodigiosamente.
  • 1971 Asiste a la Escuela Nacional de Arte de Pinar del Río. Comienza estudios formales de percusión.
  • 1975 Gana la beca para estudiar percusión clásica en la Escuela Nacional de Arte de La Habana. Se une al Treceto de la ENA en su primer día de escuela, y tocaría con ellos por el resto de su carrera académica. Mientras está en la escuela, es invitado a grabar algunas bandas sonoras de cine y televisión por el pianista José María Vitier, tocando junto con el maestro de conga Tata Güines y el baterista  Guillermo Barreto.
  • 1978 Treceto de la ENA se reforma como Bus Trece (Opus 13). Termina la escuela y comienza su carrera profesional con la Banda. Pasa nueve años grabando y haciendo giras internacionales con Opus 13.
  • 1987 Se une a Irakere, bajo la dirección del maestro del piano Chucho Valdés. Pioneros del jazz en Cuba, Irakere viaja ampliamente, presentandose en el Palacio de Bellas Artes en México, entre muchos otros conciertos que ofrecieron. Angá perfecciona su técnica de 5 congas.
  • 1994 Comienza su carrera como artista solista. Graba Pasaporte con Tata Güines, que gana un premio de Álbum del Año de EGREM, el equivalente de un Grammy cubano. Enseña clases magistrales, incluyendo talleres de verano de la Universidad de Stanford en California y la Universidad de Banff en Canadá. Establece una segunda sede en París; divide su tiempo entre Francia y Cuba. Comienza a trabajar con Steve Coleman, saxofonista experimental norteamericano.
  • 1996 Se une a Roy Hargrove – aclamado trompetista estadounidense – en el Festival Internacional de Jazz de La Habana. Graba Habana (ganador de un Grammy) con Roy Hargrove y Crisol. Se une a la banda de gira de Hargrove. Graba A toda Cuba le gusta con los Afro-Cuban All Stars de Juan de Marcos González, un álbum inter-generacional con los músicos más finos de Cuba; muy importante en la explosión de la música cubana a finales de los 90s.
  • 1997 Graba Genesis & The Opening of the Way con Steve Coleman.
  • 1998 De gira en Senegal e India con Coleman; graba y toca con músicos locales.
  • 1999 Graba Distinto, diferente con Afro-Cuban All Stars y The Sonic Records Language of Myth con Steve Coleman & Five Elements. Prodice el video tutorial “Anga Mania!” (que gana en 2000 el premio a Video de Percusión del Año de la revista Drum Magazine).
  • 2000 Graba Chanchullo con Rubén González (nominado al Grammy). Sale de gira con Rubén González. Graba A lo cubano con el grupo de hip hop cubano Orishas.
  • 2001 Figura clave en el álbum Cachaíto de Orlando ‘Cachaíto’ González, editado por World Circuit. Lidera la banda de Cachaíto en sus giras y es aclamado por la crítica. Visita México junto con Cachaito, para lanzar el disco a medios y en vivo.
  • 2003 Se muda a Barcelona. Graba Buenos hermanos con Ibrahim Ferrer (ganador de un Grammy y un Grammy Latino). Graba Mambo Sinuendo con Ry Cooder y Manuel Galbán (ganador de un Grammy).
  • 2004 Graba Flor de amor con Omara Portuondo (nominado al Grammy). Graba Buena Vista Social Club Presents con Manuel ‘Guajiro’ Mirabal. Gira internacionalmente con Omar Sosa – innovador pianista cubano.
  • 2005 Echu Mingua,  su primer disco como solista, es editado por World Circuit, con el elogio de la crítica.
  • 2006 Gira Echu Mingua en verano. En agosto del mismo año se muere de un infarto. Tenía solo 45 años.
 
Armando Garzón

Armando Garzón

Al igual que Benny Moré, su voz acaricia; similar a Barbarito Diez, es refinado, exquisito. Siguiendo a su gran amiga, Elena Burke, cree que la voz lo es todo. A diferencia de cualquier otro solista cubano, Armando Garzón es poseedor de una voz de contratenor perfectamente entrenada, que emplea para interpretar la indestructible lírica romántica latinoamericana; el bolero. Su carrera profesional se inicia como solista del renombrado coro El Orfeón en su natal Santiago de Cuba, donde desarrolló una fuerte pasión por la música religiosa europea, principalmente las obras de Scarlatti y de los compositores ingleses de los siglos 15 y 16. Es en los años 80 que deja la música clásica para realizar un disco junto con Pablo Milanés interpretando boleros y canciones cubanos. En su primer CD bajo el sello de Discos Corasón es acompañado por el Quinteto Oriente; una agrupación tradicional de Santiago de Cuba que lleva el bolero en sus venas y que nació en el seno de la trova tradicional. En su segundo CD Garzón se reunió con uno de los grupos más recios del son cubano, Los Guanches, para grabar un repertorio de boleros antiguos al ritmo del danzón pero con la instrumentación de la trova tradicional. Tras una larga gira en Francia y Holanda, a finales de 1999 lanzó su tercer CD; en el cual, acompañado por siete sobresalientes jóvenes, presenta un repertorio de música latinoamericana, desde la vieja trova, pasando por el ‘filin’ y la nueva canción. Bautizado por la prensa como ‘El Ángel Negro de la Voz de Terciopelo’, Garzón está considerado como el mejor cantante solista de Santiago, tanto en música clásica como en popular, por su excepcional voz de contratenor. Como resultado, se ha presentado en múltiples ocasiones en los festivales y teatros más importantes de México y Europa, entre ellos el Zócalo de la Ciudad de México, el Teatro Blanquita, el Festival Cumbre Tajín de Veracruz, el Teatro de la Ciudad de Aguascalientes y la Universidad de Guadalajara. En 2001, acompañado por el maestro Felipe Urbán y su Danzonera, Garzón sedujo profundamente a más de 50,000 personas en lo que fuera denominado como ‘el salón de baile más grande del país’: el Zócalo capitalino. Con un cautivador repertorio de danzones, Garzón regresó a Europa en 2002 para presentar una exitosa gira de más de dos meses que incluyó destacados foros y festivales europeos.

Ali Farka Touré (1939-2006)

Ali Farka Touré (1939-2006)

Ali nació en 1939, en el poblado de Kanau, aledaño a los bancos del río Níger en el noroeste de Malí. Fue el décimo hijo de su madre pero el primero en sobrevivir la infancia. “Perdí nueve hermanos, hijos todos de mi padre y mi madre. Me pusieron por nombre Ali Ibrahim, pero es costumbre en África darle un apodo extraño a un niño si tuvo otros hermanos que murieron.” El apodo que escogieron para Ali fue Farka, que significa burro, animal admirado por su fuerza y tenacidad. “Pero aclaremos”, decía, “soy el burro que nadie puede montar”.

Cuando Ali era apenas un infante murió su padre, mientras servía en el ejército francés, y entonces la familia se mudó al sur, por el río, a Niafunké, el poblado que Ali consideró su hogar por el resto de su vida. Niafunké cuenta con una población de más de veinte mil personas, y es uno de los más grandes poblados dispersos en esta árida y semi-desértica región. La falta de electricidad y el hecho de que apenas hace poco instalaron postes de telefonía contribuyen a la atmósfera tranquila;  siempre hay una brisa refrescante que sube desde el río. La gente vive del cultivo, la ganadería y la pesca. Ali era el ciudadano más famoso de Niafunké. Pese a ser conocido internacionalmente, él siempre se consideró campesino.

En Mali la música es en gran medida el monopolio de castas hereditarias de músicos, pero Ali provenía de un linaje noble. No hay tradición musical en su familia, pero muy pronto en la vida tuvo su llamado, lo que lo metió en la música “mediante su poder”. Ali era hijo del río. En Niafunké, como en casi todo Malí, la religión dominante es el Islam y Ali era musulmán devoto. Pero en esta parte del mundo el Islam coexiste con un sistema de creencias nativas mucho más antiguas, conectadas al misterioso poder del Níger. Se cree que bajo el agua hay todo un mundo de espíritus conocido como Ghimbala —djinns masculinos y femeninos con carácter propio, e historia, colores y objetos rituales simbólicos, cuyo vívido retrato conforma la mitología local. Estos djinns controlan el mundo material y el espiritual. Aquellos que tienen el don de comunicarse con los espíritus son llamados “hijos del río”.

Ali no recibió educación formal y el cultivo de la tierra absorbió su niñez. Después fue aprendiz de sastre. Pero lo hipnotizaba la música tocada en las ceremonias espirituales de los poblados de los bancos del Níger. Podía sentarse a escuchar con gran admiración mientras los músicos cantaban y tocaban los instrumentos favoritos de los espíritus: la guitarra de una sola cuerda conocida como djerkel, el violín de una cuerda o njarka y el n’goni, laúd tradicional de cuatro cuerdas.

Su familia no consideró que la música fuera una ocupación meritoria y no alimentaron el interés del niño. No obstante, se tornó un joven que con fiereza buscó su independencia y su propia determinación, y a los doce años ya tocaba su primer instrumento, una djerkel. Para Ali fue muy fácil y natural aprender a tocar. Pero antes sufrió algunos ataques ocasionados por su contacto con el mundo espiritual. Lo enviaron a un poblado vecino para curarse y cuando regresó fue reconocido muy pronto por su poder de comunicación con los espíritus.

Su abuela, Kounandi Samba, famosa en la zona como sacerdotisa de Ghimbala, tuvo mucha influencia sobre Ali. Pero después de la muerte de la abuela, lo disuadieron de volverse sacerdote. “Por el Islam, no quiero practicar mucho este tipo de asuntos … estos espíritus pueden ser buenos o muy malos para uno, así que sólo les canto, es nuestra cultura, no puedes evitarla.”

Muchas de sus canciones hablan de los espíritus, y siempre viajaba con su violín njarka y con grabaciones de esa música espiritual que escuchó antes. De adolescente, Ali fue taxista y mecánico de autos, además de ser, durante algún tiempo, piloto de la ambulancia ribereña. Estos trabajos lo hicieron viajar ampliamente pero continuó tocando música en las ceremonias y por placer, con grupos pequeños y como acompañante de algunos cantantes.

Cuando cumplió poco más de veinte años ya manejaba con fluidez siete lenguajes malienses y dominaba el ngoni (el laúd tradicional de cuatro cuerdas), el njarka y la flauta de bambú propia del pueblo peul. Iba en camino de absorber un vasto repertorio de música y leyendas de los varios maestros que conoció en sus viajes. “Necesitaba conocer la música y amarla a través de los muchos héroes fallecidos y de los que siguen vivos,  porque la historia permanece. Así que esto me dio la oportunidad de conocer la cultura de esta música, su saga, su leyenda y su historia.”

Ali era sonrai, un pueblo que forma la mayoría de la población de Niafunké, pero existen muchos otros pueblos en la región que hablan numerosos lenguajes —el peul (lengua de los pastores fulani nómadas), el bambara, el dogon, el songoy, el zarma y el tamascheq, propio de los touareg. Touré cantaba en todos estos idiomas pero la mayor parte de su repertorio estaba en sonrai y en peul.

En 1956, durante uno de sus viajes, Ali asistió a un espectáculo del Ballet Nacional de Guinea, que presentaba entre sus ejecutantes al gran guitarrista maliense Keita Fodeba. “Ahí fue que juré hacerme guitarrista. No conocía la guitarra pero me gustaba mucho. Sentí que tenía tanta música en mí como él y que podía expresarla”. Comenzó a tocar en guitarras prestadas y encontró que era fácil traducir la técnica de su “guitarra” tradicional a la guitarra occidental. Decía que su único problema era lograr que las seis cuerdas estuvieran felices, y eso hacía tocándolas de la forma en que tocaba la única cuerda de su instrumento tradicional.

Más o menos por esas fechas añadió a sus habilidades musicales las percusiones, la batería (hizo la suya propia con címbalos y un tambor bajo) y el acordeón (incluso hizo algunas apariciones ejecutando el repertorio de ¡Charles Aznavour!). Cuando Malí obtuvo su independencia de Francia en 1960, el nuevo gobierno del presidente Mobido Keita inició la política de promover el arte y los grupos culturales que se formaron para representar a cada una de las seis regiones administrativas de Malí. A partir de 1962, Ali trabajó con el conjunto del distrito de Niafunké. Componía, cantaba, tocaba la guitarra y ensayaba con cantantes y bailarines en un grupo que contaba con ciento diecisiete personas. Se enorgulleció mucho del grupo, que fue muy aclamado en las competencias bianuales celebradas en Mopti durante toda la década de los sesenta.

Ali ganó también numerosos premios atléticos. “Lo hice para que mi pueblo no se quedara en ceros. ¡Soy muy patriota!” En los sesenta acompañó también a varios cantantes y tenía su propio grupo. Una grabación de este grupo, que data de 1963, incluye una pieza cantada en sonrai con ritmo de son cubano. En 1968 (el año en que Mobido Keita fue derrocado por Moussa Traore), Ali hizo su primer viaje fuera de África al ser seleccionado (junto con reverenciados guitarristas como Kelitigui Diabaté y Djelimadi Tounkara) para representar a Malí en un festival internacional de las artes en Sofía, Bulgaria. Interpretaron arreglos de música tradicional con Ali en la guitarra, la flauta, el njarka y la djerkel.

El 21 de abril de 1968, estando en Sofía, compró su primera guitarra. También en 1968, un estudiante amigo suyo le puso a oír en Bamako discos de James Brown, Otis Redding, Wilson Pickett, Jimmy Smith y Albert King. Ali siguió siendo admirador de todos ellos, sobre todo porque en ellos escuchaba mucho de sus propias tradiciones. De toda esta música, la que más le impactó por su similitud con la suya propia fue el blues como lo interpretaba John Lee Hooker. Lo asaltó de inmediato el pensamiento de que “esta música fue tomada de aquí”, y la sorpresa era escucharla cantada en inglés.

En 1970 su trabajo lo llevó de Niafunké a Mopti y después, el mismo año, a la capital: Bamako. Aquí comenzó una década trabajando como ingeniero de sonido para la National Radio Mali. Tocó también como parte de la orquesta de Radio Malí hasta su desintegración en 1973. Durante los setenta, atrajo la atención del país mediante la radio, con su particular estilo de tocar la guitarra. Por consejo de un periodista amigo suyo envió algunas de las grabaciones de estos programas a la compañía disquera Son Afric, en París. En pocos meses salió a la venta el primer álbum de Ali Farka Touré (uno de los primeros discos comerciales de música maliense) con Ali en el canto y la guitarra y Nassourou Sarre en el ngoni.

Continuó grabando en Bamako y enviando cintas a París hasta completar siete álbumes. Una colección de las piezas de estos álbumes fue publicada en el cd Radio Mali. Durante toda la década de los setenta, Ali obtuvo una formidable reputación en Malí como solista. Fue pionero en la adaptación de los estilos sonrai, peul y tamascheq a la guitarra, que perfeccionó con los años. Se mantuvo casado con su música tradicional, sin comprometerla ni “hacerse comercial”. Sus canciones celebran el amor, la amistad, la paz, la tierra, los espíritus, el río y Malí. Todos ellos están expresados en densas metáforas.

En 1986, uno de los álbumes que grabara para Radio Malí (reeditado por World Circuit como parte de Rojo y Verde en 2004), comenzó a generar interés entre las leyendas de la radio de Londres, incluidos Andy Kershaw y Charlie Gillet. También atrajo la atención de la revista Folk Roots. Dado que no había información en la funda del disco, la revista inquiría quién era ese músico africano que tocaba el blues de manera tan particular. Ann Hunt, de World Circuit, viajó a Bamako a investigar quién era este misterioso hombre. Con la ayuda de Toumani Diabaté se hizo una transmisión en Radio Malí pidiéndole a Ali que se presentara.

Ali se había mudado cuatro años antes a Niafunké, pero al momento de la transmisión se hallaba de visita en la capital. Se le invitó entonces a tocar en el Reino Unido y en 1987, por vez primera desde el Festival de Sofía en 1968, Touré viajó solo desde Malí para tocar en sus primeros conciertos fuera de África. Sin signos de nerviosismo o extrañeza, y con una suprema y absoluta confianza en su música, hizo una serie de magníficas presentaciones y se ganó al público en todas partes.

Ese mismo año grabó su primer disco fuera de África que fue un éxito instantáneo para el sello World Circuit. A partir de entonces emprendió extensas giras por Europa, Estados Unidos, Canadá y Japón y grabó otros cinco álbumes para el sello, incluidos The River, The Source, y el ganador del Grammy Talking Timbuktu, en colaboración con Ry Cooder, que sirvió para confirmar el estatus de Ali como artista de reputación internacional. Pese a su asombroso éxito comercial, Ali se volvió muy renuente a abandonar su rancho en Niafunké.

Nick Gold, de World Circuit, se dio cuenta de que la única forma de hacerlo grabar de nuevo era llevar el estudio allá. El estudio se instaló en una escuela agrícola abandonada, y la grabación tuvo que ajustarse a los periodos de cultivo, pues la cosecha siempre estuvo en primer lugar. El álbum resultante fue Niafunké, lanzado en 1999. Desde entonces, Ali retornó a lo que él consideraba su principal papel en la vida: cuidar de sus tierras y estar con su familia. Ali estaba tan involucrado en proyectos encaminados a mejorar la situación agrícola en la región de Niafunké que la gente lo eligió alcalde en 2004.

Aunque por decisión propia se retiró de una carrera de tiempo completo en la música, y casi nunca volvió a tocar en vivo, dijo que si se sintiera inspirado, o si tuviera algún aspecto que debiera ser abordado, grabaría de nuevo. En 2003, participó en el documental Feel Like Going Home, dirigido por Martin Scorsese. El film traza la historia del blues, desde los bancos del Níger al delta del Mississippi, y podría poner a Ali en contacto con públicos más vastos. Ali investigó también la música y la cultura locales, con el fin de conservarla para las futuras generaciones, lo que lo impulsó a grabar de nuevo.

En 2004, después de rechazar ofertas lucrativas de presentaciones, Ali aceptó tocar (sin cobrar) en el diminuto festival Privas en Francia. En 2005, su espectáculo en el Bozar de Bruselas —su primer concierto importante en Europa después de cinco años, y donde presentó como invitado especial a Toumani Diabaté—, fue recibido y aclamado con excitación por la prensa y por sus admiradores.

En 2005, se lanzó al mercado el primero de los álbumes grabados en el Hotel Mandé de Bamako. En el corazón de la luna, su álbum a dueto con Toumani Diabaté que obtuvo un Grammy, lo que hizo de Ali el único africano que ha recibido dos de estos prestigiados premios. Poco después de la publicación de dicho álbum, Ali tocó en una serie de brillantes conciertos europeos con su singular grupo local de ngoni, que se presenta en su nuevo álbum, Savane, tercera grabación de la serie del Hotel Mandé.

Tristemente, Ali no pudo estar para el lanzamiento de Savane. Justo unas semanas después de ganar su segundo Grammy y de aprobar la mezcla final del álbum, Ali sucumbió a un cáncer óseo que sufrió por dos años. Murió el 7 de marzo de 2006. En Malí se le confirió una medalla de honor póstuma y se le hizo un funeral de Estado al que asistió el presidente, los ministros del gobierno, los principales músicos de Malí y miles de personas más. La cobertura mundial de los medios a raíz de su muerte no tiene precedentes para músico africano alguno y sus admiradores por todo el mundo siguen enviando mensajes.

Ali Farka Touré fue verdaderamente original. Un músico excepcional que tradujo la música tradicional del norte de Malí, su tierra natal, y por cuenta propia logró que el estilo conocido como blues del desierto llegara a los públicos internacionales. Fue un gigante de la música africana y sus admiradores de todo el mundo lo seguirán extrañando.

Texto original de Lucy Durán (actualizado por Nick Gold y Dave McGuire)
Traducción de Ramón Vera Herrera
Orlando ‘Cachaíto’ López

Orlando ‘Cachaíto’ López

La familia López es sinónimo de contrabajo en Cuba. Su padre, Orestes, fue uno de los más extraordinarios contrabajistas, y hoy en día su tío Israel aún lo es; ambos aprendieron a tocar el contrabajo con su padre Pedro. En la década de los 30, los muchachos López re-escribieron la manera de tocar el contrabajo. Mientras Orestes al lado de Arsenio Rodríguez creaban el ritmo conocido como mambo; Israel, conocido desde siempre como ‘Cachao’, jugó un papel muy importante en el desarrollo de lo que hoy se conoce como descarga. En su infancia, ‘Cachaíto’ aprendió a tocar el violín, pero inevitablemente su pasión caería en el instrumento familiar. Su primer amor fue el danzón y a los doce años ya era parte de la Orquesta Riverside, una de las agrupaciones más importantes de esa época. Su tío le pidió entonces que se presentara ante la Orquesta de Arcaño y Sus Maravillas, una agrupación reconocida desde la década de los 30, el joven causó tal impresión que inmediatamente se unió a la orquesta. Este músico de tan asombrosa versatilidad, en los 60 comenzó a tocar música clásica con la Orquesta Sinfónica Nacional y era capaz de interpretar a Beethoven en las grandes salas de conciertos y en sus ratos libres tocar el contrabajo eléctrico en los grandes salones de baile. Sin embargo, su instrumento favorito es el contrabajo acústico, ya que una de sus grandes pasiones es el jazz, influenciado particularmente por Charlie Mingus. También perteneció a Irakere en los 60, contribuyendo a dar forma al jazz latino moderno. ‘Cachaito’ es siempre capaz de interpretar música cubana, música clásica o jazz con el mismo entusiasmo. Ha participado en innumerables grabaciones. En 2001, Cachaíto lanza su primer CD como solista, titulado simplemente Cachaíto. Cachaítoes un disco que rebasa toda expectativa. Si bien la base sobre la que se desarrolla toda la música es eminentemente cubana, la gama instrumental que la acompaña se entreteje de forma tal que el resultado arriba en nuevos territorios. El álbum es profundamente atmosférico, e incorpora una gran variedad de influencias que van del reggae, al jazz y a la cultura de los DJ’s, con una producción brillante que trastoca las formas tradicionales, reverberando a veces la sección de cuerdas, a veces la de los metales; aprovechando la libertad que la música cubana permite.

Rubén González

Rubén González

Rubén González pudo haber sido un pianista de música clásica o un doctor, pero se convirtió en una de las grandes figuras de la música popular cubana, con un estilo de interpretación que ha originado tendencias y establecido escuela durante más de medio siglo. Nacido en Santa Clara de Cuba en abril de 1919, Rubén creció en Encrucijada, un pequeño pueblo al norte de la Cienfuegos. Siempre quiso ser doctor, pero desde temprana edad fue evidente su extraordinario talento musical. Una vez al mes viajaba con su madre al Conservatorio de Cienfuegos para recibir lecciones de piano de Amparo Rizo, que rápidamente reconoció el talento del joven González y se propuso alentarlo. Rubén recuerda que le daba varias partituras y al mes siguiente volvía tocando todas las piezas. La maestra solía decir a sus otros alumnos: “todos ustedes viven a la vuelta de la esquina y no pueden aprender una sola pieza, y este niño que vive al fin del mundo aprende 25 piezas al mes”. Rubén demostró que su maestra estaba en lo correcto al graduarse a los quince años con las notas más altas. Por un tiempo siguió con su plan de ser doctor; estudiaba medicina de día y de noche tocaba en orquestas de charanga de Santa Clara. Su amor por la música popular cubana, en particular el son, lo persuadió en la música.

En 1941 abandonó sus estudios de medicina y se fue a vivir a La Habana para emprender una carrera musical de tiempo completo. Los años cuarenta en Cuba eran tiempos extraordinarios para la música. Rubén sostiene que todo lo que se oye en la música cubana actual viene de esa época. Más temprano que tarde Rubén empezó a tocar con las orquestas más importantes como La Paulina, el Conjunto Camayo, Los Hermanos, Raúl Planas y Mongo Santamaría. “En resumen he tocado con casi toda Cuba, desde Camagüey hasta Oriente, pero especialmente en Matanzas y La Habana”.

Por casualidad Rubén se mudó al barrio de La Habana donde vivía Arsenio Rodríguez, pionero director de orquesta y genio musical que revolucionó los ritmos cubanos en los treinta y cuarenta. Al escuchar a Rubén ensayar, le gustó su manera de acometer la improvisación e invitó al joven pianista a unirse a su conjunto. Arsenio se convirtió en una importante influencia para Rubén tanto en su manera de tocar como en su perspectiva frente a la vida, ya que le dio consejos invaluables. Le explicó que la clave para ser una gran pianista era dominar la síncopa cubana al tiempo que tocar desde el corazón. “No te preocupes por lo que hacen los demás. Trabaja tu estilo, cualquiera que sea; no imites a nadie, solo sigue así, para que la gente cuando oiga tu música diga: ese es Rubén”. Una recomendación que González ha seguido siempre.

En 1946 Rubén decidió que quería viajar; dejó el grupo de Arsenio para hacer una gira por Panamá y Sudamérica. Le presentó a Arsenio al gran pianista Luis ‘Lili’ Martínez para que lo reemplazara. Con ‘Lili’ Martínez y ‘Peruchín’, Rubén forma un trío de grandes pianistas que ayudaron a moldear el sonido de la música cubana.

A su regreso de Sudamérica tocó con diversos conjuntos, incluyendo al Kubavana de Alberto Ruíz y el de Senén Suárez, con quien actuó en El Tropicana. Rubén y ‘Peruchín’ formaron una especie de hermandad de pianistas negros que continuamente se pasaban trabajos el uno al otro.

Durante la primera parte de los sesenta Rubén se convirtió en el pianista de Enrique Jorrín (a quien se le ha atribuido la invención del chachachá), al que acompaño durante 25 años. Cuando murió Jorrín, a mediados de los ochenta, Rubén lo reemplazó brevemente como director de orquesta, pero no disfrutaba de las responsabilidades ligadas a este puesto y se retiró poco después.

Fue hasta 1996, con las ahora legendarias grabaciones con los Afro Cubans All Stars y el Buena Vista Social Club que Rubén volvió a tocar profesionalmente. Su piano había sucumbido ante la humedad y la polilla, y solía pasar de tiempo en tiempo por los estudios Egrem, para tocar ahí. Un memorable día de 1996, Rubén se encontró con el estudio en el que Juan de Marcos, Ry Cooder y Nick Gold de World Circuit graban los discos A toda Cuba le gusta y Buena Vista Social Club. Sentado al piano, Rubén se ganó la admiración de Nick Gold, quien se dio cuenta ahí mismo que se trataba de un intérprete especial que merecía un reconocimiento por méritos propios. Después de años sin piano propio, la emoción que le causó a Rubén re-descubrir su viejo toque y técnica era digna de verse. La música fluía de él como un torrente que impulsó a Ry Cooder a reconocerlo como “el mejor pianista que jamás haya escuchado en mi vida”.

En dos días se grabó el álbum de debut Presentando a Rubén González. (El tremendamente exitoso álbum Buena Vista Social Club, que ha vendido millones de ejemplares, se grabo también en esa notable semana.)

Lanzado en mayo de 1997 Presentando a Rubén González, situó a su autor como un virtuoso del piano y como un férreo guardián del son. La ejecución pianística de Rubén es un componente esencial de otros álbumes de la serie Buena Vista Social Club Presenta, como el de Ibrahim Ferrer (mayo de 1999) y el de Omara Portuondo (abril de 2000). Desde 1997 estas veteranas súper-estrellas, acompañadas de un grupo de músicos reconocidos mundialmente, han recorrido el mundo tocando para multitudes hechizadas en cada presentación.

En octubre del 2000 Rubén González regresó con un nuevo CD titulado Chanchullo, con un torrente más acelerado; música con un sentido singular: menos imponente y meticulosa, pero más poderosa, resuelta, vital y segura. Con su atmósfera de música en vivo (se trata de una grabación en estudio pero que refleja el sonido y propuesta de una actuación entre amigos), este álbum transmite la habilidad de su líder para abandonarse tan completamente al tocar que pierde cualquier sensación del tiempo, y la manera en la que Rubén transforma lo que a primera vista parece un paseo inocente por las melodías bailables cubanas en algo más extraño, profundo y personal.

Más que nunca estas canciones son la autobiografía de Rubén González. Su vida es fascinante, aún descrita en los términos más convencionales.

Rubén González se presentó cinco veces en México en los últimos años: dos veces como solista con su propia orquesta, una vez como invitado de Afro Cuban All Stars, una vez compartiendo el escenario con Omara Portuondo e Ibrahim Ferrer, y la última, sólo para hacer oficial su despedida del Buena Vista Social Club y de los escenarios.

Este es un homenaje al re-descubrimiento de Rubén, no sólo en términos de su éxito, sino en la capacidad interna de tocar con el vigor y la renovada inventiva a la que apuntaba su primer álbum. Aquí Rubén se mostró más poderoso, resuelto y vital, demostrando una seguridad que recobró en sus giras mundiales y en las grabaciones realizadas desde 1996. El triunfo de Buena Vista Social Club rejuveneció a Rubén, un pianista que no era de los que se quedaban quietos; feliz durante sus giras, él declaraba su deseo de presentarse ante el público hasta el último día de su vida…

Texto de World Circuit
Traducción de Ramón Vera Herrera

 

Chavela Vargas y la Nostalgia Lorquiana

Lorca siempre estuvo presente en la vida de Chavela Vargas. Cuando ella abandonó para siempre su natal Costa Rica, la esencia del poeta granadino la acompañó en su viaje definitivo a México. Pero desde antes de ese iniciar ese recorrido, el bardo ya estaba en ella. Chavela lo recuerda en la Residencia de Estudiantes en Madrid. Cuando en alguna de sus noches de insomnio escuchaba al poeta tocar el piano o conversar con Salvador Dalí. La naturaleza de esas palabras vertidas en la oscuridad es un misterio, pero ahí estaban esos susurros, esos retazos gentiles que permanecen ahora en otra oscuridad, ésa en la que la historia extiende su velo para apenas ser distinguidos como siluetas en el tiempo. “La Luna Grande, de Chavela Vargas a García Lorca” es el homenaje que la cantante de voz áspera reservó para el final, como ese último trago, el mejor de todos, que nos hace tomar valor para iniciar un nuevo recorrido, siempre desconocido.
Laura García Lorca, sobrina del poeta, lleva en la piel el timbre de Chavela, capaz de conmover a quien la escuchaba, porque en esa manera de soltar la palabra se escondía el secreto para revelar “no sólo un conocimiento de lo humano sino de la naturaleza, de los elementos, y también de lo que uno intuye que está al otro lado”.
Laura habla con la autoridad de la que sólo gozan quienes conocieron a las personas en su periplo de convertirse en leyendas. Porque Chavela Vargas, fue, incluso antes de que la edad le cayera encima, una épica viva, de “soledad infinita”, a quien cubría su eterno jorongo y las palabras de Federico García Lorca, que ella guardó con celo y presumió con orgullo: “Me quedé con la nostalgia”.

La Luna Grande. homenaje de Chavela Vargas a Federico García Lorca

foto compay (Watermark World Circuit)

El armónico de Compay Segundo

“100 años de Compay” es una entrevista íntima con Máximo Francisco Repilado Muñoz, mejor conocido por el mundo como Compay Segundo. La conversación fue producida y musicalizada para radio por Eduardo Llerenas, para ser transmitida en el centenario del compositor de Siboney, quien nació el 18 de noviembre de 1907. Algo que queda claro durante la charla es que Compay no irrumpió a la fama a los 90 años con el fenómeno “Buena Vista Social Club”. Es exactamente al contrario: cuando convergen las coordenadas tiempo y espacio del disco ganador del Grammy en 1998, Compay ya era una leyenda que tuvo uno de sus auges (porque fueron varios) en los años 50 del siglo XX. Más aún: en los años 40 había tocado con potestades cubanas como Miguel Matamoros, Ñico Saquito y Benny Moré. Bueno, era tal el peso específico de Compay en la música de la isla, que cuando Ry Cooder lo conoce no dudó en llamarlo “El Jefe”. Pero estamos adelantando vísperas. La entrevista realizada por Eduardo Llerenas tuvo lugar en 1987, antes de que Compay siquiera imaginara que su talento quedaría registrado en el disco de “Buena Vista”. El escenario fue la casa del músico en la Calle Salud, en La Habana. En esa conversación fresca, Compay habla de cuando visitó México, en 1938, cuando Lázaro Cárdenas era presidente, “cuando la expropiación de los pozos petrolíferos”; recuerda que participó en dos películas: “Tierra brava”, dirigida por René Cardona, y “México lindo”, dirigida por Ramón Pereda. Además de que rememora con gusto, “Me comí ahí un mole de guajolote”, recuerda perfectamente que el platillo lo cocinó María Félix, además de que confiesa entusiasmado: “Tomé tequila y tomé pulque curado”.
Por su parte, Eduardo Llerenas enfatiza que en lo que duró la conversación, Compay abrazó su instrumento, ¿su guitarra? Es posible. Compay ofrece mayores datos del instrumento que siempre lo acompañó: “Soy creador de esta guitarra. Nadie toca esta guitarra más que yo. Tiene siete cuerdas. Tiene una pareja en sol, en octava, tiene dos cuerdas. No tiene cuerda sexta, tiene cuarta, porque va en octavo”. De hecho, la guitarra que Compay describe es el “armónico”, un instrumento inventado por él. En efecto, un híbrido de siete cuerdas entre la guitarra española y el tres cubano. Guitarra en su origen, o quizá sea mejor decir en su armazón, el instrumento aspira a imitar el timbre del tres adicionando una cuerda octavada en la tercera cuerda (sol). El resultado es el “armónico”, nunca un nombre tan apropiado para un instrumento, sobre todo cuando, al ser tocado por Compay Segundo, un mundo de eufonía inunda la atmósfera, con un sonido tan claro, “real”, que casi se podía cortar un pedazo de él y colgarlo en la pared dentro de un marco de hoja de oro.

Disfrútalo en:

https://itunes.apple.com/mx/album/buena-vista-social-club/id378188565?ign-mpt=uo%3D4

 

 

Kora

Kora: un instrumento de ángeles africanos

Una calabaza grande cortada a la mitad, una cubierta de cuero para eso de la resonancia, un puente –como el de las guitarras, sí, con todo y muescas— y cuerdas sujetas a un mástil. Es todo lo que se refiere a uno de los instrumentos más extraños que de no hace mucho para acá África ha dejado entrever para presumirlo en Occidente. En cuanto al sonido, se trata de belleza virginal, las armonías celestiales que produce el arpa, sólo que el kora posee aún ese toque que recuerda a las aves volando a ras de la sabana africana. Irónicamente, el kora es un instrumento creado por los djinns, es decir, diablos y ángeles, respetados y temidos, aunque la palabra “djinn” para los árabes significa simplemente “ángel”. Pero volviendo a lo nuestro, instrumento y sonido ya están, la tercera parte, la más importante, la constituye el korista, y qué mejor que sea uno de los músicos fundamentales del continente africano, Toumani Diabaté, quien, por cierto, también, ha trabajado tiempo extra para colocar el kora en el gusto del público mundial. Y cómo no había de ser de esta manera, si a Toumani lo cobija la sombra de un árbol genealógico de 71 generaciones en las que el estudio y digitación del kora pasó de padre a hijo. En la obra “Variaciones Mandinga”, un álbum absolutamente acústico que se lanzó en febrero de 2008, Toumani aplica simplemente lo que sabe hacer y el resultado es de una pureza de sonidos que se suceden en una arcadia de luminosidad excepcional. Como acotación al margen: “Variaciones Mandinga” es un trabajo de Toumani como solista, una idea que el korista esperó pacientemente 20 años para retomar, ya que su álbum-debut lo interpretó él y su kora, nadie ni nada más. ¿Quieres escuchar a Toumani Diabaté en todo su despliegue de habilidades, en toda su fidelidad de sonido? Búscalo en SoundCloud (https://soundcloud.com/world-circuit-records/toumani-diabate-cantelowes).

KasseMadyGuiTajMahal

El blues regresa a África

El ‘National steel guitar’ que acompaña la voz privilegiada de Kasse Mady Diabate fue un regalo del bluesero estadunidese, Taj Mahal, después de haber colaborado en el disco, ‘Kulanjan’. Unos años después, se volvieron a encontrar en un festival en el sur de España cuando Taj tuvo la oportunidad de escuchar la producción ‘Kassi Kasse’ del cantante maliense, el cual fue nominado al Grammy en 2004.