Todas las entradas de: Luis Portanel

Septeto Habanero

Septeto Habanero

75 años después, el grupo que por primera vez llevó el son cubano alrededor del mundo sigue sonando y agitando en toda La Habana. El falsete con tremendo sentimiento de Manuel Furé -quien recibió la dirección del Septeto directamente del original vocalista Gerardo Martínez en 1958- asegura que el son cubano, en su expresión más apasionada, siga hoy en día como uno de los grandes estilos de la música popular de este siglo. El Septeto Habanero junto con el Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro, fueron los lanzadores originales del boom de la música cubana, que en los años 20s, 30s y 40s arrasó en las pistas de baile, desde Puerto Rico hasta Shanghai. Desde su nacimiento en 1920, el habanero ha producido más de 100 grabaciones. A pesar de que en la actualidad ninguno de los integrantes originales sobrevive, Manuel Furé retiene la sensualidad musical distintiva del Septeto ancestral, en particular con su voz de sonero de gran cepa, difícil de encontrar en la actualidad.

Orquesta Baobab

Orquesta Baobab

Durante la década de los ‘60 en Senegal, como en gran parte de África Oriental y Central, la música cubana dominaba los gustos en casi todos los salones de baile. En 1970 las calles de Dakar se despertaron con un nuevo sonido musical: un grupo llamado La Orquesta Baobab había reinventado la música cubana, mezclándola con los ritmos suaves y cadenciosos de Cassamance, en el sur de Senegal. Con una gran creatividad y el enorme virtuosismo de la guitarra, el saxofón y voces penetrantes de alto registro, Baobab sobresalía en el escenario musical de Dakar durante los siguientes nueve años. Fue desplazada por la llegada explosiva de Youssou N’Dour y una nueva generación musical que obviaba lo cubano y reinventaron la música tradicional con una mezcla de jazz, funk, rock y rap.

Los múltiples discos y cassettes grabados por la Baobab en los años ‘70, mantenían viva la leyenda del grupo después de su desaparición en 1979 y una disquera británica lanzó una compilación de sus éxitos a finales de los 1980. La misma disquera, World Circuit (productores de Buena Vista Social Club y Rubén González entre otros), convenció a los músicos a reformarse como grupo y lanzaron ‘Estilistas Versátiles’ en 2002, disco que fue nominado al Grammy. La respuesta internacional fue contundente: la Orquesta fue invitada a tocar en la premiación del Nobel de la Paz. Los medios masivos, normalmente cerrados a la música alternativa, los invitaron a sus programas (David Letterman, por ejemplo) y ganaron múltiples premios en Europa. En Senegal, la Orquesta Baobab revivió su popularidad anterior y actualmente se presenta en vivo con gran frecuencia. Se ha presentado en los teatros y salas de concierto más prestigiados del mundo, incluyendo el Barbican Centre de Londres, el Carnegie Hall de Nueva York y la Sala Nezahualcoyotl de la Ciudad de México.

La primera gira mexicana de esta orquesta fue en 2003 cuando llenaron los teatros principales de la ciudad de México, Guadalajara, San Luis Potosí y Cuernavaca, entre otras ciudades. El público mexicano, fue cautivado por la calidad musical de la Orquesta, combinado con lo accesible de su expresión africana.

En octubre de 2007, la Orquesta Baobab lanzó en México su disco ‘Hecho en Dakar’, una combinación de material nuevo con algunos de sus temas clásicos, ya con arreglos nuevos.

 

 
Cimarrón

Cimarrón en el Teatro de la Ciudad

No pierdan el concierto de CIMARRÓN en el Teatro de la Ciudad el 13 de marzo a las 8:30 pm.

Se los recomendamos desinteresadamente porque la música llanera

de Colombia se oye poco aquí, pero sobre todo porque Cimarrón es un grupo excelso con una presentación de la música de raíz como pocos. Es virtuoso, divertido y profundo también.

Para más información y compra de boletos, visita: http://www.cultura.df.gob.mx/component/eventlist/details/11434-cimarron

Mariachi Reyes del Aserradero

Mariachi Reyes del Aserradero

Fundado en 1958, este mariachi reúne la calidad musical de los más afamados mariachis contemporáneos a la par que conserva el repertorio tradicional de los sones de Jalisco, música de una intensidad emocional avasallante, que pocos mariachis saben expresar hoy en día. Aunque empezó como un quinteto tradicional, durante los primeros años de su historia fue aumentando la cantidad de elementos hasta los doce que tocan actualmente.

Manuel 'Guajiro' Mirabal

Manuel ‘Guajiro’ Mirabal

Nacido el 5 de mayo de 1933 y bautizado Luis Manuel Mirabal Vázquez, se le conoce profesionalmente como ‘Guajiro’ – un término retozón que se traduce mejor como ‘pueblerino’. “Fue Tito Gomez quien me lo puso” explica Guajiro. “Cuando estaba tocando en la Orquesta Riverside en 1960, él preguntó ‘¿Eres de por aquí, de La Habana?’ Yo dije ‘No, de un pueblo en la provincia de Habana’. ‘Ah, ¡pues eres un guajiro!’ Y desde entonces he sido Guajiro.” Su padre era director de la banda municipal de Melena del Sur, un pequeño pueblo en las afueras de la capital, así que el joven Luis Manuel estuvo inmerso en música desde una temprana edad, aprendiendo sentado en la rodilla de su padre y escuchando a su hermana estudiar canto y piano. Él satisfizo su curiosidad probando algunos instrumentos de la banda, incluyendo el clarinete y el saxofón, antes de decidirse por la trompeta a los once años de edad. La trompeta es un instrumento que conlleva un gran prestigio y es particularmente importante dentro de la música cubana, y Guajiro desarrollaría un estilo de interpretarla que es distintivamente cubano. Para deleite de su padre, le tomó gusto prodigiosamente rápido, volviéndose un profesional apenas siete años después con el Conjunto Universal, una banda tradicional cubana que tocaba en pequeños locales alrededor de la ciudad. Para 1953 él estaba puliendo sus talentos con la banda de jazz Swing Casino, una de las muchas bandas de estilo estadounidense que florecieron en la isla cuando aún era un patio de recreo para los norteamericanos ricos, seguida por la Orquesta Casino Parisien en el Hotel Nacional. Inquieto y en busca un cambio, fundó el Conjunto Rumbavana en 1956, una agrupación que tocaba son cubano, guaracha y mambo en casinos, clubes nocturnos y carnavales a los largo y ancho de Cuba y más allá. El éxito llegó rápido: con los cantantes estrella Lino Borges y Raúl Planas, Rumbavana fue una gran banda que catapultó a varios de sus miembros al estrellato. Guajiro dejó el grupo justo antes de que éste se embarcara en una segunda fase internacional, para asumir una primera residencia con la Orquesta Riverside en el reconocido club Tropicana, en 1960. En 1967 Guajiro comenzaría otra asociación musical de largo alcance como miembro fundador de la pionera Orquesta Cubana de Música Moderna, con la que permaneció por veintitrés años. Encabezada por el saxofonista Armando Romeu, Música Moderna fue la plataforma de lanzamiento de varias figuras principales del jazz cubano, incluyendo al percusionista Guillermo Barreto, al trompetero Arturo Sandoval, Paquito D’Rivera en cornos, Juan Pablo Torres en el trombón y los pianistas Gonzalo Rubalcaba y Chucho Valdés. El grupo experimentó exitosamente con formas musicales que abrazaban los ideales clásicos y tradicionales, y estuvo muy presente en las bandas sonoras del cine cubano a fines de los sesentas y mediados de los setentas. Durante ese tiempo, Guajiro también hizo giras independientes con Óscar de León y José Feliciano. En 1973, bajo el liderazgo de Demetrio Muñiz, Guajiro retornó al que se convertiría en su hogar, el Tropicana. Por los próximos 30 años, con el buen amigo Luis Alemañy siempre a su lado, Guajiro permanecería en la orquesta Tropicana, hasta que las intensas giras internacionales lo obligaran a renunciar a su puesto en 2003. Con un elenco selecto de más de treinta de las grandes estrellas de Cuba, las históricas sesiones de descarga de Estrellas de Areíto se realizaron en 1979, presentando a Guajiro. Estas grabaciones pronto adquirieron un status legendario entre músicos y conocedores, y saldrían al mercado internacional editadas por World Circuit y Discos Corasón en 1998. Ampliamente considerado como un músico de músicos, el lugar de Guajiro en los anales de la música cubana está más que asegurado ahora. Menos conocido quizás es el hecho de que Guajiro es un miembro de alto rango tanto de la banda ceremonial de la Milicia Revolucionaria Nacional y de la Banda de Generales de la Armada Cubana. Por años, él ha tocado en las ceremonias de bienvenida de numerosos jefes de estado, agraciando la pista del aeropuerto de La Habana con fanfarrias ensordecedoras. También ha sido un profesor activo que con frecuencia ofrece gratuitamente su pericia a estudiantes merecedores. “Es un trabajo que hago sin ningún interés en el dinero, pero con el interés de ayudarlos a estudiar”. Entre sus estudiantes estaban Yaure Muñiz, quien aparece en el álbum de solista de Guajiro, y Miguel De La Hoz, quien aparece en el último lanzamiento de Omara Portuondo, colega de Guajiro en Buena Vista Social Club. Estas ocupaciones, junto con la considerable dedicación a su arte, le han rendido reconocimientos en Cuba y más allá por su contribución a la música cubana, incluyendo un premio de la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba). Recientemente incluso actuó en Washington para la Misión Diplomática de las Naciones Unidas. Guajiro es un hombre de pocas palabras cuando se trata de música, que prefiere dejar que su trompeta hable por él. Tiene una fe inquebrantable en la relevancia y la vitalidad de la rica herencia musical cubana, y aunque encuentra que el resurgir de Buena Vista es gratificante, no parece particularmente sorprendido por el astronómico éxito de la banda. “La música para mí siempre ha sido música cubana, no la música de hoy, sino los viejos estilos, y siempre me he dedicado a eso, a tocar lo que tengo que tocar. Amo la música cubana y se siente realmente bien hacerla en estos días con Buena Vista. Hago lo que puedo, y cada miembro hace lo que puede”. Claramente, él no da nada por sentado, y aprecia cuán afortunados han sido. “Es grandioso. Hemos estado tocando juntos por años, y este proyecto de Buena Vista nos ha traído – a Omara, Cachaíto, Ibrahim y a mi mismo – grandes momentos de verdad. Nuestra relación es muy, muy buena”. El álbum debut como solista de Guajiro es un tributo a una de las grandes figuras de la música cubana, Arsenio Rodríguez, presentando a muchos de los colegas de Guajiro de los distintos proyectos de Buena Vista. Todos los temas fueron escritos por o asociados con Arsenio; lideradas por la trompeta, las canciones son poderosas, torrenciales, música de conjunto de los 40s y 50s. Como resultado, Guajiro siempre se sintió muy cómodo con su música. “Cuando Arsenio era famoso yo todavía estaba viviendo en mi pueblo de Melena, pero nunca llegamos a tocar juntos, nada de eso, aunque él era una gran inspiración”, lamenta. Guajiro recibió su recompensa cuando el álbum Buena Vista Social Club presenta a Manuel ‘Guajiro’ Mirabal fue nominado para un Grammy Latino y un Grammy. La agenda de Guajiro es intensa por donde se la mire. Ahora, como parte de un grupo de estrellas cubanas en gira que incluye a Orlando ‘Cachaíto’ López, ‘Aguaje’ Ramos y Manuel Galbán, Guajiro está más ocupado que nunca, llevando a las audiencias la más fina música cubana. Cuando está de regreso en casa en La Habana, siempre se toma el trabajo de escuchar a los jóvenes talentos, ya sea que estén tocando sobre un escenario o bajo un árbol. Él sostiene que no le importa estar viajando, siempre riendo y bromeando con la multitud (“Yo soy una persona sencilla” insiste). Para un hombre cuya experiencia ha sido tan extensiva – jazz, swing, tradicional, experimental – el futuro no tiene límites.

Texto de World Circuit
Traducción de Mariana Delgado
Los Guanches

Los Guanches

Los Guanches es una agrupación musical santiaguera, que se suma a la larga lista de cubanos que saben poner en alto la sonoridad de una nación que está considerada como “LA ISLA DE LA MÚSICA’. Los años de vida podrán parecer pocos, sí no se tiene en cuenta la intensidad que aporta un trabajo serio sostenido, la impronta de la personalidad y la excelencia. Tal es el caso del grupo Los Guanches, fundado el 17 de septiembre de 1993 en Santiago de Cuba, ciudad que atesora una vasta lista de prestigiosas agrupaciones y personalidades de la música cubana. Los Guanches parecen estar marcados por la exclusividad pues, amén de su nombre tomado de los aborígenes de las Islas Canarias, incorporan magistralmente en sus interpretaciones el peculiar silbido que, para comunicarse, utilizan éstos. Sus integrantes conjugan armónicamente juventud y experiencia en una simbiosis raramente encontrada en otras agrupaciones de Cuba y el mundo. El estilo de trabajo el Son Montuno, la Trova Tradicional, la Guaracha, el Danzón Cantado, la Rumba de Cajón, el Changüí y la Conga Oriental, El Bolero además de los ritmos canarios y temas internacionales con diversas ritmáticas como El Merengue, Cumbia, Vallenatos y Otros. Como proyección de trabajo pretenden mantener las raíces más autóctonas de la música de grandes autores y músicos tales como Francisco Repilado (Compay Segundo), Lorenzo Hierrezueto (otro integrante del famoso dúo Los Compadres), Miguel Matamoros, Sindo Garay, Ñico Saquiío y Manuel Corona. Incluyen también composiciones de algunos de los integrantes del grupo, donde sobresalen las de Armando Machado, gestor y director del mismo, considerado uno de los más talentosos jóvenes santiagueros dedicados a perpetuar las raíces musicales cubanas a las cuales se suman sus canciones (sones, guarachas) que, sin dudas, se afianzan entre la amplia gama de piezas antológicas.

Las Perlas del Son

Las Perlas del Son

Las Perlas del Son, la primera agrupación femenil de son tradicional de Santiago de Cuba, son siete músicas muy talentosas que han llevado su muy particular estilo de interpretar los sones y boleros a los festivales más importantes de Canadá, Japón, Australia y México. Las Perlas del Son fue fundada en 1994 por la bajista Rosa María López, al mismo tiempo que trabajaba como profesora de piano en la renombrada Escuela de Arte de Santiago de Cuba. La idea de formar un septeto de mujeres para tocar el repertorio tradicional cubano –son, bolero, guaracha- no fue nada fácil de realizar. Para empezar, en ese momento no había una sola mujer en Santiago que tocaba el tres, instrumento solista de la gran mayoría de los septetos. Una guitarra de tres cursos de cuerdas de acero, el tres requiere bastante fuerza física para pulsar, sin mencionar el valor de entrar en el campo sagrado de los más afamados señores del son. Quien se arriesgó fue Zulema Rivas, actualmente reconocida en Santiago como ‘La dama del tres’, pero en aquel momento era guitarrista de preparación clásica. Aunque ésta le ayudó mucho en la parte técnica, dice que dependió mucho más de sus instintos culturales que heredó como santiaguera, y del hecho de haber escuchado el tres desde su infancia. Cuando no está ensayando con las Perlas, a menudo se le encuentra en la casa de uno u otro músico viejo, sentada a sus pies, mirando el movimiento de los dedos y escuchándole hablar del mundo del son. La historia de la vocalista principal es muy diferente a la de Zulema y Rosa. Jacqueline Despaigne, con su deliciosa voz de sonera, no tenía preparación formal como música pero, en los inicios del grupo, tenía más experiencia profesional que otras integrantes. Había cantado con un conocido grupo sonero, Guitarras y Trovadores, en La Casa de la Trova, y había viajado fuera de Cuba. En Sí señor, su primer CD, destaca su sello muy personal de creativos arreglos dentro de los repertorios clásicos del son y el bolero cubanos. En especial, el desarrollo de líneas corales a tres voces es impresionante, al igual que las tremendas descargas en el tres y los bongoes. En ¡Siácara!,su segundo CD, interpretan un amplio repertorio de música cubana: el son, la guaracha, el bolero y el afro-son, con composiciones clásicas de gente como Arsenio Rodríguez, Miguel Matamoros y Nicolás Guillén, resaltando el tema “La Mulata Rumbera”, una guaracha cálida que muestra la frescura y sabor de Las Perlas del Son, la agrupación más apreciada de los jóvenes de Santiago de Cuba.

La Niña de los Peines (1890 - 1969)

La Niña de los Peines (1890 – 1969)

La Niña de los Peines se llamó Pastora María Pavón Cruz y vino al mundo el día 10 de febrero de 1890 en la calle Butrón del sevillano barrio de la Puerta Osario, según su partida original de nacimiento. Sin embargo, cabe la posibilidad de que en realidad naciera en la calle Castilla del barrio de Triana, como ella misma le dijo al guitarrista Melchor de Marchena, enseñándole incluso la casa ante testigos que aún viven y que podrían corroborarlo. Desde luego, de lo que estamos seguros es de que, siendo niña vivió en Triana. Hija de Francisco Pavón Cruz, de El Viso del Alcor (1853-191?), y de Pastora Cruz Vargas, de Arahal (1858-1922), La Niña tuvo la suerte de nacer en una familia de enorme tradición cantaora, aunque no hayamos encontrado antecedentes profesionales anteriores a su hermano Arturo, que nació en Arahal en 1882. Sabemos que cantaba muy bien por tangos su abuelo materno, el gitano herrero Tomás Cruz El Calilo, y que su padre, al que apodaban El Paíti, conocía y dominaba el cante a palo seco. Por último, alguna vez comentó ella misma que estaba emparentada con los Pelao de Triana, los grandes martineteros del siglo XIX que vivieron siempre en la famosa calle Evangelista, en la mismísima Cava Gitana del célebre arrabal sevillano. Pastora cantó por primera vez en un escenario en una caseta de la Feria de Sevilla hacia 1899. Así se lo contaba al periodista catalán Ernest Guasp para la revista Mirador, el 19 de julio de 1934: “Yo me llamo de verdad Pastora Pavón Cruz, nací en Sevilla hace cuarenta y tres años, en la calle Valle, 19, y soy gitana como toda mi familia. Debuté, por casualidad, o mejor dicho, por delegación, en una caseta de la Feria de Sevilla, donde cantaba mi hermano Arturo, aquí presente, sustituyéndolo un día que había bebido. Esta contingencia solía ser tan frecuente, que decidí comenzar a ser célebre. Entonces tenía ocho años, o sea, que ya hace treinta y cinco”.

La conquista de Madrid

Su debut profesional tuvo lugar en 1903 en la capital de España, a donde viajó acompañando a su madre para visitar a su tía Tomasa, a la que se encontraron de cuerpo presente cuando llegaron. El marido de ésta, Tío Antonio Diánez, escuchó cantar a la niña y enseguida la llevó al Café del Brillante para que la escucharan los buenos aficionados de la Villa y Corte, consagrándose esa misma noche en la nueva reina del cante andaluz. El Tío Diánez se jactaba de este hecho histórico en noviembre de 1911, cuando lo entrevistó para El Liberal de Madrid el escritor Alejandro Pérez Lugín, aficionado al flamenco y a los toros y autor de la famosa película Currito de la Cruz, estrenada en 1921:

La llevé yo, yo y yo. Ocho años hace y me acuerdo como si fuese esta mañana. Iba mi niña de corto y con trenzas colgando. Cuando subió al “tablao”, Ángel Baeza, el célebre “tocaor”, le dio la guitarra y le dijo: “Témplala pa ti”. Y va mi niña y la templa, y se la da. Y va Baeza y se la queda mirando y le dice: “Pero, chiquilla, ¿tú templas por ahí?”

De entre las muchas personas famosas que fueron testigos del debut de La Niña, el pintor vasco Ignacio Zuloaga fue uno de ellos. Dicen que se emocionó tanto con el cante de la gitanita de la ciudad de la Giralda que decidió llevársela a Bilbao para presentarla en el acreditado Café de las Columnas, donde, como no estaba permitido que trabajaran menores, Zuloaga tuvo que sobornar a los guardias para que actuara. Esto demuestra lo encandilado que se había quedado con Pastorcita, a la que le hizo un retrato al óleo con sólo 14 años de edad. El cuadro lo llamó Pastorcita la Gitana. Cuando madre e hija regresaron a Sevilla tras una temporada bajo la protección económica del pintor, los aficionados ya sabían que una paisana había vuelto macandés a los madrileños y a los vascos, y que la habían bautizado con el remoquete artístico de La Niña de los Peinespor unos tientos-tangos que cantaba, que había aprendido de un ciego en la Alameda de Hércules:

Péinate tú con mis peines
que mis peines son de azúcar.
La gachí que se peina con mis peines
hasta los dedos se chupa.

El excelente cantaor malagueño Sebastián Muñoz El Pena, que hizo también las veces de empresario, aprovechó la fama de La Niña y la hizo debutar en el Café de la Marina de Málaga ganando tres pesetas diarias. De Málaga pasó a Jerez, donde ya cobraba ocho duros cantando todas las noches en La Primera, la taberna más reputada de la tierra de Chacón y Manuel Torre. En 1908 ya aparecía Pastorcita en los periódicos y le llovían las ofrecimientos para grabar sus primeros discos, que impresionó para el prestigioso sello Zonophone y fueron muy bien recibidos por los aficionados de toda España cuando aparecieron por las tiendas en 1910. Asimismo, la joven artista fue contratada en los mejores teatros de Sevilla, en los que compartió escenario con artistas como don Antonio Chacón, con el que tuvo algún que otro mano a mano en la calle Sierpes sobre el 1912. Los periódicos hablaban ya de ella como de La Reina del Cante Flamenco, y así iba transcurriendo su vida, de teatro en teatro y de feria en feria, siendo la primera voz del cante y codeándose con los dos fenómenos de la época, Chacón y Manuel Torre, dos cantaores que influyeron bastante en su formación como cantaora, como podemos apreciar escuchando sus primeros discos.

Cuando llegó la ópera flamenca

Cuando a mediados de la segunda década del pasado siglo, Alberto Monserrat y su cuñado Vedrines, los dos empresarios más fuertes de la época, decidieron llevar el flamenco a los grandes escenarios, creando así la ópera flamenca, Pastora, que era una gran profesional, se apuntó a la aventura y recorrió España en aquellas famosas compañías, consiguiendo clamorosos éxitos en decenas de plazas de toros y ganando mucho dinero, con el que mantenía a toda su familia. Era ya madre de una niña, llamada también Pastora, y tenía bajo su tutela a otros familiares. Plantearse, pues, si era más o menos ético cantar en las plazas de toros, como hicieron otros cantaores –su hermano Tomás, por ejemplo, se negó siempre- parecería absurdo, sobre todo después de haber cantado en cafés cantantes, casetas de ferias, tabernas y fiestas de señoritos.

La guerra civil del 36

Cuando estalló la Guerra Civil de 1936, Pastora Pavón ya estaba casada con el gran cantaor sevillano Pepe Pinto, que tenía su propia compañía de flamenco. Les cogió trabajando en Jaén y en vez de volver a Sevilla decidieron marcharse a Madrid por una cuestión de seguridad. La capital de España no había caído aún en manos de los nacionales y era el sitio más seguro para conservar la vida. Pero Pastora no pudo imaginar que se tendría que pasar toda la guerra en Madrid sin poder ver a su hija ni a sus hermanos, Arturo y Tomás. En la Villa y Corte estuvo prácticamente alejada de los escenarios, aunque nunca dejó de cantar allí donde era invitada. El 19 de agosto de 1937 participó en un homenaje a Federico García Lorca, que fue fusilado un mes después del alzamiento militar fascista. Pastora conoció a Lorca con motivo del Concurso de Cante Jondo de Granada, del año 1922, en el que participó como artista invitada, y para ella fue un duro golpe saber en Madrid que había sido asesinado un poeta tan grande y, sobre todo, su amigo del alma y gran seguidor de su cante. Por eso no dudó en cantar en el Cine Salamanca en su memoria, compartiendo cartel con otro gran cantaor sevillano, Manolo Caracol, que también conoció al poeta en el citado concurso, del que fue ganador junto al septuagenario Tenazas de Morón. Cuando Franco firmó su último parte de guerra en Burgos, el primer día de abril de 1939, Pastora y su marido regresaron a Sevilla para reencontrarse con la familia y continuar trabajando. Pepe Pinto intentó montar de nuevo su compañía, pero no era fácil y se enrolaron los dos en la de Concha Piquer, la gran dama de la copla, que había hecho una reposición de Las calles de Cádiz, obra del torero Ignacio Sánchez Mejías que estrenó La Argentinita en octubre de 1933 con gran éxito, porque, al margen de la calidad y el carisma de Encarnación López Júlvez, en la obra trabajaban artistas de la categoría de La Macarrona, El Gloria, La Malena y Pilar López. En la versión de doña Concha Piquer estaban, además de Pastora y El Pinto, las citadas Macarrona y La Malena, así como La Ignacia, María Albaicín, Mari Paz, Pepe el Limpio, Rafael Ortega y Pericón de Cádiz, además del guitarrista Melchor de Marchena. Recorrió algunas ciudades con este espectáculo, pero la gran artista sevillana estaba ya algo cansada y decidió dejar definitivamente los escenarios para dedicarse sólo al cuidado de su hija y su esposo.

España y su cantaora

Tras unos cuantos años haciendo sólo algunas fiestas privadas y participando en homenajes a compañeros, Pepe Pinto decidió crear un gran espectáculo para hacer regresar a su mujer a los escenarios de España. Lo llamó España y su cantaoray la empresa fue un gran fracaso económico. Con textos del autor Molina Moles y música de los compositores Maestro Naranjo y Arturo Pavón, sobrino de Pastora, la inversión fue muy grande y al público no le interesó el regreso de la Niña de los Peines como Pepe esperaba. La obra se estrenó en el Teatro San Fernando de Sevilla el 19 de enero de 1949, con gran éxito. Pero después de recorrer algunas ciudades de España, con éxitos en unas y fracasos en otras, Pepe Pinto cortó la gira en Alcázar de San Juan (Ciudad Real) para evitar la ruina. Para Pastora fue duro comprobar que el público estaba ya por otras cosas, por cantes más comerciales. “Aquella noche lloré”, declaró años después recordando el fracaso. “¡Tenía tanta rabia de que el público no hubiese comprendido mi cante, que lloré!”.

Homenajes en vida

Los últimos años de la vida de Pastora fueron muy duros, porque vio cómo se fueron poco a poco sus seres más queridos: su madre, su hermano Arturo y el hermano menor, Tomás, la dejaron sumida en una enorme tristeza. Pepe Pinto, al que quería con locura, y su hija Tolita, que se casó y comenzó a vivir su propia vida, eran lo único que le quedaba. Y el cariño de muchos aficionados, porque todos no se pasaron al bando de Antonio Molina y El Malagueño… Córdoba le organizó un gran homenaje en el mes de mayo de 1961 con la participación de muchas figuras del flamenco y un buen número de intelectuales. Y Sevilla, a iniciativa de la Tertulia Flamenca de Radio Sevilla, le hizo un monumento en la Alameda de Hércules, obra del escultor Antonio Illanes. La estatua se descubrió a los sevillanos en diciembre de 1968 y Pastora no pudo asistir por encontrarse ya muy enferma, con la cabeza perdida. El día 6 de octubre de 1969 moría Pepe Pinto. Pastora no lo supo, aunque lo presintió. “¿Se ha muerto Pepe, quizá?”, dicen que preguntó cuando sintió tanto ajetreo en la casa en la madrugada del día anterior. No se lo dijeron, pero ella lo sabía. Pepe la cuidaba con un mimo estremecedor y esas cosas, aunque se esté con la cabeza perdida, se echan de menos. El 26 de noviembre del mismo año moría Pastora Pavón Cruz, la famosa Niña de los Peines, en su domicilio de la calle Calatrava. Tanto gitanos como payos lloraron su muerte por igual y la acompañaron en su último viaje. Sus restos descansan hoy en el cementerio de San Fernando de Sevilla, en la misma tumba que los de su marido y al lado de otro sepulcro sin nombre que guarda los restos de sus padres y de su hermano Tomás . La Junta de Andalucía declaró su obra discográfica Bien de Interés Cultural en el año 1999 y ha creado un premio con su nombre, que hasta ahora les ha sido concedido a Fosforito y a Paco de Lucía. Pero lo más importante de todo, a los treinta y cuatro años de su muerte, es que sigue viva en la memoria de los aficionados. Pastora es aún La Reina del cante flamenco, La voz de estaño fundido, La Emperadora del cante grande. Sus discos no paran de reeditarse y los cantaores jóvenes, como Esperanza Fernández, Mayte Martín, Estrella Morente y Arcángel, entre otros, están bebiendo en esta fuente inagotable. Texto de Manuel Bohórquez Casado

Kasse Mady Diabaté

Kasse Mady Diabaté

Kasse Mady es una de las más grandes voces de África y uno de los más buscados cantantes de Malí, conocido por su intenso conocimiento de las más profundas tradiciones orales y musicales de su país, por su habilidad para adaptar estas tradiciones a un contexto moderno y por último, por la belleza y cualidad etérea de su voz de tenor. En el año 2000, como invitado especial de la cantante maliense Oumou Sangare, Kasse interpretó algunas de sus canciones en la Inauguración del Festival Cervantino y en el Zócalo del D.F., y el impacto que su voz tuvo sobre el público mexicano se convirtió en la semilla de los planes para invitarle a México a presentarse con su propio grupo de 10 músicos malienses. Kasse Mady Diabate nació en 1949 en Kela, el centro de la renombrada tradición de los jeli o griots mande, en Malí occidental, cerca de Kangaba, uno de los centros del gran imperio de Malí (1235-1469). La familia de Kasse Mady, los Diabates de Kela —todos ellos jeli— fueron los trovadores de los emperadores y sus descendientes, los linajes reales de Keita. Todavía hoy están consideradas como las familias jeli más importantes y de más autoridad a lo ancho de siete países de África Occidental donde predomina la cultura mande. Kasse Mady es la segunda persona a la que se le ha dado ese nombre, que significa ‘Mady que mueve al llanto’ (Mady es la variante regional de Mohammed o Mahoma-Mohammadu-Mamadu-Madu-Mady). Mady, el abuelo, tenía una voz tan hermosa que cuando cantaba la gente lloraba; de ahí el apodo ‘Kasse’ de kassi (llorar). Kasse Mady, el joven, recibió el nombre en honor de su abuelo. Pero nadie en la familia imaginó que tendría el mismo poder y habilidad para mover a la gente a tales estados extremos de emoción. Siendo aún un niño pequeño, Kasse Mady comenzó a cantar en las bodas y otras ceremonias locales, y alrededor de 1970 fue invitado a ser el cantante principal de la orquesta de baile del vecino poblado de Kangaba. Esta orquesta se llamaba Super Mande, nombre que ahora da su hermano Lafia Diabate -cantante muy conocido también- a su propia banda de músicos de Kela, con asiento en Bamako. Este fue un periodo importante en Malí debido a las nuevas políticas de autenticidad cultural que entraron en voga en las nuevas naciones-Estados independientes de África Occidental. En Malí, como en otras partes, se animó a los músicos a retornar a su propia tradición en vez de imitar el rock and roll o la música cubana. En este contexto, la mezcla especial que Kasse Mady logró del folklore mande y los instrumentos modernos habría de jugar un papel muy importante en este movimiento. Cada dos años, el gobierno de Malí patrocinaba un festival importante, conocido como la Biennale en el que los conjuntos regionales y las orquestas de baile competían unos con otros. En 1973, fue el grupo Super Mande, de Kangaba, el que ganó, gracias a las sorprendentes interpretaciones de Kasse Mady. Poco antes, un grupo de ocho músicos que había estado estudiando en Cuba regresó a al país y formó Las Maravillas de Malí, famoso por sus interpretaciones en charanga de los clásicos cubanos. De acuerdo con los dictados de la autenticidad cultural debían abordar de nuevo el repertorio de Malí. Después de escuchar a Kasse Mady en la Biennale, decidieron que él era quien lograría esto. Se envió al director de la orquesta a Kela, 104 kilómetros al oeste de Bamako, por una brecha de terracería, a encontrar al cantante. Después de algunas consultas rituales con la familia, que era (y aún es) muy protectora con sus tradiciones, le permitieron a Kasse Mady unirse a la banda en Bamako. Poco después Las Maravillas comenzaron a gozar de un éxito enorme por toda África Occidental con canciones como “Balomina Mwanga” y “Maimouna” todas interpretadas de manera memorable por el joven Kasse Mady, en estilo cubano pero con un nuevo toque mande. Para su visita a México, Kasse Mady y su grupo interpretaron estas canciones afrocuabanas como parte de un amplio repertorio de música tradicional y moderna maliense. Alrededor de 1976 Las Maravillas se rebautizó como “National Badema du Malí“ (la familia nacional de Malí) y Kasse Mady lanzó su nueva formación gracias a varias profundas canciones mande que se convirtieron en hits —tales como “Sindiya” (que tiempo después grabara Ali Farka Touré como “Singya” en su primer álbum para World Circuit), “Fode” que es también el título del primer álbum de Kasse Mady como solista (1988), y “Guede”, que después se re-grabó con Taj Mahal. Para mediados de los ochenta no había mucho interés entre los públicos de Mali hacia las viejas orquestas de baile de los setenta. La Rail Band tocaba ante públicos cada vez más pequeños, y los Ambassadeurs, dirigidos previamente por el cantante Salif Keita, se habían separado. La tendencia era que los cantantes probaran suerte en París, el nuevo centro de la “música mundial” o world music. Así, cuando Kasse Mady fue invitado a París para grabar su primer álbum solista, para el productor senegalés Ibrahima Sylla (de fama africana) Kasse se dio la oportunidad. Dejó al National Badema y se mudó a París donde pasó los siguientes diez años. Durante este periodo grabó dos álbumes como solista —Fode, un álbum eléctrico y bailable que intentaba ser la respuesta al álbum Soro de Salif Keita, pero que no tuvo la misma promoción, y Kela Tradition, un álbum acústico con canciones jeli de Kela, ambos para el sello parisino Syllart. Durante este periodo colaboró también en el álbum Songhai 2 con Ketama y con Toumani Diabaté, contribuyendo con algunas versiones sorprendentes de clásicos como “Malí Siajo” así como la hermosa balada “Pozo del Deseo” que cantó junto con el cantante de Ketama, Antonio Carmona. Pero en París las cosas no resultaron como esperaba. El carácter apacible y poco confrontativo de Kasse Mady no le ayudaron a hallar su sendero por el laberinto de pagos de regalías y contratos propio del endurecido y pedante ambiente musical parisino. Explotado y desencantado, regresó a Bamako en 1998, donde las cosas comenzaron a mejorar. La escena musical de Bamako había repuntado después de diez años. Para empezar, había ahora un nuevo gobierno democrático y un renovado interés de la juventud por la música tradicional. El tañedor de kora, Toumani Diabaté, se presentó de inmediato ante Kasse Mady para que volviera a colaborar con él después de los éxitos que habían cosechado con Songhai 2. Kasse Mady fue invitado a participar en el aclamado proyecto Kulanjan junto con Taj Mahal. Taj se emocionó tanto con la forma de cantar de Kasse que le regaló su propia guitarra de acero, ‘Nacional’. En este nuevo contexto, tocaba a Kasse Mady hacer su propio trabajo. En México ya había dejado huella cuando en el 2000 vino como invitado de Oumou Sangare. Ese fue el destello que impulsó a Discos Corasón a grabar y producir un disco suyo. Así que en abril de 2001 se lanzó un equipo a grabar directamente a Kela, para luego producir y editar el CD titulado Kassi Kasse. En diciembre del 2001, Kasse Mady Diabate vino a México para presentar su disco a los medios mexicanos y a participar en algunos programas de televisión como ‘Conversando con Cristina Pacheco’. En abril del 2002 participó en el Festival del Centro Histórico, y en el Festival de la Ciudad de San Luis Potosí, entre otros importantes eventos culturales de la República Mexicana. En 2003, Kassi Kasse la primera producción discográfica mexicana grabada en África, fue nominada al Grammy en la categoría de Best Tradicional World Music. En 2004, Kasse Mady Diabate fue el invitado especial en los conciertos internacionales de Toumani Diabaté y su Symmetric Orchestra. En 2009 apareció su más reciente álbum como solista, Manden Djeli Kan, bajo el sello Universal. Y en 2010 participó junto con Eliades Ochoa, Toumani Diabaté y otros en la realización de un proyecto largamente deseado: la grabación del disco Afrocubismo.

Juan Reynoso

Juan Reynoso

Juan Reynoso representa lo común y lo excepcional de todo músico regional. Común, porque las andanzas y dificultades del músico campesino se repiten una y otra vez, con sus emotivas y regocijantes variaciones: El nacer al deseo de ser músico con edad aún tierna, conseguir el instrumento, escuchar a los mayores, imitarlos, ser aceptado en un grupo, desarrollar estilo propio, para finalmente dominar la ejecución del instrumento y ser reconocido localmente. Las penurias que se suceden en estas etapas son harto narradas por los músicos y en muchos casos, los hacen sucumbir antes del final. Lo excepcional se presenta en contadas ocasiones, dentro del amplio conglomerado de músicos tradicionales de cada región musical del país. En este caso, mencionaremos que en verdad hay una pasión y perseverancia, aunadas desde luego a una maestría en las habilidades de la ejecución o virtuosismo y como consecuencia una diferenciación del resto de los otros colegas, que conduce a la exaltación popular del músico, o fama local y extraterritorial. Ha sido el caso de don Juan Reynoso, la excepcionalidad de su quehacer musical, con algo adicional, que lo hemos presenciado en los últimos veinte o treinta años de su vida, la entrega casi absoluta a su destino, entrando a la situación tan deseada de cualquier quehacer intelectual humano, como es la sublimación.

– Eduardo Llerenas