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Miguel Peña y Juan Carlos Allende: Los Macorinos de Chavela Vargas

Miguel Peña y Juan Carlos Allende son, cada uno por su camino, guitarristas de muchísima talla. Se juntaron en 2006, ambos con sus dudas, para acompañar a Chavela Vargas y lo entrañable de esa relación resultó, entre otras maravillas, en su bautizo como ‘Los Macorinos’.

Miguel Peña nos habla sobre su carrera como guitarrista:

Juan Carlos Allende nos habla sobre su carrera de músico:

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A MEXICAN SOUND: documental de Roy Germano reúne fondos en Kickstarter

A MEXICAN SOUND / UN SONIDO MEXICANO celebra a México y a su gente al contar la historia del son huasteco, un estilo de música poco conocido. El son huasteco se toca en la majestuosa región de México llamada La Huasteca. Localizada entre el cetro-este y el noreste del país, La Huasteca es un paraíso para el amante de la naturaleza. Lozana, verde y montañosa. Cuevas, albercas naturales y cascadas salpican el paisaje. La gente de La Huasteca es amable y hospitalaria. El son huasteco (también referido como “Huapango” por mucha gente, especialmente los locales) tiene un solido intenso y alegre. la música se construye alrededor de rápidos floreos de violín, canto en falsete, y los ritmos conducentes de dos guitarras especiales (la jarana huasteca y la quinta huapanguera). Es un inmenso sonido para sólo tres músicos. En presentaciones en vivo, se suma un elemento rítmico cuando la gente zapatea y baila sobre una gran plataforma de madera llamada tarima.

A MEXICAN SOUND / UN SONIDO MEXICANO te llevará en un viaje a La Huasteca para escuchar y aprender del son huasteco, te presentará a la gente que más lo ama, y te ofrecerá una ventana hacia las vidas de los músicos que tocan esa música y la mantienen viva. La película te introducirá a Los Camperos de Valles, a quienes mucha gente considera el mejor grupo de son huasteco de todos los tiempos. Te encontrarás con músicos aficionados que se ganan la vida tocando son huasteco en fiestas en pueblos y en bares con boquetes en las paredes. Conocerás a un hombre de un pueblo llamado Xilitla que inició el festival semanal más antiguo y activo de son. También a la pareja que fundó Discos Corasón, una compañía disquera que ha estado produciendo grabaciones de son huasteco de alta calidad por 40 años. Y quizás más importante que nada, conocerás a la nueva generación de gente joven de La Huasteca, que están apropiándose de esta música y manteniéndola viva.

 

 

Las grabaciones de son huasteco son grandiosas para escuchar, pero la música adquiere una cualidad completamente diferente cuando es tocada en vivo. El zapateado de los bailadores trae un elemento rítmico a la música que no puede ser replicado en un estudio de grabación. También es muy espontáneo. Los músicos de son huasteco son famosos por sus improvisaciones y por inventar letras sobre la marcha cuando tocan en fiestas y festivales. Hacen bromas sobre el público, referencias a gentes o lugares que todos conocen, o cuentan un chiste colorado – cualquier cosa para conseguir una risa o reacción de la multitud. Este es un ejemplo de improvisación por Los Camperos de Valles durante una actuación espontánea que filmé en una fiesta en verano pasado en Ciudad Valles, México, y l reacción de los asistentes cuando Goyo y Marcos cantan sus versos después de la marca de 2:15.

 

 

Apoya la campaña para reunir fondos de post-producción en Kickstarter.

Visita la página oficial del documental.

 

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Crónica de Corasón: Chavela Vargas

En 2010 produjimos ¡Por mi culpa!, disco en que Chavela Vargas canta a dueto con sus grandes amigos, incluyendo a Eugenia León, Lila Downs y Joaquín Sabina.

Unos meses después del lanzamiento, María Cortina nos habló para decir que Chavela quería grabar un homenaje a Federico García Lorca. Sabíamos de su pasión por el poeta pero nos preocupaba hacer un disco de poesía que sería digno de Chavela Vargas. Preparamos un piloto y grabamos una entrevista con Chavela en que hablaba de su interés en hacer este disco.

 

Así empezamos a trabajar en La luna grande, homenaje de Chavela Vargas a Federico García Lorca. De la primera grabación queda un solo tema, CasidaVll, De la Rosa’, que muestra la fuerza emotivo de una Chavela que, a los 91 años, se lanza a un nuevo género, la poesía.

El proyecto cobró vida en el momento que empezamos a grabar a la voz de Chavela acompañada por Los Macorinos, interpretando repertorio de ella. El verso climático de Yerma asume una vida nueva acompañada por La llorona e incluso la melodía permitía – milagrosamente — que ella cantara uno de los versos de Lorca. Hicimos muchas grabaciones, sobre todo en un estudio de Tlayacapan en donde largas comidas seguían cada sesión.

Con el proyecto medio terminado, vino Laura García Lorca a México y escuchó el trabajo en progreso. Nos animó con sus comentarios, se emocionó por la selección de Cruz de Olvido para acompañar el poema favorito de su tío, Amor, amor… y aceptó ayudarnos con la edición fina y notas bibliográficas que acompañan el disco.

Ya terminada la edición, con un trabajo fenomenal del ingeniero Salvador Tercero, llevamos al master a Chavela y lo escuchó con atención. Le gustó, “porque siento que mi música es un puente para que mi público entienda la poesía de Federico.”

 

El proyecto terminado resultó ser un disco/libro, de música/poesía de grandes figuras mexicanas/españolas y que, de alguna manera, se trataba de la vida y de la muerte. Con fotografía de Alicia Arrangoiz, ‘la fotita’ — adorada por Chavela – y el diseño de Petrushka Sáinz, empezamos a planear el lanzamiento de La luna grande en el Palacio de Bellas Artes. Chavela invitó a Eugenia León para la parte mexicana y Martirio para la española además de su invitación a Laura García Lorca quien aceptó moderar la presentación.

 

El Palacio de Bellas Artes se llenó con un público en su mayoría joven y casi todos llorando. La excepción fue Chavela quien cantó, se reía y jugaba con su público y sus invitadas. Las cantantes fueron acompañadas por Los Macorinos y por el hijo de Martirio, Raúl Rodriguez quien interpretó una entrada española a “La llorona” que le fascinó a Chavela.

 

Según Los Macorinos, el evento fue la despedida que Chavela quiso hacer y que le permitió morir en paz. Lo único que faltó fue despedirse de sus amigos en España, a Pedro Almódovar, Enrique Helguera y a todos los que le habían acompañada durante sus largas estancias en España hasta el 2006. Fue a Madrid, se presentó en la Residencia de Estudiantes y logró regresar a México en donde falleció el 5 de agosto del 2012. Sus cenizas fueron esparcidas en el Chalchi, el cerro atrás de su casa que había sido su gran inspiración en los últimos años de su vida.

 

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Crónica de Corasón: Huapango

 

Eduardo Llerenas empezó a grabar tríos de son huasteco hace más de 40 años y en 2011 produjo una antología de temas inéditos grabados durante este tiempo. ‘El gusto’ fue recibido como tal, tanto en el formato de un libro-disco como en la versión en vivo, presentado en el Centro Nacional de las Artes frente a miles de ávidos bailarines huastecos.

Se presentaron Los Camperos de Valles, máximo trío huasteco proveniente de Ciudad Valles, San Luis Potosí, y el Trío Chicamole, jóvenes músicos de Chicamole Hidalgo que están ganando mucha fama por su virtuosismo tradicional y las letras nuevas que componen. En el CENART nos acompañó, además a la maravillosa trovadora de Tamaulipas, Cleopatra, ‘Pati’ Chávez .

 

 

Eduardo había grabado a Marcos Hernández, director de Los Camperos, por primera vez cuando éste tenía apenas 17 años (en 1971) y su falsete fue angelical. En los años subsecuentes, le ha producido varios discos y le ha llevado a varias ciudades de Europa y los Estados Unidos. La gira más reciente fue a París en 2011 en donde participaronen el prestigiado Festival de Otoño.

Los Chicamole están tocando la puerta de Los Camperos como mostraron en su entrevista con Cristina Pacheco y con la selección de su violinista Casimiro Granillo, ‘El Arco Loco’, para participar en las Olimpiadas Culturales en Londres. Su disco, ‘Huapango en wi-fi’ ha tenido mucho éxito en México, tanto dentro como fuera de la comunidad huasteca.

 

 

Para muchos, el disco más importante del género es ‘La pasión’, grabado en los estudios de Peter Gabriel en Bath y producido como homenaje al violinista Heliodoro Copado cuando éste sufrió un infarto cerebral. El disco fue presentado en el Festival Internacional de San Luis Potosí en donde Heliodoro, entre décimas improvisadas por Guillermo Velázquez, entregó su arco al joven violinista Camilo Ramírez.

El son huasteco goza de muy buena salud en este momento, con un sinfín de tríos de buena calidad saliendo de los seis estados de la región huasteca. En esta etapa digital, Discos Corasón se prepara a utilizar herramientas de punta para seguir promoviendo el son huasteco.

 

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Crónica de Corasón: Oumou Sangare

 

 

 

 

 

En 1999 lanzamos ‘Worotan’ con un video de la cantante de Mali, Oumou Sangare y nos hicieron el favor Carmen Aristegui, Blanche Pietrich y Ery Cámara de presentar el disco. Unos meses después, Oumou vendría a México para inaugurar el Festival Cervantino y presentarse en el Zócalo y cinco ciudades más. Todo bien hasta que nos hablaron de Mali diciendo que Oumou había decidido no venir porque no sabía nada de México. A una amiga maliense se le ocurrió decirle que se trataba del país de ‘Marimar’, telenovela que tuvo gran éxito en Mali. Esto fue lo suficiente para convencerla, aunque Oumou no sabía que su fama como la importante luchadora social que había sido le había marcado de antemano y que en aeropuerto de la Ciudad de México estarían esperándola grupos de mujeres que larecibieron como la salvadora africana contra el machismo mexicano.

 

 

Oumou estaba fascinada en México. Cautivó con su conferencia de prensa y luego en Guanajuato recogió semillas mexicanas para plantarlas en su jardín en Bámako. En el Zócalo foto con Jesusa cargó la bandera frente a una gran marcha feminista que iba rumbo a Washington, ella gritando “no más violence”, en su flamante español. Después, desde el escenario, anunció que ama a las mujeres, y a los hombres también.

 

 

La gira terminó en Cuernavaca en donde Oumou anunció a sus músicos que había que dar todo, aún más que en cualquier concierto previo, porque le gustaba mucho estar en México. Lo único que le frenó fue la lluvia así que Oumou prometió regresar y lo hizo en 2004 para lanzar su disco doble, ‘Oumou’. Ese mismo año regresó una segunda vez para presentarse en el Zócalo en un concierto que compartió con Omara Portuondo y Eugenia León.

 

El disco más reciente de Oumou es Seya e interpretó temas de él en su cuarta visita en octubre del 2012 cuando se presenta en el Festival Cervantino y en el Plaza Condesa.

 

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Oumou Sangare, por Ery Camara

 

Es imposible ignorar la majestuosidad del ave fénix, sobre todo cuando en su canto reconocemos a Oumou Sangare. Discos Cora Son y el festival Cervantino atinaron en invitar a la cantante maliense, la defensora de las causas femeninas, el ruiseñor del Wassoulou, la sirena de Madina Dyassa.

Aquí está Oumou, nos lo manda el Wassoulou; su voz recorre alegremente aldeas y ciudades, atraviesa cielos y océanos. Destaca por ser la que mejor comunica la intensidad de las pasiones y los sentimientos sofocados. Ella le canta a la luz y a la vida y no a quien abuse de ellas, no a quien abuse de autoridad o de poder para aplastar a su prójimo; tampoco al despreciable macho mujeriego ni al tirano. Este don de parir verdades en su canto, nada ni nadie se lo puede arrebatar porque ella lo esculpe tal una princesa en satinados vestidos.

El Wassoulou, provincia sureña de la República del Malí se encuentra a casi 300 kilómetros de la capital Bamako, es el hogar de los Bamana, los Foula y de los Mandinka o Mandingos en castellano. Cuna de grandes sabios y cazadores, siempre fue deleitada en sus hogares y sus celebraciones por las más bellas voces femeninas. Los Bamana se designan a sí mismos como ”el refugio de la sabiduría” ba mana en bamanakan, es decir la lengua en que canta el grupo étnico de Oumou Sangare y que los colonizadores redujeron a bambara. Lo que queda del imperio mandingo que floreció del siglo IX al XVI es una nación pluriétnica que reúne malinke, bamana, bozo, songhaï, dogon, senufo, además de otros migrantes.

Creyentes y decididos a combatir la pobreza y el subdesarrollo, artistas como Oumou Sangare son considerados como la frescura más espontánea de las tradiciones ancestrales. Para los bamana, ser detentor de la palabra ”kuma” es resguardar y transmitir la fuerza divina. Maa n’gala, el ser supremo al sentirse solo, creó a Fan, el huevo del mundo con sus nueve divisiones en las que introdujo nueve estados fundamentales de la existencia. De ahí, surgieron los veinte primeros seres que constituyeron las fuerzas del universo. Al darse cuenta que ninguno de ellos podía convertirse en su ”kumanyon”, es decir su interlocutor, de cada uno de estos veinte seres extrajo una porción para hacer la mezcla a la que sopló para crear al hombre ”Maa-o Mo”; es decir la primera palabra que compone su propio nombre divino, pero convertido en el guardián de la armonía del universo. Los juglares son entre las castas, los maestros de la palabra en el sentido de acción, desencadenan en sus cantos, energías potentes de esta fuerza vibratoria y latente que es el ritmo subyacente en la palabra. Ascendente se carga de sacralidad y bajando de los cielos conserva su origen divino. ¿Cuántos jóvenes se iniciaron en estos secretos que hacen que la palabra tenga su aspecto diurno y su aspecto nocturno?

El canto femenino bamana conocido como Tyéwodo y el Bari es un movimiento que aceleró la liberación de las mujeres malienses en todos los periodos. No se contenta con denunciar, sino que siembra una contestación que a menudo surte efectos concientizadores. Pero es obvio que tomará tiempo para borrar las costumbres fosilizadas que frenan la emancipación que requieren las sociedades desestabilizadas por las injusticias y las arbitrariedades acumuladas.

En el Wassoulou, el canto popular es más abierto a valores democráticos que a las alabanzas a la opulencia. Sangare, Sidibé, Diakhité y tantos otros apellidos foulas son las huellas de intercambios milenarios y mestizajes entre las etnias que filtran la experiencia cultural que transgrede las fronteras. Por eso Oumou Sangare trae un mensaje del Wassoulou: unirse para luchar por la libertad, por un mundo más justo, más solidario y con tradiciones sujetas a las más rigurosas críticas que aspiran a una mayor conciencia. Un despertar y una liberación del potencial creativo que duerme en cada miembro de la comunidad cuando las reglas que la rigen son reencauzadas, proyectan círculos concéntricos de ondas expansivas en la escala de cada familia. El río Níger, el Dyoliba es la serpiente de oro que las abreva, las limpia, las transporta y las alimenta desde milenios. Las familias bamana conciben sus canciones como una luz viva sobre el estado de la sociedad y de la cultura en un momento dado de su historia. Las notas musicales desgranadas del ”n’goni”, arpa predilecta de los cazadores, ejecutan una cabalgata a cuyo paso se desparraman coros que entonan los gestos hasta su paroxismo. Virtuosa de la moderación y de la modulación, la prodigiosa voz de Oumou atraviesa esta arquitectura musical con una cualidad inigualable. Ella es la pluma del espíritu, la miel de la unión y la sangre que irriga los lazos comunitarios. Vínculo entre los diferentes estratos sociales, los ancestros y las divinidades, los juglares bamana pueden frenar los abusos y educar la sociedad, su labor no es la vida parasitaria de los aduladores sin principios.

En el ”Koteba”, manifestación artística contra los abusos de autoridad, la impunidad y la violencia, ocurre esta fusión original que los bamana llaman ”Foli”, la raíz fo significa decir. Es la revelación en la que la modulación del canto, el ritmo de la música y la danza convergen para dar a la expresión su pleno sentido de ”decir el decir”. Bailando, hablan, hablando hacen música y sus pasos inscriben en el piso los signos que dibujan el sentido de su palabra. El canto refleja los símbolos, cuenta los hechos y sigue las transformaciones profundas advirtiendo de los peligros que acechan las nuevas generaciones. Canciones que expresan todas las esperanzas y todas las heridas, todas las irritaciones, todos los temores, todas las necesidades y todas las aspiraciones. ”Donkilila” significa cantante, viene de don kili, la llamada del baile y del conocimiento. Las tradiciones que llegan despojadas de su significado original profundo, se convierten en manos de los no iniciados, en formalismos o representaciones convencionales sin chispa de vida y así congelan los valores humanos.

Decía el poeta Léopold Sécar Senghor, ”la mujer está en el principio y el fin de todo en el Mande” (imperio del Mali). En efecto, Sogolon Diata, más conocido como Soundiata Keita, el león hijo de la mujer búfalo, lleva como apellido el nombre de su madre quien fue la burla de sus coesposas cuando lo parió casi discapacitado. Soundiata Keita, el heredero, emperador del Mali es el hijo de esta mujer que mostró resistencia a ser esposada con precipitaciones. Sogolon Kedyou es una mujer venerada porque siempre vigiló la educación de sus hijos y cultivó la concordia en su familia.

Soundiata Keita, Manding Diara, el león del Mande, Hijo de Sogolon, Nare Maghan Diata, el león de Nare Maghan, Sogo sogo símbon salaba, héroe de nombres múltiples, es el emperador que venció a Soumangourou Kante, emperador de Ghana (otro imperio muy importante en el Africa occidental) en el siglo XII y con él, el imperio conoce su mayor expansión territorial y su influencia política, económica y cultural llega a distancias tan lejanas de sus fronteras como Nubia. El imperio del Malí era próspero y su territorio abarcaba lo que son Senegal, Guinea, Gambia, Malí, Guinea-Bissau, parte de Mauritania, y más al sur, sus manifestaciones culturales fueron llevadas por sus comerciantes hasta Liberia, Níger, Sierra Leona y en los reinos vecinos. Su prosperidad fue tal que cuando Kankou Moussa, uno de los herederos de Soundiata, viajó a la Meca, con la cantidad de oro que transportaba su caravana, desestabilizó el mercado bursátil local y tuvo repercusiones en la economía del Mediterráneo.

Los cantos de Oumou traen en mi memoria, el poema ”Mujer negra”, de Senghor, creo que es un homenaje inigualable para todas las mujeres que como ella, nutren la comunidad con la alegría que siembra su sensibilidad.

”Tam-tam esculpido, tenso tam-tam

que retumba en manos

Del vencedor

Tu voz grave, de contralto, es el canto

de la Amada

¡Mujer desnuda, mujer oscura!

Aceite que ningún soplo agita, aceite

tranquilo en los

Flancos del atleta

En los flancos de los príncipes del Malí

Gacela de ataduras celestes, las perlas

son estrellas en

La noche de tu piel

Destellos de los juegos del espíritu, los

reflejos de oro rojo sobre tu

Piel que tornasolea

Bajo la sombra de tu cabellera, se

ilumina mi angustia con los soles

Próximos de tus ojos

¡Mujer desnuda, mujer negra!

Yo canto tu belleza fugaz, forma que

fijo en lo eterno

Antes que el destino celoso te reduzca

a cenizas para

Nutrir las raíces de la vida.

Muy pocos hombres africanos, sean maridos, hijos o compañeros, han abordado en el contenido de sus canciones, el sufrimiento de las mujeres o las revisiones de la conducta masculina para reparar las injusticias acumuladas en el seno de las familias. Había que esperar a Oumou Sangare, la extraordinaria voz que cimbra con vehemencia el Wassoulou y lo recrea por medio de una música irresistible y contagiosa. Hija pródiga de la tradición, es su expresión más innovadora y más transgresiva. Nountélé Diakhité y Aminata Diakhité, juglares muy solicitadas en las ceremonias y los rituales bamana, son respectivamente la abuela y la madre de Oumou Sangare. Ellas entregaron a Oumou sus herramientas desde temprana edad. Agradecida, ella les canta: ”No todas las mujeres alumbran una estrella, Aminata madre de Oumou, tú si lo lograste. Gracias a Dios, la esperanza y los deseos han sido cumplidos”. Su experiencia formativa en el Ensamble folclórico del Malí consolidó su vocación musical. Oumou penetra con hondura la realidad de la condición femenina y alumbra canciones que despiertan el espíritu. Quien aprecia su música, se dará cuenta que ella no está en contra de sus tradiciones, más bien lanza sus dardos en contra de las alteraciones que no se corrigen. Se ha dado como misión depurar y purificar lo valioso de las tradiciones para que se despeje de lo obsoleto y se renueva con júbilo. Cuando reinan las armonías de Oumou, ninguna frontera puede resistir la buena música. El toque que sacude, el ”llegue” como dicen algunos mexicanos, es este reconocimiento que nos familiariza de manera sorpresiva cuando comulgamos con sus canciones. Sus cadencias voluptuosas y sus inflexiones moduladas atenúan las tensiones, ensanchan el campo de nuestras visiones y no permiten indiferencias. La siguiente reflexión que madura Souadou Diabate, activista social a favor de la emancipación de la mujer maliense nos acerca a los conflictos que revela y combate nuestra cantante.

”¿Me pregunto si la poligamia no es un sinónimo de la infidelidad del hombre? Es una caja que una vez abierta, no cesan de surgir problemas”.

Oumou canta el amor, dedica sus reverencias a tradiciones ancestrales con una sonrisa sonora que llena nuestro cuerpo de estremecimientos y latidos contagiosos. Sentir y bailar la música de Oumou va más allá de nuestros pasos, es responder a un llamado que libera tanto al hombre como a la mujer. Hay que reconocer que los tiempos han cambiado, cualquier tradición que no se ajuste ante los reclamos y las desaprobaciones, es una dictadura que lacera las posibilidades de bienestar. Hoy en Oumou se escucha la voz de las mujeres africanas y la de todas las mujeres del mundo, decididas y unidas para defender sus libertades. El éxito de la cantante y su conjunto en el ámbito local y global se incrementa más porque motiva y anima una emancipación y una solidaridad. Este mutuo respeto al que aspira Oumou, revela el amor y las contradicciones que obstruyen su realización.

Esta participación plena que reclaman sus canciones, poco a poco se percibe en los cambios de actitudes que suscita el arte de Oumou Sangare en la conciencia de jóvenes y adultos. Inmersa en sus tradiciones, ella es la manifestación más clara de las mismas cuya contemporaneidad siempre trasciende. Ella misma las reconoce como la fuente de lo más puro porque en ellas nadie es esclavo de nadie. Ronca, dulce, firme e imponente, la riqueza de sus matices y melodías denuncia lo que muchas temerosas del ”qué dirán”, ocultan o callan dolorosamente. Construyamos un mundo mejor que todos podamos disfrutar, sólo así Maa n’gala, nuestro interlocutor nos ofrecerá nuevas correspondencias.

Esta artista a sus 32 años se desliza en cadencias iluminadas por una sonrisa y el centelleo de una mirada que inspira la libertad y la confianza. Su repertorio de proverbios, adagios, moralejas y parábolas, su crítica social y sus exhortaciones a la perseverancia, hacen que su música sea enraizada en el corazón de los verdaderos melómanos animistas. Aquí está el pájaro del Wassoulou con la palabra fecunda, al igual que los escultores de Tyi wara, se abreva en el pozo que satisface la sed del caminante.

Worotan (diez nueces de kola) título de este disco, es símbolo de paz, concordia y reconciliación pero, lo es también de alianzas, pactos y compromisos en la mayoría de las etnias del Africa subsahariana. Repartidas en ofrendas, o como cortesía, estas nueces permiten comulgar y bendecir los lazos matrimoniales, los bautizos y las despedidas. La mayoría de las consultas a alguna autoridad, se hacen ofreciendo primero, nueces de kola. Sirven las diez nueces para aplacar las consecuencias del divorcio y reafirmar la confianza y la amistad. La kola es símbolo de esperanza y de fe para el hombre de principios. La nuez es la figura de una pareja armoniosa hecha fruta para excitar la mente. Diez nueces de kola entonces, son la recreación de los veinte seres primigenios que recuerdan la obra divina. De estos seres de los que provenimos, se origina la palabra creativa, la palabra empeñada que cantan los juglares como Oumou Sangare. El mundo nació del amor, sólo el amor perfeccionará el bosquejo del mundo que Dios encargó al hombre para perfeccionar su obra. La kola celebra este compromiso del ser fustigando el estancamiento y los fanatismos estériles, las tentaciones y las trampas que acechan la verdadera educación.

Al lado de artistas legendarios como Salif Keita, Ami Koita, Ali, Farka Toure, Nahawa Doumbouya, Toumani Diabate y Sali Sidibe, Oumou Sangare nos trae a México la cultura de los pueblos que algunos cronistas, historiadores y antropólogos consideran los herederos de Bakari II, emperador maliense que atravesó el océano Atlántico en el 1312 de nuestra era y pudo llegar a costas americanas. Se supone que son ellos los que se mezclaron con los primeros habitantes de América asegurando así, el florecimiento de las culturas Incas y Olmecas. En esta gira, Oumou Sangare tiene como invitados a dos miembros de la legendaria familia Diabaté detentores junto con los Kouyaté, de la epopeya mandinga. Kassé Mady Diabaté y Lafia Diabaté, cantantes renombrados de Kela, el centro para la enseñanza del arte de hablar y contar la historia del Mande, son dos de los mejores cronistas de nuestra historia. Así que tenemos la gran oportunidad de descubrir entre las pulsaciones del n’goni, del kamalengoni o del dozongoni, los ritmos de los dyembe, las guitarras, las flautas, los violines, la kora y los guajes, las voces más ricas de la lengua Mandinga. Bienvenida a Oumou Sangare y sus huéspedes. Que el regocijo de su talento llene nuestros corazones.

Texto de Ery Camara, publicado en el periódico La Jornada el 4 de octubre de 2000

 

 

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Adiós Volcán: Carta de Pedro Almodóvar a Chavela Vargas

Durante veinte años la busqué en sus escenarios habituales y desde que la encontré en el diminuto backstage de la madrileña Sala Caracol llevo otros veinte años despidiéndome de ella, hasta esta larguísima despedida, bajo el sol abrasivo del agosto madrileño.

Chavela Vargas hizo del abandono y la desolación una catedral en la que cabíamos todos y de la que se salía reconciliado con los propios errores, y dispuesto a seguir cometiéndolos, a intentarlo de nuevo.

El gran escritor Carlos Monsiváis dijo “Chavela Vargas ha sabido expresar la desolación de las rancheras con la radical desnudez del blues”. Según el mismo escritor, al prescindir del mariachi Chavela eliminó el carácter festivo de las rancheras, mostrando en toda su desnudez el dolor y la derrota de sus letras. En el caso de “Piensa en mí”, (eso lo digo yo) una especie de danzón de Agustín Lara, Chavela cambió hasta tal punto el compás original que de una canción pizpireta y bailable se convirtió en un fado o una nana dolorida.

Ningún ser vivo cantó con el debido desgarro al genial José Alfredo Jiménez como lo hizo Chavela. “Y si quieren saber de mi pasado, es preciso decir otra mentira. Les diré que llegué de un mundo raro, que no sé del dolor, que triunfé en el amor y que nunca (YO NUNCA, cantaba ella) he llorado”. Chavela creó con el énfasis de los finales de sus canciones un nuevo género que debería llevar su nombre. Las canciones de José Alfredo nacen en los márgenes de la sociedad y hablan de derrotas y abandonos, Chavela añadía una amargura irónica que se sobreponía a la hipocresía del mundo que le había tocado vivir y al que le cantó siempre desafiante. Se regodeaba en los finales, convertía el lamento en himno, te escupía el final a la cara. Como espectador era una experiencia que me desbordaba, uno no está acostrumbrado a que te pongan un espejo tan cerca de los ojos, el desgarro con tirón final, literalmente me desgarraba. No exagero. Supongo que habrá alguien por ahí que le pasara lo mismo que a mí.

En su segunda vida, cuando ya tenía más de setenta años, el tiempo y Chavela caminaron de la mano, en España encontró una complicidad que Méjico le negó. Y en el seno de esta complicidad Chavela alcanzó una plenitud serena, sus canciones ganaron en dulzura, y desarrolló todo el amor que también anidaba en su repertorio. “Oye, quiero la estrella de eterno fulgor, quiero la copa más fina de cristal para brindar la noche de mi amor. Quiero la alegría de un barco volviendo, y mil campanas de gloria tañendo para brindar la noche de mi amor.” A lo largo de los años noventa y parte de este siglo, Chavela vivió esta noche de amor, eterna y feliz con nuestro país, y como cada espectador, siento que esa noche de amor la vivió exclusivamente conmigo. Chavela te cantaba solo a tí, al oído, y cuando el torrente de su voz fue menos potente, (no hablo de declive, ella no lo conoció, hizo y cantó lo que quiso y como quiso) Chavela se volvió más íntima. Las mejores versiones de “La llorona” las interpretó en sus últimos conciertos. Abordaba la canción con un murmullo, y en ese tono continuaba, recitando palabra por palabra, hasta llegar al épico final. Cantar lo que se dice cantar solo cantaba la última estrofa, de un modo ascendente hasta gritar su última y breve palabra. “Si como te quiero quieres llorona, quieres que te quiera más. Si ya te he dado la vida, llorona, qué más quieres. ¡Quieres MÁS!” Estremecía escuchar la palabra “más” gritada por Chavela.

La presenté en decenas de ciudades, recuerdo cada una de ellas, los minutos previos al concierto en los camerinos, ella había dejado el alcohol y yo el tabaco y en esos instantes éramos como dos síndromes de abstinencia juntos, ella me comentaba lo bien que le vendría una copita de tequila, para calentar la voz, y yo le decía que me comería un paquete de cigarrillos para combatir la ansiedad, y acabábamos riéndonos, cogidos de la mano, besándonos. Nos hemos besado mucho, conozco muy bien su piel.

Los años de apoteosis española hicieron posible que Chavela debutara en el Olympia de París, una gesta que solo había conseguido la gran Lola Beltrán antes que ella. En el patio de butacas tenía a mi lado a Jeanne Moreau, a veces le traducía alguna estrofa de la canción hasta que Moreau me murmuró “no hace falta, Pedro, la entiendo perfectamente” y no porque supiera español.

Y con su deslumbrante actuación en el Olympia parisino consiguió, por fin, abrir las puertas que más férreamente se le habían cerrado, las del Teatro Bellas Artes de Méjico DF, otro de sus sueños. Antes de la presentación en París un periodista mejicano me agradeció mi generosidad con Chavela. Yo le respondí que lo mío no era generosidad, sino egoísmo, recibía mucho más que daba. También le dije que aunque no creía en la generosidad sí creía en la mezquindad, y me refería justamente al país de cuya cultura Chavela era la embajadora más ardiente. Es cierto que desde que empezara a cantar en los años cincuenta en pequeños antros (¡lo que hubiera dado por conocer El Alacrán, donde debutó con la bailarina exótica Tongolele!) Chavela Vargas fue una diosa, pero una diosa marginal. Me contó que nunca se le permitió cantar en televisión o en un teatro. Después del Olympia su situación cambió radicalmente. Aquella noche, la del Bellas Artes del D.F., también tuve el privilegio de presentarla, Chavela había alcanzado otro de sus sueños y fuimos a celebrarlo y a compartirlo con la persona que más lo merecía, José Alfredo Jiménez, en el bar Tenampa de la Plaza de Garibaldi. Sentados debajo de uno de los murales dedicados al inconmensurable José Alfredo bebimos y cantamos hasta el amanecer (ella no, solo bebió agua aunque al día siguiente los diarios locales titulaban en su portada “Chavela vuelve al trago”). Cantamos hasta el delirio todos los que tuvimos la suerte de acompañarla esa noche, pero sobre todo cantó Chavela, con uno de los mariachis que alquilamos para la ocasión. Era la primera vez que la escuchábamos acompañada por la formación original y típica de las rancheras. Y fue un milagro, de los tantos que he vivido a su lado.

En su última visita a Madrid, en una comida íntima con Elena Benarroch, Mariana Gyalui y Fernando Iglesias, tres días antes de su presentación en la Residencia de Estudiantes, Elena le preguntó si nunca olvidaba las letras de sus canciones. Chavela le respondió: “a veces, pero siempre acabo donde debo”. Me tatuaría esa frase en su honor. ¡Cuántas veces la he visto terminar donde debe! Aquella noche en el indescriptible bar Tenampa, Chavela terminó la noche donde debía, bajo la efigie de su querido compañero de farras José Alfredo, y acompañada de un mariachi. Las canciones que ella desagarró en el pasado, acompañada por dos guitarras, volvieron a sonar lúdicas y festivas, donde y como debía ser. “El último trago” fue aquella noche un delicioso himno a la alegría de haberse bebido todo, de haber amado sin freno y de seguir viva para cantarlo. El abandono se convertía en fiesta.

Hace cuatro años fui a conocer el lugar de Tepoztlán donde vivía, frente a un cerro de nombre impronunciable, el cerro de Chalchitépetl. En esos valles y cerros se rodó “Los siete magníficos”, que a su vez era la versión americana de “Los siete samuráis” de Kurosawa. Chavela me cuenta que la leyenda dice que el cerro abrirá sus puertas cuando llegue el próximo Apocalipsis y solo se salvarán los que acierten a entrar en su seno. Me señaló el lugar concreto de la ladera del cerro donde parecían estar dibujadas dichas puertas.

Circulan muchas leyendas, orgánicas, espirituales, vegetales, siderales, en esta zona de Morelos. Además de los cerros, con más roca que tierra, Chavela también convive con un volcán de nombre rotundo, Popocatépetl. Un volcán vivo, con un pasado de amante humano, rendido ante el cuerpo sin vida de su amada. Tomo nota de los nombres en el mismo momento en que salen de los labios de Chavela y le confieso mis dificultades para la pronunciación de las “ptl” finales. Me comenta que durante una época las mujeres tenían prohibido pronunciar estas letras. ¿Por qué? Por el mero hecho de ser mujeres, me responde. Una de las formas más irracionales (todas lo son) de machismo, en un país que no se avergüenza de ello.

En aquella visita también me dijo “estoy tranquila”, y me lo volvió a repetir en Madrid, en sus labios la palabra tranquila cobra todo su significado, está serena, sin miedo, sin angustias, sin expectativas (o con todas, pero eso no se puede explicar), tranquila. También me dijo “una noche me detendré”, y la palabra “detendré” cayó con peso y a la vez ligera, definitiva y a la vez casual. “Poco a poco”, continuó, “sola, y lo disfrutaré”. Eso dijo.

Adiós Chavela, adiós volcán.

Tu esposo, en este mundo, como te gustaba llamarme,

 

Pedro Almodóvar.

Carta publicada por el diario mexicano La Jornada el 18 de agosto de 2012

 

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Encuentros Lorquianos, por María Cortina

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.

No duerme nadie.

 Al menos una vez al año Federico García Lorca se da una vuelta por Madrid. Me contó Chavela Vargas que cada vez que viene de gira a España, el poeta la recibe con una sonrisa en la Residencia de Estudiantes donde ella se hospeda y donde García Lorca pasó sus años de estudiante y compartió afectos y pesares con Salvador Dalí, Luís Buñuel y otros intelectuales de esa generación – la del 27- que nació con el don de soñar. Aunque fueran insomnes.

Chavela es una insomne irredenta, igual que García Lorca. Por algo en 1929 escribió Ciudad sin Sueño que Chavela Vargas lee y relee en una edición especial y bellísima de Poeta en Nueva York, regalo de Laura Lorca, sobrina de Federico y fiel centinela de su memoria.

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie. No duerme nadie, Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas. Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.

En la Residencia de Estudiantes algunos duermen. Pero García Lorca y Chavela aprovechan las noches para hablar del silencio y del canto, de la poesía y la palabra, de la vida y de la muerte o simplemente ejercitan el arte de reír. Cuando los sorprende el alba, García Lorca se pone a tocar el piano y ella se queda escuchándolo hasta que un pájaro amarillo que ronda la ventana de su habitación, la despierta. Dice Chavela que el pájaro es el alma matinal de Lorca.

Las primeras obras literarias de García Lorca nacieron en la Residencia de Estudiantes, entre ellas el Libro de poemas y Mariana Pineda, la obra de teatro que Sara Baras cuenta con el cuerpo. Por García Lorca fue Chavela a ver la puesta en escena de Mariana Pineda, interpretada por Sara y su ballet flamenco. Nadie le había dicho que desde que la bailaora escuchó por primera vez el canto de Chavela, aún siendo niña, no paró de pedirle a su mamá que la llevara a conocerla. Por ello a Chavela le extrañó tanto que cuando Sara la vio en el teatro de Madrid, le lanzara el manto de Mariana Pineda, interrumpiera la función y pidiera al público que se pusiera de pié para aplaudir a “la gran señora” En el Festival Cervantino de Guanajuato 2003, Chavela le devolvió el gesto y la invitó a subir al escenario a bailar un poema verde de luna que le escuchó a Lorca una noche en Madrid.

Unos meses antes, Sara recibió en su casa de Cádiz un poncho rojo que Chavela le envió desde Veracruz.

Los García Lorca tenían una huerta en Granada, regalo del poeta a su familia. Cada verano, entre 1926 y hasta 1936, la familia se trasladaba a la Huerta de San Vicente que antes se llamaba De los mudos, en busca de luz serena y tierra húmeda. Desde la habitación del piso alto de la casa, Federico veía la Sierra Nevada y la Alhambra mientras creaba sus mejores obras. Bodas de Sangre, Diván del Tamarit y Llanto por Ignacio Sánchez Mejías – uno de los grandes toreros del siglo XX y amigo de García Lorca que murió en agosto de 1934, tras una cornada en la plaza de Manzanares, brotaron en la huerta de Granada.

El año pasado Chavela fue a la Huerta de San Vicente a rendirle homenaje a Lorca. Bajo la ventana de la casa, un imponente nogal cobijó el escenario. Sara subió otra vez a bailar Verde Luna, pero esa noche, según dicen los que conocen el alma gitana, con el duende más vivo que nunca. Chavela, que antes de cantar saludó a García Lorca y al público, consiguió que todos los que estaban en la Huerta sintieran la presencia del poeta.

Fue la primera vez que vi llorar de emoción a un fantasma.

Hace poco volví a La Huerta de San Vicente, convertida en la casa-museo del poeta. Subí a su habitación y desde la ventana pude ver a la Sierra Nevada. Recordé que cuando estalló la guerra civil, en julio de 1936, Federico se encontraba ahí. El 9 de agosto se despidió de su familia. Diez días después fue fusilado y su cuerpo arrojado en algún lugar de la Sierra Nevada.

Todavía hoy buscan su cuerpo bajo la tierra. Algunos encuentran su alma en la niebla del alba.

El pasado 17 de abril, día en que Chavela Vargas cumplió 86 años, hablé con ella por teléfono. La noté triste, como nostálgica, como queriendo volver a España a platicar con García Lorca y presentarse ante un público que se desgarra cuando la escucha. Ella dice que la gente llora porque se da cuenta de que aún es posible sentir. A pesar de los males del mundo.

La última vez que estuvo en Madrid dio un concierto en el Jardín de las Adelfas, plantado hace casi 90 años por el poeta Juan Ramón Jiménez, otro de los ilustres huéspedes de la Residencia de Estudiantes. No cobró Chavela ni un centavo. Es la forma que tiene de agradecer cada año al personal que la atiende. La chica del comedor, la que guarda sus secretos, la que le tiende la cama, el portero que le cuenta de tarde sus pesares, el pájaro que la despierta y por supuesto, su compañero de insomnio.

Dicen que la noche del concierto, Chavela Vargas estuvo despierta hasta ya entrada la madrugada. Y que todos los vecinos de la Residencia de Estudiantes de Madrid escucharon a alguien tocar al piano Zorongo Gitano, una de las muchas Canciones Populares que Federico García Lorca recogió y armonizó y que en una de sus estrofas dice:

Esta gitana está loca. Loca que la van a atar. Que lo que sueña de noche quiere que sea verdad.
Texto de María Cortina
Publicado en La Crónica, 16 de mayo, 2005
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El Arco Loco: Casimiro Granillo, por Mary Farquharson

 

 

Me contó el violinista Casimiro Granillo que su reto más grande como laudero era entender cómo funciona el alma del violín. Tardé yo tiempo en darme cuenta que no hablaba en lo abstracto, sino de una parte de la estructura interna del violín, la pieza atravesada que se coloca debajo de la tapa y que se llama así, ‘el alma’.

Hace años pedí que me hiciera un violín para el cumpleaños de mi hijo. Lo terminó con nueve meses de retraso pero con un corazón escondido debajo de la tela con la que había forrado el estuche.

Casimiro es un personaje controvertido en el mundo actual del son huasteco; no tiene su propio trío: “necesito confiar en la gente”, explica. Luego lo piensa más y añade: “no quiero tener un trío cualquiera”. Cuando lo necesita, habla con dos excelentes músicos, los primos Esteban y Augusto San Agustín y se acoplan bien como el trío Real Hidalguense, como se escucha en los dos temas incluidos en esta antología.

Igual que Esteban, Casimiro nació en Chicamole, municipio de San Bartolo Tutotepec, Hidalgo, en 1976. Cuando decidió lanzarse como músico, trabajó durante dos meses como mariachi pero salió, explica, porque le desesperaba el sonido tan pulido y los violines chillones.

“El violín debe de sonar grueso, pastosote, con un sonidazo, pues un violín chillón no se escucha, debe de sonar fuerte, gordo, grave” .Rebautizado en Xilitla como “el arco loco”, Casimiro aprendió a tocar el violín escuchando los cassettes de Harmonía Huasteca y Sierra Hidalguense, ya que el son huasteco no estaba tan presente en esta parte de Hidalgo en aquel entonces. Cuando escuchó un disco de Heliodoro Copado supo que éste era su mentor y lo fue a buscar a Ciudad Valles. Se instaló en una casita que le prestó el mismo Copado pero no pudo aprender mucho, “ya estaba mal de salud, casi no tocaba. Solo me enseñó unas vueltas de El Caballito; una partecita”.

Casimiro critica apasionadamente a los huapangueros actuales que son, según él, “cancioneros”, que tocan demasiados corridos, boleros y baladas para realmente merecer su lugar entre los tríos huastecos. Al mismo tiempo, fue Casimiro quien, al escuchar Ojalá que Llueva Café, arregló este tema de Café Tacuba para que luciera de verás el violín huasteco. A quienes andan en el podio de los ganadores, no les gustó esta irreverencia aunque el público en las fiestas se lo pide mucho.

Mientras predica por el huapango puro, Casimiro insistió en que escucháramos un arreglo suyo de “La malagueña”, presentado aquí en el CD2-21. Suena muy novedoso, aunque lo que hace es jugar combinando la versión comercial que fue popularizada por cantantes rancheros de los años cincuenta, en especial por David Záizar, con la interpretación del son tradicional huasteco. Además de tocar el violín, Casimiro produce un sorprendente falsete sostenido. El otro son que él interpreta con el trío, “El caballo” (CD1-21) incluye las letras compuestas por Casimiro. “El caballo” muestra que, además de ser violinista, laudero, cantante, compositor y arreglista, tiene un buen sentido de humor.

Texto de Mary Farquharson, publicado en el libro-CD El gusto