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Los invitamos a conocer las dos novedades de Discos Corasón, escuchar temas y ver videos.
Están invitados a la presentación el 20 de octubre.

¡Que sepan todos! Ya llegaron Las Hermanas García:

Dos chicas de Ometepec, Guerrero, de 15 y 16 años, cantan boleros antiguos en un nuevo CD que promete robar los corazones de jóvenes y los no tanto. Su sencillo, ‘Un minuto de amor’ estará disponible en I-tunes y streaming

Discos Corasón, sello mexicano mejor conocido por su lanzamiento de grandes artistas cubanos, acaba de grabar a Laura y Celia García en la Costa Chica. Su disco, ‘Que sepan todos’ revela el enorme talento de dos jóvenes que, a pesar de su tierna edad, gozan y entienden los viejos boleros que cantan con voces brillantes y muy bellas. Ambas hermanas empezaron a cantar desde muy chicas. A los nueve años Laura acompañaba a su padre, el reconocido requintista Mariano García. “Existe un video de ella con trenzas largas y cara de niña tímida, cantando ‘Luz de luna’ en una versión que le hubiera fascinado a Chavela Vargas”, dice Eduardo Llerenas, director de la disquera que también grabó los últimos dos discos de Chavela.

La hermana menor, Celia García, empezó a cantar a los 10 años, después de haber observado a Laura quien, según ella, es su gran inspiración. Celia, ya con 15, lleva la primera voz con una asombrosa nitidez. La segunda voz de Laura es grave y sentida. Con arreglos nuevos, aseguran que los boleros viejos nunca pasará de moda.

Las Hermanas García son, a pesar de su tierna juventud, conocidas en la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca, en donde tienen años compitiendo en concursos de chilenas, la música tradicional de su región. Además, los compositores de Ometepec las buscan para grabar sus boleros nuevos. En este, su primer CD, ‘Que sepan todos’ (Discos Corasón) cuatro de estos compositores estrenan obra al lado de los clásicos de Álvaro Carrillo e Indalecio Ramírez, los dos pilares del bolero costeño. El bolero que da nombre al disco fue compuesto por Indalecio Ramírez y la versión de las García, muy lejos de las de Vicente Fernández y Pepe Aguilar, expresa una sensibilidad y naturaleza que sorprende en chicas tan jóvenes.

Es notable la capacidad de las Hermanas García de interpretar estos boleros sin melodrama, ni sentimentalismo exagerado; lo hacen en un estilo natural que deja expresar la belleza original del repertorio.

‘Que sepan todos’ se lanza el 22 de octubre en el Festival Cervantino, con una presentación antes en el Estudio A del IMER, el jueves 20 de octubre a las 19 horas. En ambos eventos, Las Hermanas García participan en un concierto de ‘Boleros de la Costa Chica’ junto con otros grandes artistas, maduros, de la misma región.

Las Hermanas García lanzan su primer sencillo, ‘Un minuto de amor’, en I-tunes, Spotify, Youtube y otras plataformas digitales desde el 7 de octubre. Se trata de un bolero de Álvaro Carrillo que muestra su gran talento como poeta y compositor de melodías contagiosas. Dice Laura García que, siguiendo la letra de este bolero, ella sí daría un siglo para estar un minuto cerca de Álvaro Carrillo, a quien admira profundamente. El disco físico de 15 temas estará en tiendas desde el 18 de octubre.

Como un lunar, Boleros de la Costa Chica,

CD y conciertos de grandes artistas de Guerrero y Oaxaca Herencia viva de Álvaro Carrillo

El 22 de octubre, en el Festival Internacional Cervantino 2016, el público conocerá el legado que el gran compositor Álvaro Carrillo dejó en su tierra natal de la Costa Chica. Artistas de diferentes edades y estilos interpretarán boleros clásicos y nuevos con el auténtico sabor costeño. Catorce artistas de Guerrero y Oaxaca presentarán un programa de boleros costeños, mismos que se lanzarán en un CD del sello independiente mexicano, Discos Corasón.

Las edades de los artistas van desde los 15 años hasta tocando los 70. Vienen de pueblos grandes como Ometepec en Guerrero y Pinotepa Nacional en Oaxaca, y también de pueblos chicos como Xochistlahuaca y Azoyú, Guerrero, Santiago Llano Grande y Cacahuatepec, Oaxaca. Lo que tienen en común, es el repertorio musical propio de la Costa Chica, los boleros costeños, que tocan a la par de los sones, las chilenas, las columbianas y los palomos, que los identifican.

Los artistas más jóvenes son Las Hermanas García, de 16 y 15 años, dueñas de una voz y sentimiento que recuerdan a los grandes duetos de los cincuentas, como Las Hermanas Núñez, pero con una frescura que establece claramente que el bolero también pertenece a su propia generación. No hay nostalgia ni reinvención: interpretan con gozo y con sensibilidad, la canción romántica que conquistó Latinoamérica desde los años cuarenta y que aún sigue conquistando. Las Hermanas García lanzan su primer sencillo, ‘Un minuto de amor’ el 7 de octubre.

Otra voz femenina que fascina de este elenco es la de Fidela Peláez, cantante que empezó su carrera a los tres años con su hermana mayor Rodolfina, en el dueto ‘Las Costeñitas’. Hoy día Fidela, ya con 51 años, tiene la voz madura de una gran cantante de boleros: recuerda a Toña la Negra en sus momentos más románticos.

Chogo Prudente, quien proviene del pueblo con población afromexicana, Santiago Llano Grande ´La Banda´, Oaxaca, tiene un estilo muy propio --mucho menos clásico-- de cantar los boleros. Con arreglos que son únicos en la región, su voz penetrante enfatisa su melancolía y también su ritmo. La instrumentación: guitarras, arcusa, cajón y quijada, también distingue a este gran artista.

Desde Xochistlahuaca, Guerrero, Los Tres Amuzgos es un trío de larga vida que canta los boleros de Álvaro Carrillo pero sobre todo los de su propia cosecha, tanto en español como en amuzgo. Los maestros Élfego Torres, Margarito Antonio y Manuel Casteñeda formaron el grupo en 1987 y, después de varios años de no tocar juntos, el trío se volvió a reunir para este proyecto.

El CD de estos artistas: ‘Como un lunar, Boleros de la Costa Chica’, es el resultado de viajes de investigación y grabación de Discos Corasón. Además de los artistas que se presentarán en vivo, el disco incluye a Pedro Torres quien, según Mario Carrillo, hijo del gran compositor, es quien tiene la mejor voz para interpretar el bolero costeño de su padre. Pedro participará en futuras presentaciones del CD en México.

Ali Farka Touré

Malí

Con Ali Farka Toure, África reclama el blues como propio. Este magnífico guitarrista y cantante maliense, cuyo estilo aunaba la música tradicional de Malí con el blues, se hizo leyenda en su país natal igual que en gran parte del mundo. su colaboración con Ry Cooder y con grandes blueseros estadounidenses fue menos importante para él que sus logros como lider moral de su propia comunidad.
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Ali Farka Touré (1939-2006)

Ali Farka Touré (1939-2006)

Ali nació en 1939, en el poblado de Kanau, aledaño a los bancos del río Níger en el noroeste de Malí. Fue el décimo hijo de su madre pero el primero en sobrevivir la infancia. “Perdí nueve hermanos, hijos todos de mi padre y mi madre. Me pusieron por nombre Ali Ibrahim, pero es costumbre en África darle un apodo extraño a un niño si tuvo otros hermanos que murieron.” El apodo que escogieron para Ali fue Farka, que significa burro, animal admirado por su fuerza y tenacidad. “Pero aclaremos”, decía, “soy el burro que nadie puede montar”.

Cuando Ali era apenas un infante murió su padre, mientras servía en el ejército francés, y entonces la familia se mudó al sur, por el río, a Niafunké, el poblado que Ali consideró su hogar por el resto de su vida. Niafunké cuenta con una población de más de veinte mil personas, y es uno de los más grandes poblados dispersos en esta árida y semi-desértica región. La falta de electricidad y el hecho de que apenas hace poco instalaron postes de telefonía contribuyen a la atmósfera tranquila;  siempre hay una brisa refrescante que sube desde el río. La gente vive del cultivo, la ganadería y la pesca. Ali era el ciudadano más famoso de Niafunké. Pese a ser conocido internacionalmente, él siempre se consideró campesino.

En Mali la música es en gran medida el monopolio de castas hereditarias de músicos, pero Ali provenía de un linaje noble. No hay tradición musical en su familia, pero muy pronto en la vida tuvo su llamado, lo que lo metió en la música “mediante su poder”. Ali era hijo del río. En Niafunké, como en casi todo Malí, la religión dominante es el Islam y Ali era musulmán devoto. Pero en esta parte del mundo el Islam coexiste con un sistema de creencias nativas mucho más antiguas, conectadas al misterioso poder del Níger. Se cree que bajo el agua hay todo un mundo de espíritus conocido como Ghimbala —djinns masculinos y femeninos con carácter propio, e historia, colores y objetos rituales simbólicos, cuyo vívido retrato conforma la mitología local. Estos djinns controlan el mundo material y el espiritual. Aquellos que tienen el don de comunicarse con los espíritus son llamados “hijos del río”.

Ali no recibió educación formal y el cultivo de la tierra absorbió su niñez. Después fue aprendiz de sastre. Pero lo hipnotizaba la música tocada en las ceremonias espirituales de los poblados de los bancos del Níger. Podía sentarse a escuchar con gran admiración mientras los músicos cantaban y tocaban los instrumentos favoritos de los espíritus: la guitarra de una sola cuerda conocida como djerkel, el violín de una cuerda o njarka y el n’goni, laúd tradicional de cuatro cuerdas.

Su familia no consideró que la música fuera una ocupación meritoria y no alimentaron el interés del niño. No obstante, se tornó un joven que con fiereza buscó su independencia y su propia determinación, y a los doce años ya tocaba su primer instrumento, una djerkel. Para Ali fue muy fácil y natural aprender a tocar. Pero antes sufrió algunos ataques ocasionados por su contacto con el mundo espiritual. Lo enviaron a un poblado vecino para curarse y cuando regresó fue reconocido muy pronto por su poder de comunicación con los espíritus.

Su abuela, Kounandi Samba, famosa en la zona como sacerdotisa de Ghimbala, tuvo mucha influencia sobre Ali. Pero después de la muerte de la abuela, lo disuadieron de volverse sacerdote. “Por el Islam, no quiero practicar mucho este tipo de asuntos … estos espíritus pueden ser buenos o muy malos para uno, así que sólo les canto, es nuestra cultura, no puedes evitarla.”

Muchas de sus canciones hablan de los espíritus, y siempre viajaba con su violín njarka y con grabaciones de esa música espiritual que escuchó antes. De adolescente, Ali fue taxista y mecánico de autos, además de ser, durante algún tiempo, piloto de la ambulancia ribereña. Estos trabajos lo hicieron viajar ampliamente pero continuó tocando música en las ceremonias y por placer, con grupos pequeños y como acompañante de algunos cantantes.

Cuando cumplió poco más de veinte años ya manejaba con fluidez siete lenguajes malienses y dominaba el ngoni (el laúd tradicional de cuatro cuerdas), el njarka y la flauta de bambú propia del pueblo peul. Iba en camino de absorber un vasto repertorio de música y leyendas de los varios maestros que conoció en sus viajes. “Necesitaba conocer la música y amarla a través de los muchos héroes fallecidos y de los que siguen vivos,  porque la historia permanece. Así que esto me dio la oportunidad de conocer la cultura de esta música, su saga, su leyenda y su historia.”

Ali era sonrai, un pueblo que forma la mayoría de la población de Niafunké, pero existen muchos otros pueblos en la región que hablan numerosos lenguajes —el peul (lengua de los pastores fulani nómadas), el bambara, el dogon, el songoy, el zarma y el tamascheq, propio de los touareg. Touré cantaba en todos estos idiomas pero la mayor parte de su repertorio estaba en sonrai y en peul.

En 1956, durante uno de sus viajes, Ali asistió a un espectáculo del Ballet Nacional de Guinea, que presentaba entre sus ejecutantes al gran guitarrista maliense Keita Fodeba. “Ahí fue que juré hacerme guitarrista. No conocía la guitarra pero me gustaba mucho. Sentí que tenía tanta música en mí como él y que podía expresarla”. Comenzó a tocar en guitarras prestadas y encontró que era fácil traducir la técnica de su “guitarra” tradicional a la guitarra occidental. Decía que su único problema era lograr que las seis cuerdas estuvieran felices, y eso hacía tocándolas de la forma en que tocaba la única cuerda de su instrumento tradicional.

Más o menos por esas fechas añadió a sus habilidades musicales las percusiones, la batería (hizo la suya propia con címbalos y un tambor bajo) y el acordeón (incluso hizo algunas apariciones ejecutando el repertorio de ¡Charles Aznavour!). Cuando Malí obtuvo su independencia de Francia en 1960, el nuevo gobierno del presidente Mobido Keita inició la política de promover el arte y los grupos culturales que se formaron para representar a cada una de las seis regiones administrativas de Malí. A partir de 1962, Ali trabajó con el conjunto del distrito de Niafunké. Componía, cantaba, tocaba la guitarra y ensayaba con cantantes y bailarines en un grupo que contaba con ciento diecisiete personas. Se enorgulleció mucho del grupo, que fue muy aclamado en las competencias bianuales celebradas en Mopti durante toda la década de los sesenta.

Ali ganó también numerosos premios atléticos. “Lo hice para que mi pueblo no se quedara en ceros. ¡Soy muy patriota!” En los sesenta acompañó también a varios cantantes y tenía su propio grupo. Una grabación de este grupo, que data de 1963, incluye una pieza cantada en sonrai con ritmo de son cubano. En 1968 (el año en que Mobido Keita fue derrocado por Moussa Traore), Ali hizo su primer viaje fuera de África al ser seleccionado (junto con reverenciados guitarristas como Kelitigui Diabaté y Djelimadi Tounkara) para representar a Malí en un festival internacional de las artes en Sofía, Bulgaria. Interpretaron arreglos de música tradicional con Ali en la guitarra, la flauta, el njarka y la djerkel.

El 21 de abril de 1968, estando en Sofía, compró su primera guitarra. También en 1968, un estudiante amigo suyo le puso a oír en Bamako discos de James Brown, Otis Redding, Wilson Pickett, Jimmy Smith y Albert King. Ali siguió siendo admirador de todos ellos, sobre todo porque en ellos escuchaba mucho de sus propias tradiciones. De toda esta música, la que más le impactó por su similitud con la suya propia fue el blues como lo interpretaba John Lee Hooker. Lo asaltó de inmediato el pensamiento de que “esta música fue tomada de aquí”, y la sorpresa era escucharla cantada en inglés.

En 1970 su trabajo lo llevó de Niafunké a Mopti y después, el mismo año, a la capital: Bamako. Aquí comenzó una década trabajando como ingeniero de sonido para la National Radio Mali. Tocó también como parte de la orquesta de Radio Malí hasta su desintegración en 1973. Durante los setenta, atrajo la atención del país mediante la radio, con su particular estilo de tocar la guitarra. Por consejo de un periodista amigo suyo envió algunas de las grabaciones de estos programas a la compañía disquera Son Afric, en París. En pocos meses salió a la venta el primer álbum de Ali Farka Touré (uno de los primeros discos comerciales de música maliense) con Ali en el canto y la guitarra y Nassourou Sarre en el ngoni.

Continuó grabando en Bamako y enviando cintas a París hasta completar siete álbumes. Una colección de las piezas de estos álbumes fue publicada en el cd Radio Mali. Durante toda la década de los setenta, Ali obtuvo una formidable reputación en Malí como solista. Fue pionero en la adaptación de los estilos sonrai, peul y tamascheq a la guitarra, que perfeccionó con los años. Se mantuvo casado con su música tradicional, sin comprometerla ni “hacerse comercial”. Sus canciones celebran el amor, la amistad, la paz, la tierra, los espíritus, el río y Malí. Todos ellos están expresados en densas metáforas.

En 1986, uno de los álbumes que grabara para Radio Malí (reeditado por World Circuit como parte de Rojo y Verde en 2004), comenzó a generar interés entre las leyendas de la radio de Londres, incluidos Andy Kershaw y Charlie Gillet. También atrajo la atención de la revista Folk Roots. Dado que no había información en la funda del disco, la revista inquiría quién era ese músico africano que tocaba el blues de manera tan particular. Ann Hunt, de World Circuit, viajó a Bamako a investigar quién era este misterioso hombre. Con la ayuda de Toumani Diabaté se hizo una transmisión en Radio Malí pidiéndole a Ali que se presentara.

Ali se había mudado cuatro años antes a Niafunké, pero al momento de la transmisión se hallaba de visita en la capital. Se le invitó entonces a tocar en el Reino Unido y en 1987, por vez primera desde el Festival de Sofía en 1968, Touré viajó solo desde Malí para tocar en sus primeros conciertos fuera de África. Sin signos de nerviosismo o extrañeza, y con una suprema y absoluta confianza en su música, hizo una serie de magníficas presentaciones y se ganó al público en todas partes.

Ese mismo año grabó su primer disco fuera de África que fue un éxito instantáneo para el sello World Circuit. A partir de entonces emprendió extensas giras por Europa, Estados Unidos, Canadá y Japón y grabó otros cinco álbumes para el sello, incluidos The River, The Source, y el ganador del Grammy Talking Timbuktu, en colaboración con Ry Cooder, que sirvió para confirmar el estatus de Ali como artista de reputación internacional. Pese a su asombroso éxito comercial, Ali se volvió muy renuente a abandonar su rancho en Niafunké.

Nick Gold, de World Circuit, se dio cuenta de que la única forma de hacerlo grabar de nuevo era llevar el estudio allá. El estudio se instaló en una escuela agrícola abandonada, y la grabación tuvo que ajustarse a los periodos de cultivo, pues la cosecha siempre estuvo en primer lugar. El álbum resultante fue Niafunké, lanzado en 1999. Desde entonces, Ali retornó a lo que él consideraba su principal papel en la vida: cuidar de sus tierras y estar con su familia. Ali estaba tan involucrado en proyectos encaminados a mejorar la situación agrícola en la región de Niafunké que la gente lo eligió alcalde en 2004.

Aunque por decisión propia se retiró de una carrera de tiempo completo en la música, y casi nunca volvió a tocar en vivo, dijo que si se sintiera inspirado, o si tuviera algún aspecto que debiera ser abordado, grabaría de nuevo. En 2003, participó en el documental Feel Like Going Home, dirigido por Martin Scorsese. El film traza la historia del blues, desde los bancos del Níger al delta del Mississippi, y podría poner a Ali en contacto con públicos más vastos. Ali investigó también la música y la cultura locales, con el fin de conservarla para las futuras generaciones, lo que lo impulsó a grabar de nuevo.

En 2004, después de rechazar ofertas lucrativas de presentaciones, Ali aceptó tocar (sin cobrar) en el diminuto festival Privas en Francia. En 2005, su espectáculo en el Bozar de Bruselas —su primer concierto importante en Europa después de cinco años, y donde presentó como invitado especial a Toumani Diabaté—, fue recibido y aclamado con excitación por la prensa y por sus admiradores.

En 2005, se lanzó al mercado el primero de los álbumes grabados en el Hotel Mandé de Bamako. En el corazón de la luna, su álbum a dueto con Toumani Diabaté que obtuvo un Grammy, lo que hizo de Ali el único africano que ha recibido dos de estos prestigiados premios. Poco después de la publicación de dicho álbum, Ali tocó en una serie de brillantes conciertos europeos con su singular grupo local de ngoni, que se presenta en su nuevo álbum, Savane, tercera grabación de la serie del Hotel Mandé.

Tristemente, Ali no pudo estar para el lanzamiento de Savane. Justo unas semanas después de ganar su segundo Grammy y de aprobar la mezcla final del álbum, Ali sucumbió a un cáncer óseo que sufrió por dos años. Murió el 7 de marzo de 2006. En Malí se le confirió una medalla de honor póstuma y se le hizo un funeral de Estado al que asistió el presidente, los ministros del gobierno, los principales músicos de Malí y miles de personas más. La cobertura mundial de los medios a raíz de su muerte no tiene precedentes para músico africano alguno y sus admiradores por todo el mundo siguen enviando mensajes.

Ali Farka Touré fue verdaderamente original. Un músico excepcional que tradujo la música tradicional del norte de Malí, su tierra natal, y por cuenta propia logró que el estilo conocido como blues del desierto llegara a los públicos internacionales. Fue un gigante de la música africana y sus admiradores de todo el mundo lo seguirán extrañando.

Texto original de Lucy Durán (actualizado por Nick Gold y Dave McGuire)
Traducción de Ramón Vera Herrera

Entradas de Ali Farka Touré

Discografía

Savane – Ali Farka Touré
2006

CD póstumo del hombre que creó el estilo que otros llaman ‘el blues del desierto. Ali Farka Touré, el único músico africano que ha ganado dos Grammys, murió el 7 de marzo de 2006, poco después de aprobar la última mezcla de ‘Savane’. Este disco es excepcional, el más africano y al mismo tiempo el más bluesero de su amplia discografía.

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Rojo y Verde – Ali Farka Touré
1988

Ali Farka Toure provino de un pueblo desértico cerca de Timbuktú, en Mali. De niño prefería escuchar la radio en vez de estudiar. Así se convirtió en un fanático de Lightning Hopkins, John Lee Hooker, B.B. King, etc. Entre más los escuchaba, más se convencía de las raíces africanas del blues y empezó a interpretar su propia versión de lo que escuchaba combinándolo con la música de su pueblo natal. De estos dos CD’s, el ‘Rojo’ es el disco que lo lanzó en Europa en los años 80 y el ‘Verde’ es el que grabó después de su inesperado éxito internacional.

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World Circuit presenta…
2006

World Circuit Records (representado en México por Discos Corasón) conmemora veinte años de grabaciones con el lanzamiento de este CD doble con 29 selecciones.

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Artistas relacionados